Poco sabemos de las peripecias biográfico-vivenciales del autor. Nació, conjeturan los eruditos, un apático día de enero (circa), en la magnánima Valladolid.
Lo peor de autopublicarte es la barrila que tienes que dar para... autopublicitarte... El último paso, creo, es eso de comprar tus propios libros...
Ojalá me hubiese hecho rapero...
A la caza de Fulanín el Pirómano - Vídeo promocional https://t.co/HHchUUSGyt via @YouTube
Quizá en Filosofía nos acostumbramos tanto a leer bazofia, auténticas bazofias infumables, estilísticamente aberrantes, que a nivel formal Nietzsche nos parece poetazo, Schopenhauer gigantesco prosista y Hegel o Adorno psicodélicos y líricos a su manera.
Gente filosófica que solo lee filosofía, clasicazos inmortales, y acaba pensando que el inicio de La paz perpetua de Kant es ironía en grado sumo, humorazo para los de temple animoso.
Uno lee Opiniones de un payaso, de Böll, y solo puede pensar una cosa: qué inmenso es Bernhard y qué diminutos muchos de sus contemporáneos (por comparación, no en términos absolutos).
El conocimiento de Wittgenstein de la Historia de la Filosofía, sobre todo si lo comparamos con el típico erudito gris universitario, demuestra que, a veces, menos es mucho más.
Roderico de la Torreta explora el absurdo contemporáneo en A la caza de Fulanín el Pirómano | STICK NOTICIAS - Diario digital con noticias de España https://t.co/1b5hlkYmbK
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