¿Por qué la oposición no es más que una cuadrilla de harapientos oportunistas que debe ser dejada al margen de una reconstrucción del país?
Pues porque, en primer lugar, no tienen compromiso con una idea republicana y menos democrática. Lo de ellos es populismo puro, pragmatismo ramplón y capacidad para comprender lo político semejante a la de un ratón.
Vaya manera de imaginar una República empezando por reservarles un lugar dentro de la política a quienes deben rendir cuentas por crímenes.
Una cosa es negociar las condiciones que permitan desmontar este régimen y otra, muy distinta, es proponer la normalización política de sus jerarcas como el desenlace natural de una transición. Hasta la justicia transicional pierde su sentido con estos politiqueros que la convierten en una lavandería de responsabilidades.
La prudencia —en sentido antiguo— puede exigir acuerdos difíciles. Lo que no exige es confundir la necesidad de negociar con la virtud de aquello que se negocia, ni vender una concesión inmoral como una conquista democrática.
¿Quién en su sano juicio puede proponer que quienes destruyeron el país y quienes ejercieron el poder desde la criminalidad, el terror y la tortura pasen a ser oposición?
Venezuela no aguanta más mediocridad, más populismo ni más improvisación. Y, sin embargo, esto que llamamos dirigencia opositora sigue ofreciendo pragmatismo ramplón con envoltorio barato de sabiduría política. Sin duda, estos “opositores” tienen mucha habilidad para acomodarse entre los actores con poder, pero muy poca para comprender qué condiciones hacen posible una República.
Quien aspire a conducir una transición debe comprender que sus propuestas hablan del orden que promete construir. Si empieza por anunciar el futuro político de los jerarcas sin explicar cómo responderán ante la justicia, enseña a la sociedad que ejercer el poder sin límites y desde el crimen puede terminar siendo una etapa de la carrera pública.
Señor Guanipa —y todo ese sector de la oposición—, usted es enemigo mortal de la virtud cívica.
El chavismo como aparato de dominación debe ser desmantelado junto con sus mecanismos de intimidación, sus redes de impunidad y la subordinación de las instituciones a una facción. Lo que se debe procurar es que quienes hayan cometido delitos deben responder por ellos ante la justicia y quitarle los derechos políticos.
Una cosa es aquel que votó por Chávez y otra muy distinta es haber utilizado el Estado para perseguir ciudadanos. Lo último no se puede reducir a una preferencia ideológica. No solo sería complicidad, sería herir de muerte al nuevo país que deseamos construir.
El chavismo, al igual que el nazismo, debe quedar proscrito de la política. Aunque debe quedar presente en el museo del horror venezolano.
Si queremos un país decente, debemos comprender que la libertad política no puede servir de coartada para conservar los instrumentos con los que se la destruyó.
Una sociedad acostumbrada a los cuentos de princesas, las promesas de redención y la adoración de dirigentes necesita recuperar su juicio político. Y una dirigencia que aspire a reconstruir el país debe estar a la altura de esa tarea.
Necesitamos estadistas capaces de construir instituciones que también los limiten a ellos. Porque una República no puede depender de la presunta bondad de quien llegue al poder.
Pero aquí seguimos llamando “líderes” a quienes confunden la conducción política con la administración de expectativas.
Manda cojones, diría mi padre.
Esta dirigencia “opositora” a lo que puede aspirar es a responder por sus fracasos, sus promesas incumplidas y su corresponsabilidad.
La responsabilidad por la destrucción, la tortura, la muerte y el terror corresponde a quienes la ordenaron y ejecutaron. La responsabilidad por haber ofrecido tantas veces una salida sin explicar después su fracaso corresponde a quienes pretendieron conducirnos.
No se logra nada cambiando criminales por corruptos mediocres.
¡Venezuela no puede sacrificar su estabilización por impaciencia electoral!
Desde el 3 de enero, EUA ejecuta discretamente una operación profunda de estabilización: no se trata solo de cambiar al Ejecutivo, sino de desmontar las estructuras que sostuvieron al chavismo durante 27 años (FANB, inteligencia, contrainteligencia, cuerpos policiales, sistema penitenciario, justicia y sistema electoral) y de crear condiciones para que no puedan volver.
Son operaciones delicadas que exigen inteligencia, coordinación, discreción y resultados verificables. No pueden subordinarse a un calendario político impuesto por ambiciones personales.
“Set the date” es un error. La doctrina militar estadounidense y los estudios de RAND sobre estabilización advierten del peligro de confundir plazos electorales con condiciones reales de seguridad y gobernabilidad.
El objetivo no es celebrar elecciones para satisfacer aspiraciones individuales. Es construir una República Perdurable donde los ganadores puedan gobernar, los militares obedezcan al poder civil y el régimen derrotado no conserve las armas, los tribunales ni los instrumentos para recuperar el poder.
Ya pagamos demasiado caro hacer las cosas “a la venezolana”.
Venezuela primero. Las ambiciones personales, después.
@Juanegron Jajajajaja coño el lambon número uno de la LIDEL le dolió por qué escribí la verdad, ya no somos ESCUÁLIDOS ni chavista o bot ahora somos cuenta B cuando pensamos y opinamos diferente diferente
Leo a varios compatriotas responder indignados: «¡Delcy no es presidenta!», como si con esa declaración resolvieran el problema.
Dicen lo mismo cuando Delcy se reúne con inversionistas, con Trump, con Fedecámaras, en reuniones de la ONU, y ahora cuando habla con la presidenta Keiko Fujimori.
Podemos discutir durante meses sobre su legitimidad. Pero eso no cambia quién ejerce hoy las funciones de la Presidencia de Venezuela.
Keiko necesita resolver un problema migratorio concreto. ¿Con quién pretenden que hable? ¿Con la oposición? ¿Con alguien que no tiene capacidad de recibir a los deportados ni de ejecutar los acuerdos?
Odienme pero se los digo claro: ese es el infantilismo político que tantas veces he criticado: confundir nuestros deseos con la realidad, y creer que basta con desconocerla para que desaparezca.
Llevamos demasiados años cometiendo ese mismo error en Venezuela. Diciendo Hasta El Final sabiendo que no había un final claro.
La real política no consiste en negar la realidad, sino en actuar sobre ello para conseguir objetivos reales.
Desconocer la realidad no es combatirla. Y mucho menos transformarla. En cierta forma es resignación, derrotismo.
@leopoldolopez@TEDTalks@TEDTalks de verdad no saben quién ese señor? Le pueden preguntar por monómeros y el contrato con su mamá que él "no sabía" y muchas cosas más... Ah quizás pueda hablar como pudo embarazar la esposa usando tegnologia Wi-fi
Ya nos jodieron los padres, ahora nos van a joder los hijos.
Y si Dios nos da más vida, nos mandará a los nietos de Ramón Guillermo Aveledo a seguirnos jodiendo.
De contar y no creer.
Hay que calarse entonces a la hija de Chávez de jefa de parques, a la hija de Diosdado de ministra, al hijo de Maduro de diputado… y al hijo de Ramón Guillermo Aveledo escogiendo magistrados con el mismo tino que su papá escogía a Cliver Alcalá como ponente en su fundación