No.
Hostilizar a millones de mexicanos por las acciones de una sola persona no es justicia, es prejuicio. Del mismo modo que sería absurdo culpar a todos los estadounidenses por los crímenes de uno de sus ciudadanos. La responsabilidad es personal; la hostilidad colectiva es discriminación.
Las protestas y manifestaciones públicas no deben avergonzarnos ante el mundo. Es verdad que las autoridades no han podido brindarles una respuesta y que muchas de sus demandas obedecen a grandes injusticias, pero esos reclamos en las calles también son una muestra de la libertad de expresión de la que, orgullosamente, gozamos en México…