El adulto mayor no debe apagarse: debe reinventarse.
Por: Andres A Aybar Baez para 7 Segundos Multimedia.
Con el paso de los años he ido descubriendo que existen actividades que, más que simples pasatiempos, se convierten en verdaderas terapias para el alma, la mente y el espíritu. Además de las responsabilidades familiares y sociales que todavía desempeño con compromiso y gratitud, he encontrado tres grandes fuentes de paz y motivación: el golf, la docencia universitaria y, recientemente, el fascinante mundo de la inteligencia artificial.
Muchos creen que llegar a cierta edad significa retirarse lentamente de la vida activa, reducir los sueños y limitarse a observar cómo pasan los años. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado exactamente lo contrario. El adulto mayor necesita mantenerse útil, conectado, actualizado y mentalmente estimulado. Necesita sentir que todavía puede aportar, enseñar, aprender y seguir creciendo.
Dar clases universitarias se ha convertido para mí en una fuente constante de renovación. Cada vez que entro a un aula siento que regreso al debate de ideas, al análisis y a la interacción humana. Compartir conocimientos con jóvenes me obliga a mantenerme actualizado, leer, investigar y reflexionar continuamente. La docencia evita que la mente se oxide y nos mantiene intelectualmente vivos.
Además, ese intercambio generacional es muy especial. Los jóvenes aportan nuevas ideas, tecnologías y formas de ver el mundo. Nosotros, desde la experiencia acumulada durante décadas, podemos transmitir vivencias y lecciones que no siempre aparecen en los libros. Ese puente generacional enriquece a ambos.
En lo personal, junto a mi trayectoria profesional continué formándome: soy abogado y he completado una maestría en derecho internacional. No lo menciono como un trofeo, sino como muestra de que la búsqueda de conocimiento puede acompañar todas las etapas de la vida y abrir nuevas perspectivas desde la experiencia profesional.
También he descubierto que enseñar produce una enorme satisfacción emocional. Cuando un estudiante comprende un tema complejo, agradece una orientación o muestra entusiasmo por aprender, uno siente que puede sembrar algo positivo en la sociedad. Esa sensación de utilidad tiene un impacto extraordinario en la salud emocional del adulto mayor.
El golf, por su parte, es más que un deporte: es una terapia física, mental y social. Nos obliga a caminar, concentrarnos, mantener disciplina y practicar la paciencia. Enseña humildad, porque ningún juego es igual al anterior. Y crea fraternidad y camaradería. En el campo de golf uno conversa, ríe, comparte recuerdos y libera tensiones; para muchos adultos mayores esos encuentros son fundamentales para evitar el aislamiento y la tristeza.
Recientemente agregué un nuevo elemento: el aprendizaje de la inteligencia artificial. Lejos de pensar que estas herramientas son solo para jóvenes programadores, decidí estudiarlas y comprender sus fundamentos. Actualmente tomo cursos de Harvard University y Babson College a través de Coursera, y esta experiencia me ha abierto un horizonte completamente nuevo.
La inteligencia artificial ya transforma la medicina, la educación, las finanzas, el derecho y los negocios. Comprender aunque sea sus bases nos ayuda a no quedarnos aislados de los procesos que cambian el mundo. Para el adulto mayor, aprender nuevas tecnologías mantiene la mente activa, despierta la curiosidad y obliga a adaptarse. Cada curso o nueva aplicación es un ejercicio mental que combate el estancamiento intelectual.
Lo más importante es que todo ello devuelve la ilusión de seguir aprendiendo. Nunca es tarde para entrar a nuevos mundos ni para descubrir nuevas pasiones. Invito especialmente a las personas de mi generación a perderle el miedo a la tecnología: no se trata de convertirnos en ingenieros, sino de entender los cambios que nos rodean y cómo impactarán nuestras vidas y profesiones.
Hoy más que nunca siento que enseñar, estudiar, jugar golf y explorar la inteligencia artificial son formas de mantenerme vivo, conectado y útil en una sociedad que cambia vertiginosamente. La edad no debe ser una barrera para aprender. La experiencia acumulada puede ayudar a comprender con mayor profundidad hacia dónde va el mundo y cómo aún podemos aportar.
Al final, he comprendido algo muy sencillo: el adulto mayor no debe apagarse… debe reinventarse.