FIN DE LA ERA BIELSA EN URUGUAY
Ayer escribí que no esperaba que Marcelo Bielsa se fuera destapando internas ni señalando jugadores.
Y así fue.
En la conferencia se hizo responsable del fracaso. Defendió al plantel hasta el último día, como ya lo había hecho en la Copa América, y evitó convertir a alguien en el villano de la historia. Podría haber expuesto muchas cosas. Eligió no hacerlo.
Fue coherente con lo que mostró durante toda su carrera. Un señor.
Pero, entre líneas, confirmó algo que muchos intuíamos: durante estos años hubo una tensión permanente entre su forma de entender el fútbol y la forma en que parte del entorno uruguayo lo vive.
Dejó varias frases que merecen análisis:
Los jugadores le pidieron reducir las charlas a 10 minutos porque se saturaban mentalmente.
Los Jugadores luego pidieron interrumpir las charlas, porque no les gustaban.
Los jugadores le pidieron entrenar todos juntos, aunque eso significara menos tiempo efectivo de trabajo.
Bielsa aceptó, porque entendía que un entrenador también debe adaptarse a su grupo.
Eso describe un choque entre dos maneras completamente distintas de entender el profesionalismo. Bielsa pertenece a una escuela donde cada detalle importa. Donde cada minuto de entrenamiento suma. Donde analizar al rival, corregir errores y repetir movimientos no es un castigo, sino parte del trabajo.
Uruguay, lleva años funcionando bajo la lógica de hacer las cosas como “siempre fueron”. Donde el talento suele compensar carencias de método. Donde el vestuario tiene un peso enorme. Donde adaptarse al grupo pesa más que transformar al grupo.
Y cuando se le complicó el vestuario, (o se lo complicaron), no logró acomodarlo. Incluso intentando ceder, escuchar y darle al grupo parte de lo que pedía.
Sigo pensando que perdimos una oportunidad enorme de crecer futbolísticamente como selección.
Tuvimos un entrenador obsesivo, metódico e innovador. Admirado en todo el mundo por su capacidad para mejorar futbolistas, profesionalizar estructuras y elevar el nivel de exigencia.
Pero terminó chocando, y perdiendo, contra la uruguayez... la que privilegia la comodidad sobre el cambio, el “siempre fue así” sobre la innovación.
También creo que ligó mal.
A pesar de varios jugadores lesionados, Uruguay fue claramente superior a Arabia Saudita y a Cabo Verde. Pero errores individuales, falta de eficacia frente al arco y circunstancias propias del fútbol terminaron condenando el proceso.
Las chances estuvieron ahí. Los futbolistas no pudieron hacerlas efectivas. El fútbol tiene eso. A veces hacés todo para ganar y no ganás. Otras veces jugás peor y terminás clasificando. Es parte del juego.
Nos quedamos sin Mundial. Y nos quedamos sin saber hasta dónde podía llegar un proceso que pretendía cambiar algo mucho más profundo que un esquema táctico.
Pienso que con un poco más de ganas, apoyo y paciencia de todos los involucrados, esta historia terminaba distinto.
A lo mejor el verdadero final de la era Bielsa no sea esta conferencia, sino la pregunta incómoda que nos deja: Queremos seguir siendo el Uruguay de hoy, o construir el Uruguay que podemos ser?
Fin de la era Bielsa en Uruguay.
Jamás imaginé escribir o expresar algo negativo sobre un ídolo. Y menos sobre uno de los pocos ídolos que he tenido en mi vida, como lo es Luis Su��rez.
Todos sabemos lo que significa Suárez para nosotros. Ningún jugador me hizo gritar más goles que él. Cuando todo parecía perdido, aparecía para salvarnos. Nos hizo llorar de alegría cuando puso las manos contra Ghana; cuando le marcó el doblete a Inglaterra; cuando volvió de aquella suspensión de dos años y anotó el 2-2 ante Brasil como visitante después de estar 2-0 abajo. Y también nos hizo llorar al verlo llorar en aquel último y trágico partido suyo en un Mundial, en diciembre de 2022.
El ciclo de Marcelo Bielsa comenzó justamente sin Suárez. En aquellos primeros partidos, Uruguay desplegó un fútbol exquisito a través de un sistema que exigía una intensidad, un dinamismo y un estado físico que Luis ya no podía ofrecer. Sin embargo, Bielsa, entendiendo todo lo que significaban para el país y para el grupo tanto Suárez como Cavani, tomó la decisión de convocarlos. Lo hizo, probablemente, para satisfacer a la afición y a la prensa, pero también porque creyó que podían generar un impacto positivo en el vestuario y aportar una jerarquía que quizás consideraba necesaria para este grupo.
Luis aceptó el llamado y el rol que tendría dentro del equipo. Edi, en cambio, que se encontraba en buen estado físico y rindiendo relativamente bien en Boca Juniors, decidió no aceptar la convocatoria y meses después confirmó oficialmente su retiro de la selección.
Llegó la Copa América. Suárez no tuvo el protagonismo que muchos esperaban, mientras que el equipo se mostró sólido durante la fase de grupos, jugando un gran fútbol. Ante Brasil supo sufrir a la uruguaya, resistiendo con un hombre menos durante casi todo el segundo tiempo y avanzando en la tanda de penales. Una definición en la que también quedó reflejado el contraste entre ambos equipos: los brasileños ignorando a Dorival Júnior y los uruguayos escuchando atentamente a Bielsa.
La Copa América terminó como terminó. Nos dejó la sensación de que era difícil imaginar una Uruguay sin Luis Suárez, pero también de que el equipo ya no dependía de él. Lo que debió haber sido un alivio, haber superado la dependencia de Suárez y Cavani para consolidar un colectivo con una identidad de juego propia, terminó convirtiéndose en una bomba.
Porque llamar a Suárez nunca fue una decisión puramente bielsista. El juego, el dinamismo y la intensidad que Marcelo pretendía simplemente no encajaban con las condiciones que Luis podía ofrecer en esa etapa de su carrera. Bielsa quería 25 jugadores capaces de sostener 90 minutos de máxima exigencia; Suárez era, para entonces, un futbolista de media hora. La filosofía de Marcelo siempre ha sido contar con los jugadores que mejor interpreten su idea, y Luis ya no estaba entre ellos.
Quizás el mayor error de Bielsa fue justamente ese: traicionar sus propios principios por lo que consideró un acto de respeto hacia la historia del fútbol uruguayo. Convocar a Suárez pudo haber sido un gesto noble, pero también pudo haber sido el origen de la experiencia amarga que le tocó vivir en Uruguay.
Recuerdo cuando Suárez lanzó aquella famosa bomba mediática. Mi viejo me dijo: “La regó Suárez. Uruguay ven��a bien y esto va a perjudicar al equipo”. Yo, desde la ingenuidad, desde ese niño interno que todavía veía a Luis como un héroe intocable, me negué a creerlo. Jamás imaginé que un hombre que arriesgó su carrera por nosotros, que se desvivió por la selección y que fue formado bajo las enseñanzas del Maestro Tabárez y los valores del Complejo Celeste, pudiera terminar generando un daño a la selección.
Dos años después reconoció su error, aunque para entonces el daño ya estaba hecho.
Hay un pensamiento que probablemente me acompañe siempre: ¿qué habría pasado si Bielsa nunca lo hubiera vuelto a convocar?
Y les digo algo: si aquella dinámica mostrada en los primeros meses del ciclo, cuando Suárez no era protagonista, se hubiera mantenido, hoy ni siquiera estaríamos hablando de esta decisión. Probablemente ya nos habríamos acostumbrado a una Uruguay sin Luis. Y, sobre todo, estaríamos ilusionados, como dijo una vez Chicharito, con “cosas chingonas”.
NO VA A PASAR
Lo que muchos esperan, que Bielsa destape la olla de grillos de las internas de la selección, cuente las tensiones que hubo en el plantel o hable de todo lo que vivió durante estos tres años, no creo que pase.
En todo este proceso jamás lo escuché hablar públicamente mal de un jugador. Nunca lo vi señalar a un futbolista para protegerse él. Nunca lo escuché buscar un responsable fuera de sí mismo. Equivocado o no, siempre asumió la responsabilidad en primera persona.
Creo que hará exactamente lo mismo ahora.
Pienso que se irá diciendo que el responsable fue él y nada más.
El lunes que viene probablemente ya estará estudiando fútbol y pensando en su próximo desafío.
Mientras tanto, en Uruguay seguiremos discutiendo si el problema era Bielsa.
En mi opinión, hubo gente a la que Bielsa nunca le cerró. Algunos porque no compartían sus formas, otros porque los cambios que intentó imponer incomodaban demasiado. Le ganaron la pulseada los que les molestaba Bielsa y los cambios que quiso imponer.
Él también cometió errores.
En parte ligó mal, en parte no supo como manejar las situaciones y terminó perdiendo al grupo. No le salieron las cosas como quiso.
Pero sigo creyendo que el fútbol uruguayo perdió una oportunidad enorme. No sé cuándo volveremos a tener un entrenador con el nivel de obsesión, estudio y exigencia de Bielsa.
Y tampoco sé si, cuando vuelva a aparecer uno, estaremos más preparados para aceptar todo lo que implica traerlo.
Quizás el verdadero final de la era Bielsa no sea su salida... sea descubrir, y entender dentro de unos años lo qué vino a intentar cambiar.
Fin de la época Bielsa en Uruguay...
LA OTRA CARA: EL IMPACTO PSICOLÓGICO DE LA ELIMINACIÓN DE URUGUAY
La eliminación de Uruguay del Mundial 2026 abrió un debate sobre el impacto psicológico en los futbolistas.
Psicólogos deportivos advirtieron a Montevideo Portal que la derrota genera un “duelo deportivo” fuerte y exponen la falta de apoyo mental formal en la selección.
Los especialistas Eugenia Berneche y Damián Benchoam señalaron que quedar fuera del Mundial afecta la confianza individual y colectiva del plantel, al implicar la pérdida de objetivos construidos durante años de trabajo.
También advirtieron que la selección no cuenta con un psicólogo deportivo integrado de forma permanente, algo que consideran necesario en el alto rendimiento moderno.
Por último, alertaron que las críticas públicas tras la eliminación pueden afectar la salud mental de los jugadores y pidieron evitar el trato deshumanizado hacia futbolistas y cuerpo técnico.
(+) en Montevideo Portal: https://t.co/P6yoOwUh0C
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
Vos, q te compraste la camiseta, que raspaste la olla pa comprar la entrada en las eliminatorias, vos q sacaste un préstamo pa acompañar los partidos con una picada, el lunes, mientras estés cagado del frío en la parada del bondi pa ir a laburar, quiero q te acuerdes de ésto 👇
Marcelo Bielsa: “Jugar cuatro tiempos en lugar de dos altera la concepción que culturalmente se había construido para interpretar el fútbol. No le agrega nada y le quita mucho. Cuando se dividió en cuatro no se pensó en el efecto que puede tener sobre lo que hizo que el fútbol sea un deporte que enamora, sino que se pensó en otro tipo de repercusiones que no las discuto ni las analizo. Antes de esta decisión el fútbol tenía una característica; ahora tiene otra. La gente se enamora del juego por sus características”.
أسطورة التدريب في مانشستر يونايتد السير أليكس فيرغسون 🗣️:
"كنت في الثالثة والثلاثين من عمري، وجاءني شاب إلى مكتبي يوم الثلاثاء وقال: 'سيدي، هل يمكنني الحصول على إجازة يوم الجمعة؟'
فسألته: 'لماذا تريد إجازة يوم الجمعة؟'
قال: 'توفيت والدتي.'