Entonces volvió a ser diciembre otra vez, pero esta vez no tengo el corazón roto, recuperé la tranquilidad que buscaba y ya no estoy rodeado de personas que no me suman.
Pedí disculpas sin tener la culpa, baje la cabeza teniendo razón, hice por otros lo que nunca harían por mi, oculté que estaba mal para no preocupar a nadie. Entonces no me digas que soy egoísta; perdí la cuenta de las veces que coloqué la felicidad de otros por encima de la mía.