Los esclavos no besamos los pies de un Amo, los adoramos. Vivimos debajo de ellos y comprendemos que venerarlos es un honor, un privilegio del que no somos dignos: El Amo nos concede el honor de lamerlos, sentir su aroma, posar nuestras indignas lenguas en ellos.
No hay mejor lugar para nosotros que estar a los pies del Amo… no hay mejor sensación que mirar su cuerpo desnudo desde abajo, desde nuestro sitio. Estar arrodillados, sin ropa, sin nada que nos dé algo de dignidad. Como una mascota fiel, como un esclavo atento