Para mi es muy especial ver a mi padre y a Jorge en el mismo set. En la década del 2000 ambos disputaban los espacios de entrevistas más vistos y más influyentes del país. A Jorge le tengo un cariño muy especial.
Mónica, en mi publicación dije explícitamente que está bien que haya bronca y cuestionamientos a la exfiscal. Es lo primero que digo. No negué el derecho de nadie a pedir explicaciones sobre su gestión. Lo que pedí fue que dejen en paz a Fernando Villavicencio y que no lo usen como argumento en esa confrontación. Esa es la distinción que hice, citando el chat con Norero, porque ya me parece el colmo del cinismo.
Cuando me atribuyes “fanatismo ciego hacia un funcionario público”, omites esa distinción. Cuando me equiparas con el papel de “defensor o vocero” que antes “ocupaba” Ronny Aleaga, prófugo procesado por delincuencia organizada y por el asesinato de Villavicencio, recurres a una descalificación personal. Lo interesante de ese ejercicio es que eliges repetir los mismos argumentos del prófugo Aleaga para desacreditar a la exfiscal, esta vez contra mí. Te paras en la vereda que cuestioné: la de enemiga, no la de periodista. Esa narrativa vino de Aleaga en forma de infame telenovela, seriada por capítulos en redes, cuando se refugió en Venezuela. Tú la amplificas. Me das la razón. No te diste cuenta.
Comenté una publicación tuya. He comentado otras de Andersson y he sido crítico muchas veces con La Posta, después de que se hicieran públicos los chats de Metástasis. Hoy, por recordar uno solo de esos intercambios, me equiparas a un miembro confeso de un GDO. Así no más. Yo no debo aludir a delincuentes para hacer una crítica ni asumir una posición, pues los hechos que cito son suficientemente graves.
Comprenderás que a mí, que fui amigo de Fernando y conozco el expediente del caso, ya me harta tanto cinismo. Puedes cuestionar lo que quieras sin tener que usar a Fernando como instrumento. Invocar a Villavicencio para sostener la confrontación con la exfiscal no debería omitir ni minimizar que Andersson hablaba, en los términos ya citados, con Norero. Andersson no fue un observador neutral. “Él es así”. Andersson sabía perfectamente con quién hablaba.
Por favor, no finjan preocupación porque querían asesinarlo. Dices que alertaron a la Fiscal. Bien pudiste levantar el teléfono y alertar también a Villavicencio. Pero, además, después del asesinato, dedicaron ustedes muchas horas de su vida y de su oficio a seguir pisoteándolo. Usándolo como un instrumento para atacar a la ex Fiscal. Reitero: ya déjenlo en paz. A la fiscal dile lo que quieras; ella tiene temple, pero, sobre todo, vida para defenderse.
@Martinminguchi El imbécil eres tú pallares... no se puede dejar en libertad a delincuentes que llegaron a la política.. no te das cuenta que esos mismos delincuentes le dan retwit a tus "acertados comentarios" ... a la vejez viruela....
Si vamos a hablar de financiamiento ilícito en las campañas del correísmo, hay que volver al origen: 2007 #Angostura#CasoHuracánVerde.
Fernando Villavicencio denunciaba que la campaña de Rafael Correa habría sido financiada por las FARC, quienes daban protección a grupos narcotraficantes.
Después vino el #CasoSobornos. Villavicencio destapó la trama: empresas contratistas del Estado pagaban coimas que terminaban financiando campañas. Se probó, Rafael Correa fue sentenciado a 8 años de cárcel, ahora está prófugo.
Luego, el #CasoSucre (Alex Saab). Su informe, que vinculaba a Saab y Álvaro Pulido, mostró cómo dinero de esa trama llegó a las campañas de Jorge Glas y Rafael Correa.
#CasoMetástasis reveló la planificación del asesinato de Villavicencio y cómo el narco Norero apoyó a candidatos correístas y la campaña por el NO en la Consulta Popular.
Hoy, #CasoLaberinto y Caja Chica. Distintos casos, el modus operandi no ha cambiado, se ha refinado.
Es hora de que toda esta tienda política responda por sus financiamientos opacos, presuntamente vinculados, muchos de ellos, al narcotráfico y al lavado de activos. No es de ahora, este modus operandi es de larga data.
Ta bien la bronca y los cuestionamientos a la ex Fiscal. Los ex dueños de La Posta son sus enemigos, es evidente hace años. Pero hagan el favor de dejar en paz a Villavicencio. Cuando Norero le preguntó a Boscán si debía ignorar a Villavicencio, Andersson respondió “no se cansa, hermano, él es así”. Anderson tenía perfecta conciencia de que su interlocutor era un asesino. Si no fuera por la ex Fiscal, jamás nos habríamos enterado de esos y otros chats que hoy desenmascaran, en buena medida, a la madeja y a la red criminal que lo asesinó.
Persecución política o son un brazo político del crimen organizado? La lucha no es ideológica sino contra bandas que se tomaron el país para hacer de las suyas...
"La captura de Luisa González marca un hito en cuanto al combate a quienes defienden, representan o abogan por el crimen organizado." Carlos Vera
Link: https://t.co/1bpyuyNA7k (Programa completo @deldiaalanoche_ octubre 22 de 2026)
@lahistoriaec No piede ni tapar los huecos de las calles de Quito y dice que viene a defender la democracia... a la correista apretada ayer ha de ser... pero como es bien inútil.. ya pa que...
Más allá de la fiscal
Diana Salazar tiene conciencia de lo que significa e implica un legado. La tiene en ambas direcciones: hacia quienes la precedieron y hacia quienes vienen después de ella. En Diana, más allá de la fiscal, traza sus ancestros, sus orígenes en África y la historia de su familia en el Valle del Chota. Dos protagonistas de su vida son su madre y su abuela, a quienes reconoce las lecciones que le dieron desde muy temprano. Luego, ese legado se traslada a sus dos hijas.
Este no es el libro de alguien que pretende ser el inicio y el final de una historia. Salazar se entiende como un eslabón de una cadena más larga, más compleja, en la que se cruzan su raza, su origen, sus familiares y el legado que entrega a sus hijas. Esa conciencia es el primer paso para conocer a la mujer detrás de la fiscal.
Durante años vimos a una fiscal cautelosa con las palabras, certera en sus términos y cuidadosa de cómo se manejaba en público y en privado. Sabíamos poco de la mujer, del ser humano. El relato la humaniza. Y celebro que lo haga desde la fortaleza, no desde la victimización.
Salazar relata los obstáculos que enfrentó por ser mujer, por pertenecer a una minoría y por venir de un origen humilde. Reconoce el racismo que ha tenido que soportar. Su acierto está en que no convierte esas experiencias en una razón para victimizarse. Las usa para conectar con sus lectores y compartir su mirada sobre los acontecimientos públicos y sobre su propia vida. Y lo hace porque así es ella: no se entiende, no se explica ni se narra a sí misma desde el victimismo. Lo celebro especialmente, pues en estos tiempos son comunes los relatos victimistas, sobre todo cuando vienen de minorías como las que Diana encarna y representa. Eso es, por decir lo menos, refrescante.
El relato también es un aporte a la memoria colectiva del Ecuador. Al leerlo, uno comprende —o rememora— la escala de los casos que enfrentó: al menos diez episodios icónicos de la historia política reciente, en los que fueron sentenciados numerosos delincuentes. No los menciona a todos, pero, si uno se da a la tarea de analizar caso por caso, encuentra al menos treinta nombres de personas auténticamente peligrosas a las que ella acusó y que finalmente fueron sentenciadas. Hay de todo en esa madeja, trazada casi en su integridad por la narcopolítica y la forma en que fue ocupando cada vez más espacios en el país.
Por eso, con los años, Salazar se convirtió en un blanco y en una de las mujeres más atacadas y también más protegidas del país.
Responde con sencillez a los ataques o acusaciones que se le han endilgado: que la Fiscal «10/20», que los «amoríos» con un prófugo de la justicia, que se «vendió a cambio de una embajada». Lo aborda todo con la sencillez y la calma de quien nada tiene que ocultar, sin atajos, sin doblar las esquinas.
Diana Salazar tuvo el valor de confrontar a las mafias más peligrosas del Ecuador. Basta recordar cómo en Metástasis confluían uno de los mayores narcotraficantes del país, miembros de un partido político y quienes hoy están acusados de la autoría intelectual del asesinato de Villavicencio. Estas mafias, sus operadores y sus fanáticos se han esmerado —y se seguirán esmerando— en destruirla: asesinándola, bloqueando su trabajo o atacando su reputación. En los últimos años vimos cómo se metieron con sus relaciones personales, con su vida privada e incluso la atacaron durante su embarazo. Nada sorprende. Quién lo diría: algunas de las personas que lo hicieron con más ferocidad son mujeres.
En estos tiempos, lo que entendemos como verdad histórica, el relato de los hechos, no es algo que se exponga y se quede quieto: es un territorio en disputa. Son tiempos en los que distintos intereses procuran imponer su relato a través de las tácticas más infames. Y hay quienes pretenden imponerlo mediante acciones como las que plantea este libro: con serenidad, con el peso de la verdad, con la contundencia de los hechos.
Y uno de los hechos es que Diana Salazar, a pesar de haber confrontado a las mafias más peligrosas del Ecuador, sigue con vida, vigente, productiva y con una vida familiar. Si lo pensamos bien, tiene algo de milagro. Y explica que los enemigos que se ha ganado en el camino continúen buscando formas de anularla desde cualquier lado.
Por todo eso, fue un honor para mí participar en el lanzamiento de este libro, junto a Luis Montero y Cecilia Espinoza. Les recomiendo que lo busquen, lo lean y lo charlemos por acá.
Tengo el honor de ser una de las personas que lo presenta esta noche. Mañana comparto mi reflexión sobre el libro y su transcendencia. Ojalá el Ecuador llegue algún día a tener completa consciencia de lo que le debe a esta valiente mujer.
A estos asesinos la cucaracha pabel les regala 23 millones de los bolsillos de los contribuyentes.
La pregunta, de esos 23 millones cuánto le tocó a la cucaracha pabel para su campaña.
@ContraloriaECU@FiscaliaEcuador@XavierOrdonezEc
Investiguen..