El amor no es solo un sentimiento bonito ni un refugio ocasional.
Es algo mucho más grande que nosotros.
Lo hemos reducido a emoción, a costumbre, a compañía… cuando en realidad es una fuerza que nos atraviesa.
El amor no se queda: asciende.
No se explica: trasciende.
Es un pulso antiguo, casi cósmico, que no entiende de relojes ni de fronteras.
Existía antes de que supiéramos nombrarlo y seguirá ahí cuando ya no estemos.
Amar de verdad no es sentir más, es ser más.
Es salir de uno mismo, tocar algo que no se ve y volver distinto.
Por eso el amor no cabe en definiciones pequeñas.
Porque no pertenece al tiempo ni al espacio.
Nos utiliza para manifestarse…
y cuando lo hace, nos transforma.
Cerebro no lo sabía, pero ya había conquistado el mundo.
Este fragmento final del capítulo "A Pinky and the Brain Christmas" dura segundos...
Pero se te queda años en el corazón.