Le dije a mi terapeuta:
“Siento que se me acaba el tiempo para construir la vida que quiero.”
Ni siquiera pregunté por qué.
Ella simplemente me miró con dulzura y dijo:
The wildest part about POVERTY is how much time it steals. Waiting for buses. Calling assistance offices. Comparing grocery prices. Fighting insurance. Sitting at laundromats. Being poor is a second job nobody pays you for.
En Brasil están atribuyendo el declive de su selección de fútbol al avance del evangelismo. Y no me parece descabellado pensarlo. Por lo siguiente:
1. El fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del sincretismo entre lo católico y los imaginarios religiosos de origen africano. Cuando Brasil arrasaba en los mundiales sus jugadores llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha no era más que la extensión del festejo. Pero así era cuando los jugadores eran católicos y practicantes del sincretismo afrobrasileño. Hoy los jugadores de Brasil son mayormente evangélicos. Y el evangelismo, dada su matriz dispensacionalista y su escatología cerrada, expulsa toda forma de sincretismo: de diversidad. Es decir, acaba con el fútbol-fiesta. Los actuales jugadores de la selección brasileña llegan rezando a los partidos...Ahora tocar los tambores e invocar los santos del sincretismo afrobrasileño es cosa del diablo. Está muy mal visto. Se volvieron tristes, marciales y predecibles. Tanto en sus vidas como en la cancha.
2. En el catolicismo cuando uno se equivoca o le va mal debe reflexionar y buscar causas para mejorar. En la escatología evangélica ya todo está escrito. Si ganan el mundial es porque Dios así lo quiso. Y si pierden estrepitosamente como ahora es porque los tiempos de Dios son perfectos...En tales condiciones el jugador nunca es responsable, en última instancia, de los malos resultados. Se busca ganar y mejorar, pero siempre pensando en que pase lo que pase todo está en manos de Dios quien de antemano determina lo que va a pasar.
3. El evangelismo que llega a Brasil (y al resto de América Latina) es individualista. Es una religiosidad que articula la noción calvinista del esfuerzo individual como devoción por Dios, con la teología de la prosperidad neopentecostal. El evangélico privilegia lo individual frente a lo colectivo. La salvación es de cada uno. El fútbol brasileño de los Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romario, Rivaldo y Ronaldinho (cuando Brasil era insuperable en la cancha) tenía un componente profundamente colectivo tanto en su aspecto táctico como estético. Cosa muy difícil de cultivar hoy en jugadores evangélicos que se ven a sí mismos como actores individuales cada uno en búsqueda de su salvación privada.
4. El evangelismo es severo y castigador. Mientras que el catolicismo (sincrético) que imperaba en Brasil era abierto y matizado. Esto amplía la creatividad y la búsqueda de distintas opciones. El futbolista brasileño del jogo bonito era ante todo creativo. Veía los partidos cerrados como algo a superar creando e inventando jugadas. Hoy, con jugadores evangélicos, la selección brasileña luce predecible y sin imaginación.
En fin, invito a que sigan el debate que hay hoy en Brasil en relación a lo que consideran son los efectos nocivos del evangelismo en la identidad de su fútbol. Porque ese debate puede extrapolarse a muchos otros ámbitos de esa sociedad. Y, por tanto, a cualquier otro país latinoamericano donde el evangelismo haya sustituido a la matriz católica (sincrética) como religiosidad mayoritaria. Al final, estos discursos de odio, vaciamiento democrático y destrucción de lo público que vemos en nuestros países no vienen de la nada.
Agradezco mucho que los más jóvenes tiren de la cuerda hacia una vida con menos horas de oficina y más tiempo personal, que no les obsesione poseer cosas sino sobre todo la tranquilidad de viajar ligero, que decidan no atarse a un empleo, a un cliente, a una rutina de trabajo de 8 hrs con 1 hrs de comida (si es que hay tiempo).
Y lo agradezco no porque esté de acuerdo en todo con ellos, la suya me parece muchas veces una vida demasiado a la deriva y desenfadada pero, también sé que si ellos tiran de la cuerda hacia aquel extremo y los más viejos tiramos hacia el extremo contrario, es posible que la seguiente generación termine colocada en un punto medio entre ambos mundos. Y los términos medios, suelen ser los más sanos.
He aprendido mucho de los más jóvenes, he aprendido sobre todo a replantear mis límites y a desaprender mis costumbres más arraigadas como que hay que morirse en la raya trabajando hasta no poder más. Ellos tienen razón, darlo absolutamente todo en el trabajo nunca fue una buena decisión... Ahora, a mis casi 30 años de experiencia profesional sin pausa, he aceptado que es necesario parar y replantearse qué es lo que uno quiere realmente para comenzar a cerrar el ciclo y reinventarse, que aún hay tiempo para buscar acercarse a ese punto medio de eficiencia y paz.
Que Airbnb esté perdiendo ingresos no me sorprende. Cuando los anfitriones empezaron a cobrar lo mismo o más que los hoteles, dejó de tener sentido. Prefiero alojarme en un hotel con servicio de limpieza diario y servicio de habitaciones.
Otra vez, los que dicen que hacer viajes de trabajo ha de estar chido es porque no se han aventado la de facturar 32 mamadas para comprobar un puto panini de 3 quesos y un moka.
Mi terapeuta me dijo: "Deja de asumir que la gente está enojada contigo. Deja de intentar leer la mente de la gente. Deja de intentar controlar los pensamientos y emociones de los demás. Deja que la gente se controle a sí misma. Si tienen algo que decirte, lo harán y si no, es su responsabilidad, no la tuya. Pensar demasiado mata la felicidad". Y eso me golpeó como un ladrillo.
A veces la mejor ruta para sobrellevar el ambiente laboral, es la indiferencia. Llegas, haces tu trabajo, no aportas ideas nuevas, no sugieres nada y lo más importante, no te enojas. Que sigan en lo mismo, aunque suene bastante egoísta.