Una de las principales razones del éxito de “la Scaloneta” es este, sus raíces, los clubes de barrio. Condimento fundamental de los jugadores en Argentina.
Hoy, 4 de julio de 1776, fue aprobada la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Doscientos cincuenta años después. Y escribió Thomas Jefferson en esa declaración: "Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales." 🇺🇸
Esta frase, escrita en 1776, fue la promesa más importante y más incumplida de la historia americana: escrita por un hombre que tenía esclavos, en un documento que excluía a las mujeres, sobre una tierra habitada por pueblos que serían sistemáticamente desposeídos.
Y al mismo tiempo fue la semilla de todo lo que vino después: el movimiento abolicionista, el sufragismo, el movimiento por los derechos civiles, cada lucha por la igualdad en la historia americana se aferró a esa frase como fundamento.
Doscientos cincuenta años hoy desde aquella firma. La promesa sigue siendo mayor que el cumplimiento.
En el partido de esta noche entre Congo y Colombia en el Mundial, un hombre congoleño se quedó inmóvil durante los 90 minutos imitando el saludo del líder anticolonial congoleño, Patrice Lumumba.
Lumumba fue descuartizado y disuelto en ácido por EEUU y Bélgica en 1961 por conseguir la independencia del Congo ante el colonialismo y negarse a que los imperialistas siguieran saqueando los recursos de su pais.
Aunque los imperialistas disolvieron su cuerpo, no pudieron borrarlo de la historia, 65 años después, Lumumba sigue presente para millones de personas.
40 AÑOS AÑOS DE LA MANO DE DIOS Y EL GOL DEL SIGLO
Cada 22 de junio vuelve a mí la emoción de aquella tarde imposible en México. No es una fecha más: es una bisagra en mi vida, un antes y un después.
Diego transformó para siempre mi manera de contar el fútbol y cambió mi vínculo con la gente. Su talento desbordó las fronteras y llevó un relato nacido en América Latina a cada rincón del planeta.
Aquel estadio no era un escenario cualquiera. Había tensión, memoria y un clima hostil para los argentinos. Pero Diego apareció con la rebeldía de los elegidos.
Primero, la picardía que el mundo bautizó como la Mano de Dios. Después, la obra maestra: una corrida eterna, un puñado de gambetas y el gol más lindo de la historia de los mundiales.
No fue solo una jugada extraordinaria. Fue el desahogo de un pueblo, la reivindicación de una camiseta y la certeza de que el fútbol, a veces, puede convertirse en poesía.
Cuarenta años después, todavía siento que aquella tarde Diego nos regaló un instante de eternidad.