Los hospitales están redirigiendo los insumos porque ya están abarrotados. Llenamos los hospitales en 24 hrs, algo que ningún ente gubernamental logró en 27 años.
Vengo de la farmacia. Habia un joven comprando 5 potes de alcohol, 5 de agua oxigenada, 10 cajas de Atamel, 6 potes de agua de 5 litros. Las llevaba a un centro de Acopio, no le alcanzo el dinero. Hicimos una vaca y la farmacia le regaló 10 cajas de gasa. Esa es Venezuela
No faltó dinero para camionetas de lujo para funcionarios.
No faltó dinero para conciertos con artistas internacionales.
No faltó dinero para construir un estadio de béisbol enorme.
No faltó dinero para campañas políticas.
No faltó dinero para pagar abogados de un dictador.
No faltó dinero pasa enviar a Cuba y demás países afines.
Pero nunca hubo para los hospitales, ni para los centros de atención, ni para los cuerpos de seguridad, ni para los bomberos, ni para los paramédicos, ni para contingencias.
El que me diga que no hay nada político en esta desgracia, merece una cachetada.
El chavismo debe pagar por esto.
La parte más triste de Toy Story no es dejar atrás la infancia. Es darte cuenta de que tuvimos la fortuna de crecer en una época que ya no existe.
Una época en la que las tardes se vivían en la calle, las aventuras nacían de la imaginación y las amistades se construían cara a cara, no detrás de una pantalla. Crecimos antes de que la tecnología ocupara cada momento de nuestras vidas, cuando los juguetes eran nuestros compañeros inseparables y cada día parecía una nueva aventura.
Fuimos afortunados de vivir una infancia que no necesitaba conexión a internet para ser inolvidable. Y quizá lo más nostálgico de Toy Story es recordarnos que jamás volverá a existir algo exactamente igual.