Te pedimos, Virgencita de Luján, que protejas, ilumines y fortalezcas a nuestra Selección. Dales fuerza física y espiritual, claridad mental, fe y esperanza a cada uno de los jugadores, al cuerpo técnico y a todo el pueblo argentino.
Imagínate si hubiera mostrado este nivel de indignación con los femicidios de Agostina y Dulce. Qué asco me da el tiempo en el que estamos viviendo. Todo está rancio.