@RAMIROMARRA Doy fe de esto rama, juego al padel en un club de nuñez y todos los domingos de 9 a 10 una pareja rusa con 3 nenes de distintas edades. No hablan nada de español
Cuando Javier Milei ganó a fines de 2023, decidí por primera vez en mi vida apostar por la Argentina. Compré bonos, acciones y un campo en Mendoza. No lo hice por nostalgia, sino porque sentí que algo profundo estaba cambiando. Esos activos se duplicaron en valor. Y este mes, cuando los mercados cayeron tras la derrota de La Libertad Avanza en la Provincia de Buenos Aires, volví a comprar más. Porque vi en Milei lo que muy pocos entienden: no es un político, es un reformador que no negocia con la decadencia.
El 7 de septiembre, Javier Milei sufrió una derrota dura en la Provincia de Buenos Aires. Fue un golpe político y simbólico: el bastión histórico del peronismo seguía resistiendo. Muchos lo dieron por terminado. Pero el 30 de septiembre, tres semanas después de aquella caída, Nina y yo fuimos a cenar con él a Olivos. Estuvimos tres horas y media a solas. No había cámaras, asesores ni discursos. Solo tres personas y una conversación honesta, en la que entendí por qué Milei es distinto.
Lo vi sereno. Analizaba cada dato de aquella elección con precisión quirúrgica. Sabía dónde había perdido y por qué. Me habló de los errores tácticos, de la boleta única, de la abstención en el conurbano, pero sin victimismo. No buscaba excusas, buscaba soluciones. Y lo más importante: no había perdido la fe. “La verdadera revolución —me dijo— empieza cuando los argentinos volvemos a creer en nosotros mismos”. Esa frase me quedó grabada. Era el resumen perfecto de su visión.
Salí de Olivos convencido de que no había perdido nada. Había aprendido. Le dije que el mercado iba a castigar la derrota, pero que yo iba a comprar más bonos argentinos, porque si uno cree en la libertad, tiene que invertir en ella. Y lo hice
Lo que ocurrió hoy confirmó esa intuición. Contra todos los pronósticos, La Libertad Avanza arrasó en las legislativas del 26 de octubre con el 40,8% de los votos a nivel nacional. Superó ampliamente al peronismo unido en Fuerza Patria, que apenas llegó al 24,5%. Pero el golpe más fuerte fue simbólico: ganó en la Provincia de Buenos Aires, donde hacía solo siete semanas había perdido por 13 puntos.
Fue una remontada épica, comparable con las grandes sorpresas de la política argentina. En el conurbano, donde la maquinaria peronista dominó durante décadas, la boleta única niveló el terreno y el cansancio social hizo el resto. Menos gente votó, pero los que sí lo hicieron fueron los que querían un cambio real. Jóvenes, trabajadores hartos de los planes, emprendedores frustrados con la burocracia. La abstención peronista fue tan decisiva como el voto libertario.
Después de aquella cena en Olivos, vi cómo Milei se levantó y volvió al ruedo. Recorrió el país, habló sin teleprompter, sin guión, con esa mezcla de furia y lucidez que lo caracteriza. Karina y Santiago Caputo rearmaron la estrategia, concentrándose en Buenos Aires. El PRO aportó estructura, y la alianza con Patricia Bullrich y Diego Santilli terminó siendo clave. El lema era simple: quedarse hasta el final. Y se quedaron. Fiscalizaron cada mesa, defendieron cada voto.
Hoy por la noche, cuando los resultados empezaron a llegar, la historia cambió. En Córdoba, Mendoza, Santa Fe, CABA… el mapa se tiñó de violeta. En el búnker del Hotel Libertador, Milei habló de “punto bisagra”. Lo fue. Con 94 diputados y avances en el Senado, ya no depende de vetos para impulsar las reformas estructurales que el país necesita.
Muchos argentinos aún dudan. Los entiendo. Décadas de frustraciones destruyen la fe en cualquier proyecto. Pero lo que ocurrió anoche demuestra que la confianza es contagiosa. Si los argentinos invirtieran en su propio país con la misma decisión con la que se van de él, la historia sería otra. Creer en Milei no es creer en un hombre, es creer en la posibilidad de un país distinto. En nosotros mismos. Si Trump y Bessent salieron a comprar activos en pesos creyendo en Argentina y Milei y ganaron, nosotros podemos hacer lo mismo.
@Martinpdisalvo@c0ker_ mi ahijado de 11 años fue seleccionado para ir a las olimpiadas de natacion a representar a argentina y ni la municipalidad ni la provincia le dan beca ni ningun apoyo o solvencia economica! Podrian darnos una mano difundiendo?