"Rezo todos los días, no porque esté en un Mundial." 🙏
Con esta frase, Luis de la Fuente, Director Técnico de la Selección de España, recordó que la oración no debe aparecer solo en los momentos decisivos.
¡Felicidades a España que pasó a la Final del Mundial! ⚽️
#España #Mundial #Selección
El P. Gabriele Amorth, exorcista italiano fallecido el 16 de septiembre de 2016, dejó un valioso legado con lecciones sobre el demonio tras muchos años de ministerio.
Estas son 7 lecciones que compartió a lo largo de su vida.
Abrimos hilo🧵
Cada 16 de julio los fieles devotos celebran la memoria de la Virgen del Carmen -también, Nuestra Señora del Carmen o Santa María del Monte Carmelo-, una de las advocaciones marianas más universales y antiguas de la Iglesia Católica.
María, auxilio en la hora final y garante de la vida eterna:
El 16 de julio de 1251, San Simón Stock, superior de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas de la antigua observancia), se encontraba en oración, rogando a Dios que fortalezca a sus hermanos carmelitas que padecían persecución. De pronto, la Virgen María se le apareció.
Nuestra Señora se presentó vestida con el hábito de la Orden (la túnica de color marrón castaño) y, dirigiéndose al santo, le extendió la mano para entregarle el escapulario carmelita. La Virgen, entonces, le prometió que libraría del castigo eterno a todo aquel que lo llevase puesto y estuviera en gracia con Dios.
Estos acontecimientos sucedieron en Aylesford (Inglaterra) y, tras ellos, se produjo un gran impulso a esta hermosa devoción, dedicada a la “Reina y Señora del Monte Carmelo”. Desde entonces ha seguido extendiéndose por todo el mundo a lo largo de los siglos sucesivos, con abundantes frutos de santidad.
El escapulario:
El escapulario de la Virgen del Carmen recibió reconocimiento oficial gracias a la intervención del Papa Sixto V en 1587, y su uso y difusión han sido respaldados posteriormente por otros pontífices. Es el signo máximo de la devoción a Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Gracias a la fuerza simbólica del escapulario para evocar la gran promesa hecha por la Virgen a San Simón, los Carmelitas -tanto de la antigua observancia como los reformados (descalzos), y sus numerosas ramas espirituales- han dado fruto bueno y abundante: hoy los carmelitas -hombres y mujeres, religiosos y laicos, contemplativos e insertos en el mundo- tienen una importante presencia en los cinco continentes, herederos de una larguísima lista de santos y mártires, fieles devotos de la Virgen del Carmen.
El escapulario, por último, encierra un hermoso simbolismo. Evoca el “encuentro” entre la Antigua y la Nueva Alianza, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, como se explica a continuación.
El monte santo:
Fue en el monte Carmelo, ubicado cerca de Jerusalén, la Ciudad Santa (Israel), donde los profetas Elías y Eliseo se establecieron para vivir consagrados a la oración de intercesión por el Pueblo escogido (ver: Isaías 35, 2). Y fue en ese mismo monte donde, a mediados del siglo XII d.C., San Bartolo construyó la ermita que congregaría a decenas de sacerdotes de la Iglesia latina para trasladarse allí y empezar una vida como eremitas, en soledad y silencio. Estos devotos llegaron constituyeron la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas), Ordo Fratrum Beatissimæ Virginis Mariæ de Monte Carmelo.
El nombre “Carmelo” proviene del hebreo Karm-El que quiere decir ‘jardín de Dios’ o ‘viña de Dios’. El nombre recuerda la belleza del lugar -se le suele llamar también ‘el jardín de Palestina’- y evoca la riqueza espiritual de una larga tradición que nace con los Profetas del Antiguo Testamento.
Los carmelitas:
En 1205, San Alberto (Alberto Avogadro), patriarca de Jerusalén, entregó a los eremitas del Carmelo una regla de vida, que sería aprobada posteriormente por el Papa Honorio III en 1226. Los carmelitas, de acuerdo a dicha regla, debían vivir ‘a la manera’ del Profeta Elías y de María Santísima.
También en el siglo XIII, el Papa Inocencio IV concedió a los carmelitas el privilegio de ser incluidos entre las órdenes mendicantes, junto a franciscanos y dominicos. Eso significó un cambio muy grande para la Orden, que, por lo demás, sería reformada siglos más tarde por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz (siglo XVI).
Devoción:
Es imposible enumerar los lugares dedicados a Nuestra Señora del Carmen, o hacer una lista con todos sus patronazgos. Solo en España, por ejemplo, la Virgen del Carmen es patrona de los marineros y pescadores, así como de la Armada Española. Las ciudades que la celebran en la Península son prácticamente incontables.
En América sucede algo similar. En Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay o Venezuela, el día de la Virgen del Carmen es una auténtica fiesta: se realizan procesiones, se concluyen las novenas solemnemente, y los devotos perennizan su gratitud en una variedad de tradiciones populares. Como muestra de ello, en muchos lugares se realizan homenajes a todas las mujeres que se llaman “Carmen” o “Carmela”.
Estas expresiones religiosas o culturales evidencian el profundo impacto que la espiritualidad carmelita ha logrado en el Pueblo de Dios, y que hoy sigue animando a millones de personas a amar y pedir la protección de la Madre de Dios.
¡Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros!
Yaguares, pionero del rugby inclusivo en Ecuador, tuvo una destacada actuación en el Mundial que se disputó en España. Así fue su histórica participación que cambió la vida de sus integrantes. https://t.co/mQtW2vgSHk
El Deporte Que Queremos, un proyecto de @bancopichincha
"Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Sólo Dios basta."
Santa Teresa de Jesús
#24deJunio ¡Buenos días! En este martes de la XII semana del Tiempo Ordinario compartimos el #EvangelioDeHoy según san Lucas 1, 57-66. 80. Puedes leerlo aquí: https://t.co/5TEamVzC9L
Estoy todavía en lágrimas de emoción y alegría! ¿Cómo se gestiona eso de ver salir vestido de blanco, como Papa León XIV, a tu compañero de banco y amigo en los estudios de licenciatura en Roma? Pido oraciones por un hombre equilibrado y lleno de sentido común y de Dios!
Una antigua tradición cristiana, vinculada de manera directa a la Semana Santa, conmemora los dolores y sufrimientos de la Virgen María en torno a la Pasión de Cristo, su Hijo amado. Se trata del llamado “Viernes de los Dolores” o “Viernes de Concilio”.
Si bien es cierto esta práctica ha caído en desuso en muchos lugares, en otros se sigue observando con cariño, reverencia y cuidado, a través de Misas, procesiones, paraliturgias y vigilias.
El “Viernes de Dolores” -en alusión a los sufrimientos de la Madre de Dios por su Hijo- se celebra el viernes previo al Domingo de Ramos, durante la V Semana de Cuaresma, a una semana del Viernes Santo. En esta fecha, los fieles comprometidos con esta devoción se dirigen a la Madre de Dios bajo la advocación de la “Virgen de los Dolores” o la “Dolorosa”, porque quieren acompañarla en esos días que preceden al inicio de la Semana Mayor (Semana Santa) y del Triduo Pascual -días de angustiosa espera-.
Durante siglos y siglos los católicos han meditado y profundizado en los dolores que experimentó la Virgen a lo largo de su vida. De manera especial, en esos momentos vividos en las proximidades al sacrificio de su Hijo y, naturalmente, en los padecidos después de su santa muerte. “Tu dolor es inmenso como el mar”, repite el coro de uno de los himnos dedicados a la Madre para el Viernes Santo.
Desde los inicios de la Iglesia aparece la conciencia de que la Virgen, aun confiando plenamente en la promesa de la Resurrección, no quedó eximida del dolor por el hijo sometido a la crueldad de los hombres y asesinado sin culpa alguna. Por eso, en muchos países en los que el cristianismo echó raíces -tanto en Oriente como en Occidente- se empezó a destinar el viernes anterior a la Semana Santa a la meditación y celebración de esos misterios de la vida de nuestra Madre.
Sin embargo, no sería hasta el siglo XV que la celebración del Viernes de Dolores alcanzaría importancia universal gracias al Papa Benedicto XIII, quien institucionalizó esta conmemoración en 1472: sería el viernes previo al Domingo de Ramos el día ratificado como propio de esta celebración. Con el tiempo, el Viernes de Dolores terminó contribuyendo enormemente a la consolidación de la devoción a la “Virgen Dolorosa” o “Virgen de los Dolores” como una de las más populares en el mundo.
Después de esto, el Viernes de Dolores mantendría prácticamente el mismo espíritu y forma hasta inicios del siglo XIX cuando, en 1814, el Papa Pío VII dispuso un primer cambio importante. Nuestra Señora de los Dolores empezaría a ser celebrada en una ocasión independiente de la Semana Santa: la fecha elegida sería el 15 de septiembre, un día después de la Exaltación de la Santa Cruz.
Dentro de las modificaciones hechas a partir del Concilio Vaticano II estuvieron las realizadas al Calendario Litúrgico. Entre estas se determinó suprimir las festividades consideradas "duplicadas"; es decir, aquellas en las que el tópico era el mismo o extremadamente similar. El propósito era no repetir celebraciones de manera innecesaria a lo largo del año.
Por esta razón, la fiesta primigenia de Nuestra Señora los Dolores (Viernes de Dolores según el Vetus Ordo) quedó fuera del nuevo Calendario (Novus Ordo) para ser celebrada exclusivamente el 15 de septiembre.
No obstante, en la tercera edición del Misal Romano (año 2000), se conserva la “memoria dedicada a la Santísima Virgen de los Dolores” como alternativa para la celebración ferial del viernes previo a Semana Santa. Esta modificación fue introducida por San Juan Pablo II en consideración a todas las personas que seguían celebrando a la Dolorosa en esa fecha.
Así, la Santa Sede autorizó que el Viernes de Dolores pueda ser celebrado “en los lugares donde se halle fervorosamente fecunda la devoción a los Dolores de María y en sus calendarios propios sea tenida como fiesta o solemnidad; este día [Viernes de Dolores] puede celebrarse sin ningún inconveniente con todas las prerrogativas que le son propias” (Cf. Tabla de los días Litúrgicos, Misal Romano).
De hecho, en países como México y España, el Viernes de Dolores se sigue celebrando antes de la Semana Santa. En México, por ejemplo, la celebración se entrelaza con las costumbres populares: se preparan altares en las puertas de las casas y los niños van de uno en uno mientras rezan el rosario, y la gente les regala “agua fresca”, bebida tradicional del país.
La devoción a la Virgen Dolorosa invita a la contemplación de los siete dolores de María. La Madre de Dios prometió, a través de Santa Brígida de Suecia (Ca. 1302-1373), que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías “mientras meditan en sus lágrimas y dolores”.
Años antes, el Señor Jesús había mostrado a Santa Isabel de Hungría (1207-1231), a través de una revelación privada, que Él concedería cuatro gracias a los devotos de los dolores de su Santísima Madre.
En el marco de la llamada Semana de Pasión (antigua denominación de la V semana de Cuaresma), los devotos pueden poner especial atención en el ‘Viernes de Pasión’, siete días antes de la Crucifixión (Viernes Santo, segundo día del Triduo Pascual). El cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías y lo que habrá de padecer están ‘a punto de ser cumplidas’. Recordarlo una semana antes aparece como algo propicio, adecuado y provechoso.
Ya la Liturgia de la Palabra durante la Semana de Pasión invita a que cada día los devotos contemplen la creciente tensión espiritual que padece el Mesías, consciente de la proximidad de su muerte y de que ello será escándalo para los hombres, entre ellos sus propios amigos y discípulos. ¿No es bueno tener presente una semana antes lo que ha de suceder y ponernos así en sintonía plena con el Espíritu de Dios?
Jesús sufrirá, pero por amor a Dios y la humanidad. Vienen horas terribles; sin embargo, estarán llenas de misericordia y plenas en gracia. Aguardemos con esperanza, la Madre Dolorosa estará a nuestro lado. Ella nos recordará en todo momento que después de la tiniebla, la luz se abrirá paso para siempre.
Nican mopohua (Nicān mopōhua) es el nombre con el que se conoce ampliamente el relato en náhuatl de las apariciones de la santísima Virgen de Guadalupe, que tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac (México)