Haberte perdido como pareja me dolió, pero haberte perdido como mi hogar, mi lugar seguro, mi persona, mi mejor amigo, mi familia, la persona que elegí para mí futuro... Me quebró.
Últimamente le pido mucho a Dios que me dé la sabiduría y la inteligencia emocional para entender que no todo tiene que salir como espero. Que me ayude a aceptar lo que no puedo controlar, soltar lo que no depende de mí y confíar en que no todo lo que cambia de rumbo está mal.
Hay un duelo del que casi nadie habla: despedirte de las vidas que imaginaste para ti. De la relación que pensabas que iba a durar para siempre. Del trabajo que jurabas que ibas a conseguir. De la ciudad donde creías que ibas a vivir. De la versión de ti que existía solo en tus planes. Y aunque duela aceptarlo, crecer también significa reconciliarte con todo aquello que ya no será. No porque hayas fracasado, sino porque la vida cambió de dirección.
Porque mientras sigas aferrándote a la vida que no ocurrió, te vas a perder la oportunidad de construir una que incluso podría hacerte más feliz de la que alguna vez imaginaste.