Me quedé en un trabajo que odiaba durante tres años.
No por el sueldo.
Por miedo.
Cada lunes decía: “solo un poco más”.
Cada viernes me prometía renunciar.
Nunca lo hice.
Hasta que un día la empresa cerró.
Aprendí algo incómodo:
lo que no te atreves a soltar,
la vida lo suelta por ti.
Siempre fui “el fuerte” de la familia.
El que resuelve.
El que no llora.
Cuando mi hermano perdió el trabajo, lo ayudé.
Cuando mi padre enfermó, yo pagué todo.
—Eres increíble —me decían—. No sé qué haríamos sin ti.
Un día me quedé sin fuerzas.
Sin ganas.
Sin aire.
Intenté hablar.
—Estoy cansado —dije.
—Tú puedes con todo —respondieron—. Siempre has podido.
Esa noche me encerré en el baño.
Lloré en silencio.
Al día siguiente, nadie notó nada.
Todo siguió igual.
Ahí entendí la trampa:
Cuando siempre eres fuerte,
nadie aprende a cuidarte.
Yo tengo dos locales pequeños en un barrio tranquilo. Hace casi siete años se los alquilé a una mujer trabajadora que montó una panadería artesanal. Desde el primer día fue impecable: puntual con el arriendo, respetuosa, y siempre que hacía alguna mejora —una pared pintada, una repisa nueva, una puerta arreglada— me avisaba con orgullo. Nunca tuve un solo problema con ella.
Un día llegó con los ojos llenos de lágrimas. Me contó que su hijo había sufrido un accidente grave y que tendría que cerrar la panadería por un tiempo para cuidarlo. No tenía ingresos y no sabía cómo iba a cubrir los próximos meses.
La escuché con el corazón apretado y le dije:
—Preocúpate por tu hijo. El local puede esperar. Cuando todo se calme, vemos cómo nos organizamos.
Le di tres meses sin cobrarle nada para que pudiera atravesar ese momento sin esa carga encima.
Después, ya solo, pensé en algo muy claro: locales se vuelven a alquilar, dinero se vuelve a ganar… pero personas así, honestas, responsables y agradecidas, no aparecen todos los días. Y entendí que a veces la verdadera riqueza está en ayudar cuando alguien lo necesita, no en exprimir cada peso.
Anónimo.
La jornada laboral debería ser máximo de 6 horas. No puede ser que pasemos más tiempo con nuestros compañeros de trabajo que con nuestros seres queridos.
-Hola, ¿Pizza Hut?
--No, señor. Pizzería Google.
--Ah, discúlpeme... marqué mal...
--No señor, marcó bien. Google compró la cadena Pizza Hut.
--Ah, bueno... entonces anote mi pedido, por favor...
--¿Lo mismo de siempre?
--¿Y usted cómo sabe lo que pido yo?
--Según lo que ubica su celular, su calle y su número de depto y las últimas 12 veces, usted ordenó una napolitana grande con jamón.
--Sí, esa quiero...
--¿Me permite sugerirle una pizza sin sal, con ricota, brocoli y tomate seco?
--¡No! Detesto las verduras.
--Su colesterol no es bueno, señor.
--¿Y usted cómo sabe?
--Cruzamos datos con la CCSS y tenemos los resultados de sus últimos 7 análisis de sangre. Acá me sale que sus triglicéridos tienen un valor de 180 mg/DL y su LDL es de...
--¡Basta, basta! ¡Quiero la napolitana! ¡Yo tomo mi medicamento!
--Perdón, señor, pero según nuestra base de datos no la toma regularmente. La última caja de Lipitor de 30 comprimidos que usted compró en Farmacias Similares fue el pasado 2 de diciembre a las 3:26 p.m.
--¡Pero compré más en otra farmacia!
--Los datos de sus consumos con tarjeta de crédito no lo demuestran.
--¡Pagué en efectivo, tengo otra fuente de ingresos!
--Su última declaración de ingresos no lo demuestra. No queremos que tenga problemas con Hacienda señor...
--Además ayer compró Viagra para usarlo con su vecina, como lo demuestra la grabación de su llamada a las 20:45
--De acuerdo a su historial de WhatsApp, recibe mucha pornografía de su amigo ...
--¡Ya no quiero nada!
--Perdón, señor, sólo queremos ayudarlo.
--¿Ayudarme? ¡Estoy harto de Google, Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram! ¡Me voy a ir a una isla sin internet, cable ni telefonía celular!
--Comprendo, señor, pero aquí me sale que su pasaporte esta vencido hace 5 meses..........
Así estaremos próximamente😅😁🤦🏻♂️🤣
Mi mayor decepción laboral fue entender que no basta con hacer bien tu trabajo ni con amar lo que haces. A veces, si no encajas, no caes bien o no te alineas con el ego de quien lidera, todo tu esfuerzo deja de ser suficiente, incluso cuando cumples y das lo mejor de ti.
La jornada laboral debería ser máximo de 6 horas. No puede ser que pasemos más tiempo con nuestros compañeros de trabajo que con nuestros seres queridos.
¿No tienes ganas de hacer nada?
Tal vez no sea porque estés deprimido, desorganizado o “te falte disciplina”, sino porque estás agotado. Física, mental y emocionalmente.
Algunos signos de depresión de los que nadie habla:
• Cepillarse los dientes una vez cada pocos días
• Evitar los espejos
• Desconectarse durante las conversaciones
• Dormir todo el día y aún así sentirse cansado
• Estallidos aleatorios de ira... y luego culpa.
• Mirar tu teléfono sin hacer nada durante horas.
No es pereza. Es supervivencia.
Alguien tiene que decirlo: Muchos "problemas de salud mental" desaparecen cuando las facturas están pagadas, el alquiler está asegurado y la nevera llena. La paz es cara. Y fingir que la plata no afecta la salud mental es un privilegio
Hay una leyenda japonesa que dice:
"Ya sea una máquina, una casa o una relación.
“El mantenimiento siempre es más barato que la reparación”.
Lo que no se mantiene, al final se pierde.
Me acuerdo una vez que me amenazaron con el despido y me decían que tenía que trabajar más rápido sí o sí.
Me fui de esa empresa, no me gusta estar dónde no se me quiere o dónde siento que no cumplo.
Pues resulta, que todo el mundo se enfadó conmigo cuando informé de mis 15 días de preaviso.
Ahora me odian y ni me hablan. Creo que, en realidad, les dolió que quedaron en evidencia al decirles yo que era obvio que no estaban contentos con mi trabajo, y que por eso me iba. Se ahorraban el despido.
Y ahí fue cuando me dijeron que estamos bien en cuestión de tiempos y trabajo, que ni tenían planteado despedirme.
En conclusión, usan la amenaza del despido y la presión constante como metodología para tener al trabajador presionado y rindiendo por encima de sus capacidades saludables.
A veces es mejor no entender a los neurotípicos. #soyAutista