where foreign support, if ever required, must remain temporary, like scaffolding—for true freedom cannot be tutored, it must be built solely from the sovereignty of those who inhabit the house."
"*Letters from Venezuela*, the author's most recent book, arrives at a moment when the United States is reassessing its own democratic tensions, connecting the Venezuelan experience with the global debate on freedom, citizenship, development, and power.
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Ultimately, it is not simply a book about Venezuela, but a profound reflection on the creation of a dignified social order, inviting the discerning reader to reconsider the Republic as a shared project...
Lo dice Alejandro Werner, quien fue el jefe para el Hemisferio Occidental del FMI entre 2013 y 2021 y es uno de los economistas más prestigiosos de nuestra región:
"Los inversores que apostaron por el éxito de un petro-régimen autoritario deberían asumir las consecuencias, una vez que se haya compensado el nuevo capital privado y público que apoyará la reconstrucción, se hayan restablecido los indicadores sociales a un nivel humano y la economía haya retomado una senda de recuperación sostenible."
Esto debe incluir a todos los que ayudaron por acción directa o indirecta a sobrendeudar a Venezuela. Desde el gobierno, algunos desde la oposición, algunos desde bancos de inversión en Wall Street y Londres.
El proceso de restructuración de la deuda pública debería estar libre de la gruesa capa de conflictos de interés que rodea al tema en este momento. Sobran los "economistas", los "académicos" y los "periodistas" que se aproximan al tema con mucho de su patrimonio, ingresos y fees puestos en el asador de los conflictos de interés.
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La recuperación de activos no termina con la confiscación. Para que haya justicia, los recursos públicos robados deben volver a servir al interés público.
✍️ María Alejandra Márquez (@INRAVENEZUELA) analiza la importancia de la Ley PANA para Venezuela 🇻🇪: https://t.co/nkm4ZSo0zF
Contentos de compartir nuestra -@JoseMoralesA y @zp2903- publicación @CambridgeUP: From Collective Punishment to Constraints on Authority en donde estudiamos si las sanciones causaron el colapso y crisis humanitaria en Venezuela.
La evidencia no respalda esa afirmación.
Hilo👇
Ya era evidente que compañías de EE UU están, en esencia, dictando leyes luego aprobadas por la Asamblea Nacional venezolana.
Pero no sabía que el secretario del Interior, Doug Burgum, lo había contado en una conferencia como si fuera lo más normal del mundo (The Atlantic):
Un ejercicio de simulación al extremo simple de reestructuración y canje de las obligaciones internacionales de Venezuela por 170.000 millones de US$.
Supone: Nuevos bonos con amortización constante.
Gracia: 3 años
Vencimiento: 20 años
Cupón: 4%
Quita: 33%
Implicaciones👇
La ilegitimidad de origen en la reestructuración de la deuda externa
I. La génesis de la deuda externa
a) Deuda colosal y responsabilidad de la misma: Venezuela tiene una deuda que oscila en los 170 mil millones de dólares. Cuando el proceso bolivariano entró al gobierno, en 1999, la deuda externa rondaba los 25 mil millones de dólares. Es decir, luego del auge petrolero rent��stico más grande de la historia del país (2004-2014), el gobierno incrementó la deuda externa en alrededor de 600 %.
b) Ello indica que el gobierno gastó la renta petrolera pasada, presente y parte de la renta futura, en egresos que nos han llevado a ser un país mucho más pobre que en 1997. Entre 1999 y 2015 (último año de precios petroleros altos), el gobierno recibió alrededor de un trillón de dólares en exportaciones petroleras, el equivalente a 10 planes Marshall (a precios del año 2000), y aún así, multiplicó la deuda externa por 7.
c) No contento con ello, el proceso bolivariano dejó de pagar la deuda externa desde hace 9 años y las demandas por incumplimiento de pago se multiplican y encarecen todas nuestras acreencias.
d) Adicionalmente, el chavismo se dedicó a emprender un proceso de expropiaciones de empresas que mayoritariamente eran chatarra o que tenían una obsolescencia técnica y moral elevadísima, lo que hizo que ninguna de estas empresas, muy mal gerenciadas, diera rendimiento monetario alguno.
e) Esta irresponsable política inútil de expropiar empresas, ha causado una enorme cantidad de demandas por daños y perjuicios, que se traducen en decenas de miles de millones de dólares que se agregan a la deuda externa y la hacen prácticamente IMPAGABLE.
II. El mismo personal político que endeudó y arruinó a la nación no debe reestructurar la deuda
a) Venezuela tiene un gobierno temporal y sin reconocimiento electoral: Un ejecutivo con escasa legitimidad internacional, que no ha sido electo por ningún votante y de carácter transitorio no debe comprometer las finanzas del país por décadas. Un acuerdo de reestructuración podría llegar a determinar volver a pagar servicios de deuda externa (capital más intereses), que podrían amarrar al país a un futuro de pobreza, miseros salarios, escasas inversiones en servicios públicos y bajísimo crecimiento económico. Ello causaría un secular estancamiento que aceleraría el éxodo de población obrera sobrante incapaz de reproducirse biológicamente en un proceso de acumulación de capital hundido.
b) Deuda desconocida y fantasma: Lamentablemente la enorme información que se requiere para calcular con exactitud la deuda externa, es desconocida. Es imposible que realmente se conozca la magnitud bajo un gobierno abiertamente autoritario, que aparte de apresar a miles de políticos opositores, ha secuestrado la información oficial más elemental, no rinde cuentas y no acepta auditorías independientes ni publicación de resultados de gestión. En esa circunstancia, lo que debería imponerse es una exhaustiva AUDITORÍA independiente, con diversas organizaciones que escudriñen hasta el último centavo de una deuda presumiblemente inflada y claramente corrompida en su gestación.
c) Opacidad en las cuentas: No se debe negociar una quita sin antes realizar una auditoría integral que separe la deuda legítima de la deuda odiosa o producto de la malversación. Una negociación apresurada, que pretende ofrecer en muy pocos días (junio de 2026) una posible “oferta” de pago, podría hipotecar activos estratégicos de la nación bajo condiciones tremendamente desfavorables, muy similares a las leoninas formas en las cuales se realizaron las privatizaciones en la extinta Unión Soviética. Allí, con la excusa de las empresas eran muy ineficientes, y tenían pasivos elevados, miles de grandes empresas y recursos fueron privatizados a precio miserable, dejando al erario público sin valiosos recursos, y asignando a los testaferros del partido gobernante, inmensas riquezas adquiridas a precios vil, construyendo una atroz desigualdad.
d) Corrupción en la renegociación: Hay un peligro latente que se utilice la reestructuración para favorecer a "bonistas amigos" cuya expresión política es el colaboracionismo que se niega a impulsar elecciones y que lucha por evitar una auditoria de la deuda, que tenga la intervención del FMI para frenar una negociación que priorice el fraude sobre la disminución de la quita enorme de la deuda que pudiera conseguir un gobierno legítimo, electoralmente validado y con un personal técnico verdaderamente curtido.
e) La posibilidad de una quita histórica (cercana al 75 %) se puede dar sólo si se frena la ultra corrupción y se establecen acuerdos institucionales transparentes, cosa que en estos momentos luce imposible, dado los acontecimientos relativos a la híper corrupción apreciada en estos últimos años (caso PDVSA Crypto) y la total falta de transparencia en cuestiones tan sencillas como saber el destino de la donación estadounidense de medicamentos e insumos hospitalarios que la Federación Venezolana de Médicos, afirma no haber visto.
f) Soberanía en riesgo: Una negociación muy apresurada y sin transparencia puede lastrar a la nación en una espiral de pobreza extrema acentuada e impedir por completo el más mínimo atisbo de desarrollo sostenible en el mediano y largo plazo. Comprometerse a realizar pagos por servicio de deuda onerosos, para corruptamente beneficiar a bonistas que compraron por 10 centavos una deuda de un país quebrado, sería condenar a varias generaciones a vivir en un país menesteroso y sin posibilidades de emplear sus valiosos recursos. Que estas negociaciones estén en manos de empresas extranjeras que no tienen empatía por la situación de depauperación de la masa trabajadora en el país, es realmente preocupante.
III. Deuda odiosa y como la deuda venezolana luce mayoritariamente ilegítima e impagable
a) Alexander Sack, en 1927, establece que una deuda es "odiosa" y no debe ser pagada por un nuevo régimen, si cumple tres condiciones:
1. Ausencia de consentimiento de la población.
2. Ausencia de beneficio: El dinero no se utilizó en pro de la sociedad civil, sino para fortalecer a un régimen autoritario en sus tropelías, o para fines de enriquecimiento personal.
3. Conocimiento de los acreedores: Los prestamistas sabían que el destino del capital no era el bienestar público si no para financiar la represión y consolidar el saqueo del tesoro nacional.
b) De manera objetiva podría decirse que la deuda venezolana cumple con los requisitos planteados por Sack. Como antes explicamos, la deuda venezolana, en su gran mayoría, carece de legitimidad y está extremadamente sobrestimada.
c) En Irak (2003) tras la caída de Saddam Hussein, gran parte de la deuda fue condonada ya que el pueblo iraquí no debía cargar con los préstamos que financiaron la represión de la dictadura.
d) Otra cosa interesante es la condonación masiva bajo la iniciativa de Países Pobres Muy Endeudados (PPME), Somalia, Bolivia y Sudán (deuda odiosa adquirida bajo la dictadura de Omar al-Bashir), recibieron condonaciones humanitarias muy grandes, a las que Venezuela podría acceder.
Corolario
En estos momentos por el cual el pueblo venezolano atraviesa una situación de extrema penuria, no se debería (todavía) pagar un centavo de deuda externa. Es menester hacer una auditoría exhaustiva a la deuda y examinar a que precio se compró y en que condiciones se negoció la adquisición de la misma.
Es menester entender que un plan de ajuste macroeconómico requiere de una reestructuración creíble y sostenible de la deuda, sin embargo, ello amerita de un sólido consenso social y político que el actual interinato, por su carácter eminentemente transitorio, no posee. En 1989 se realizó en Venezuela un proceso de reestructuración de deuda exitoso que disminuyó la carga de la deuda y que se acogió al Plan Brady de la mano de negociaciones técnicas con el FMI. Lamentablemente se aprecia que el interinato va por la vía opuesta.
* Adjunto el gráfico de Transparencia Venezuela, hecho el 5 de marzo de 2026.
Voy con un hilo con mi opinión técnica sobre el anuncio del inicio de un proceso de reestructuración de la deuda externa venezolana. Un poco largo, sabrán disculpar.
Al punto: Un gobierno sin legitimidad democrática, sin cuadros técnicos, sin estadísticas macroeconómicas, fiscales ni de deuda creíbles, sin programa formal con el FMI y sin un plan de estabilización coherente, anunció ayer el inicio de un proceso acelerado y parcial (solo bonos) de reestructuración de la deuda externa. Eso es, en sí mismo, una pésima noticia para el país y, sobre todo, para la recuperación económica futura que eventualmente tendrá que liderar un gobierno democrático.
Una reestructuración soberana exitosa es una salsa que tiene que llevar necesariamente cuatro ingredientes: legitimidad del emisor; cifras auditables; ancla multilateral (FMI/Banco Mundial), y; un plan macro creíble. El gobierno interino tiene cero de cuatro. Y aun así, sale a negociar con una contraparte que sacará todas las ventajas posibles. Esto pone al país a enfrentar serios riesgos:
1.- Quita insuficiente. Sin un análisis de sostenibilidad de deuda refrendado por el FMI no hay forma técnica de defender una quita (haircut) grande. La evidencia comparada es contundente: Argentina 2005 logró una quita cercana al 65%; Grecia 2012, 53%; Ucrania 2015, alrededor del 20% en VPN. Sin ancla multilateral, puede haber un descuento, pero este será negociado sobre la inferencia que hagan los acreedores sobre la capacidad de pago de un soberano débil. Imagino que habrá muchos tenedores de bonos interesados en un haircut pequeño, pero el interés nacional es exactamente lo opuesto a eso.
2.- Mayores costos de financiamiento futuro. Como consecuencia del punto 1, es bastante posible que el stock de deuda resultante no sea lo suficientemente bajo para poner a la economía en una trayectoria de deuda sostenible, por lo que la curva soberana venezolana post-reestructuración nacerá pagando un spread estructuralmente más alto que el de pares emergentes con similar ratio deuda/PIB. Se puede restablecer el acceso al mercado, pero a un costo mucho más alto, lo cual alimenta la dinámica fiscal insostenible en el futuro.
3.- Plazos cortos y períodos de gracia mínimos. La experiencia nos dice que cuando un soberano débil se sienta a negociar con acreedores fuertes y sin árbitro multilateral, el acreedor impone y el soberano acepta. Mi intuición es que esto probablemente afectará las condiciones generales que se pueden obtener de este proceso, incluyendo plazos y períodos de gracia, por lo que habrá menos tiempo para que el flujo de caja externo se recupere y, por tanto, mayor probabilidad de un nuevo default técnico en pocos años.
4.- El anuncio de una reestructuración solo parcial del stock de deuda (solo bonos) no tiene sentido técnico. Venezuela tiene un stock de deuda externa que incluye deuda en bonos, deuda comercial, impago de proveedores, deuda multilateral, deuda bilateral y un montón de laudos arbitrales en contra de la República por expropiaciones (se estima en unos US$ 200 mil millones). Reestructurar solo los bonos (unos US$100 mil millones), subestima la verdadera carga de la deuda externa y no resuelve el problema integralmente, por lo que el alivio efectivo será marginal y la sostenibilidad post acuerdo seguirá estando muy comprometida.
5.- Existe riesgo real de que un proceso de negociación asimétrico como este, con debilidad estructural en el Ministerio de Finanzas, el BCV, la Procuraduría General y la Asamblea Nacional, se terminen introduciendo cláusulas que comprometan ingresos petroleros futuros, activos en el exterior y hasta políticas fiscales futuras. Esto incrementaría la fragilidad jurídica del acuerdo, pues un gobierno democrático futuro tendría que litigar para revisar términos lesivos.
6.- Por último, el costo de oportunidad. Y este es quizás el más grave. Una reestructuración mal hecha hoy, hipoteca la posibilidad de una reestructuración bien hecha en el futuro, por un gobierno democrático legítimo, con planes coherentes para la estabilización y el crecimiento económico, con el FMI respaldando nuestra posición, con cifras auditadas, con cuadros técnicos venezolanos respaldando la institucionalidad soberana, con respaldo del Club de París, con una quita lo mayor posible, con plazos largos y tasas decentes.
Lo que se anunció ayer es un proceso opaco, parcial, apresurado, sin contrapartes técnicas serias y sin respaldo multilateral. Va a producir un acuerdo lesivo para los intereses económicos de Venezuela y para la recuperación que viene. Rechazarlo es la posición nacionalista.
Los invito a leer Entre el debate sobre el Banco Central, la destrucción monetaria y la responsabilidad política, aparece una pregunta incómoda: ¿cómo salir de la crisis sin repetir los mismos errores?, por Roberto Casanova, @roca025. https://t.co/gOU3ih3Kcn
Mi opinión sobre el tema de "primero la economía, después la democracia" me llevó hace poco a escribir un artículo corto que la Revista Democratización de la Red Forma tuvo la gentileza de publicar. (No pongo el enlace porque el algoritmo sepultará este post).
Quiero resumir en pocas líneas mi argumento:
1. El problema central que enfrentamos es que las mismas élites que demolieron el país durante 27 años siguen tomando decisiones, sin el respaldo de mandato popular alguno. Después del 3E, cambiaron el libreto, pero nos dejaron el elenco.
2. En este contexto, el lema "la economía primero, la democracia después" parece ser la línea de acción del interinato, de las élites económicas que quedan y del tutelaje externo de los EE.UU.
3. Yo argumento que esta secuencia es un gran error. En un país desinstitucionalizado y con todo por reconstruir, la falta de legitimidad democrática de los tomadores de decisiones impulsará inevitablemente un efecto wait-and-see, como mecanismo de defensa frente a cambios futuros (aun cuando estos sean para mejor).
4. Hay cuatro áreas que son particularmente sensibles a los cambios regulatorios y a la inestabilidad del marco político y legal:
a. En el sector petrolero ningún inversionista comprometerá capital, al menos en los montos que se requieren para recuperar el sector, sin un marco legal que esté respaldado por la representación mayoritaria del país.
b. Lo mismo puede decirse de las ingentes cantidades de inversión extranjera directa que se requieren para rehabilitar la infraestructura y los servicios públicos del país.
c. No habrá un proceso de renegociación de la deuda externa efectivo y que responda realmente a los intereses del país si los acreedores perciben que cualquier acuerdo podría ser provisional y vulnerable a impugnación futura. Sin democracia puede haber un acuerdo, pero con peores condiciones, plazos más cortos y primas de riesgo más altas. El país pagará ese costo y puede que el problema no se resuelva.
d. Y por último, pero no menos importante, la diáspora — el mayor activo estratégico de Venezuela hoy y — En un país donde millones de trabajadores en el esplendor de su edad productiva cruzaron las fronteras, será imposible pensar en un flujo importante de gente regresando, arriesgando su capital —humano-, su talento y motivación, para reinstalarse a un país sin garantías reales de derechos civiles, políticos y económicos. Las remesas seguirán, pero poco más.
En el fondo es el mismo argumento que siempre he sostenido: la credibilidad de los tomadores de decisiones es un insumo productivo tan indispensable como el capital o la tecnología. Solo la democracia hará posible un crecimiento sostenido y sostenible.
#10Abr#Libros Roberto Casanova publica Bifocales: ensayos para uso ciudadano Maravilloso para estos tiempos@ en que la escritura política oscila entre la estridencia y la complacencia, https://t.co/g4xWW5aKBp
Ha salido del Ministerio de Defensa Vladimir Padrino López, quien lo único que defendió fue su puesto.
Cuando el ELN afianzó su control sobre medio país, el territorio nacional quedó indefenso.
Bajo su anuencia, Cuba fortaleció su intromisión en los asuntos de la Fuerza Armada Nacional.
Cuando tocó defender la soberanía el 28 de julio, se puso del lado del fraude.
Venezuela pagó muy caro la cobardía de este oficial que puso los intereses de un grupo político de primero.
Venezuela merece un Alto Mando Militar que no tenga colores, que tenga como prioridad la integridad de la Fuerza Armada Nacional y la soberanía nacional.