Estoy tomando el hábito de despertarme tranquila y feliz, sin importar lo que esté pasando. La vida podría ser mejor pero también peor. Solo hay que ser agradecido con Dios por el milagro de un nuevo día con vida.
Lavarse el cabello, que la casa esté limpia y huela bien, hacer skincare, cambiar las sábanas, ver tu peli favorita, eso también es parte de la felicidad.
Los tiempos de Dios no solo son perfectos; son justos, sabios y llegan siempre cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pediste con tanta fe.