En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón. El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida. #Pascua
¿Cuántas veces me duermo yo en la vida? Y sueño mientras debería velar, desconecto cuando tendría que estar más cerca, me distraigo cuando haría falta prestar más atención.
Perdónanos por no darnos cuenta de que tu amor implica riesgos, por no terminar de comprender lo que anuncias cuando hablas de cargar la cruz o beber tu cáliz. Perdónanos por prometerte fidelidades efímeras. Tú descansa ahora, Señor. También de nosotros.
Judas se justifica, y se auto-convence de que está haciendo lo que debe. Esa es la tragedia de tantos que no entienden a Jesús. Encuentran todo tipo de argumentos para entregarlo.