Jeffery Epstein’s butler was caught in an FBI sting in 2009 trying to sell the client & victim list.
He told them the entire operation, 17 years ago.
And the FBI did NOTHING.
‼️ La audiencia provincial además ha deducido testimonio por un delito de falso testimonio contra los policías locales de Bétera que declararon en el juicio que la víctima les dijo que todo había sido consentido, para así favorecer a los futbolistas
somos un estado aconfesional desde 1978, pero traemos al papa al congreso para que hable abiertamente sobre su ideología, adoctrinando a la sociedad y yendo contra uno de nuestros derechos reconocidos en ese mismo congreso: el derecho al aborto.
terrorífico y muy lamentable.
Esto es peligrosisimo y es lo que estan haciendo en USA. Si consideran un embrión miembro de la familia entonces pueden decir que el aborto es un crimen. Os importa mucho un conjunto de células pero luego los niños ya nacidos no tienen pediatra en la comunidad de madrid
Falangistas metían ratas en las vaginas de las presas.
Testimonio de Eudaldo Felipe Nuez, desarrolló el servicio militar en el cuartel de La Isleta entre los años 1936-1938.
«(…) A las mujeres embarazadas las ponían en aquella frías camillas metálicas, las abrían de piernas, se las amarraban y les metían las ratas que traía Juan «El Cebollero» de Falange en una jaula de calandras, parecían enseñadas, porque desde que las soltaban iban directas a las vaginas, mordían un poco por fuera los labios y luego entraban muy rápidas y las devoraban por dentro. Nunca en mi vida escuché gritos de dolor tan fuertes, se me quedaron grabados en mis oídos por siempre mientras fregaba los pisos del centro de detención ubicado en la trasera de la calle Triana, allí solo llevaban mujeres a las que si eran jóvenes y bonitas las violaban, si eran mayores las colgaban por la piernas boca abajo varios días pa darles leña con las varas de acebuche y las pingas de buey. «La Casa de los Horrores» la llamaba mi primo Macario, el que fue futbolista, no podíamos renunciar a aquel horrible trabajo porque los dos eramos soldados, nos llevaban cada noche en un pequeño camión con material de limpieza del cuartel, solo sacábamos mucha sangre, sesos, trozos de vagina, pezones cortados, pechos enteros metidos en bolsas de papel. Había siempre por allí un médico de Las Palmas, se llamaba Don Antonio Marrero Portugués, se encargaba de mirarles la tensión a las que estaban casi muertas o la temperatura, todavía no entiendo que función tenía porque lo que les hacían era incurable, tal vez pa saber el tiempo que durarían vivas y seguirles haciendo daño hasta la muerte. Me acuerdo de los niños que metían en una sala contigua a las de tortura, un cuarto frío, sin muebles, donde los menores oían los gritos de sus madres, a veces llevaban alguno pa que vieran como las destrozaban y dieran algún dato de la información que pedían los torturadores. Lo que no olvido son las ratas de cloaca casi negras, sus chillidos cuando olían la sangre o las entrañas de aquellas pobres mujeres…»
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el barrio de Vegueta (Las Palmas de Gran Canaria), el 5 de julio de 1987.
“no veo gente hablando sobre eso” y LITERALMENTE ME ELIMINA DE MI PROPIA MINIATURA 😭 porque no le conviene a “mujeres out of context” decir que la persona que lo habló es feminista y no un hombre preocupado
🚨LATEST: Anthropic confirms breach of Claude Mythos model and has launched an investigation into the unauthorized access, per bloomberg.
Attackers used contractor login credentials of a compromised third party vendor and guessed internal URLs to access multiple unreleased models.
The group reportedly gained access on launch day despite the model being restricted to 40 firms due to cybersecurity risks
Anthropic says “no evidence of impact to core systems has been found so far.”
Between the 1500s and 1700s, women in Britain, Germany, and Scotland were punished with the Scold’s Bridle—a cruel iron mask that locked around their head, pressed down or pierced their tongue, and forced them into public humiliation. Women labeled as “too talkative” or “disrespectful” were chained, paraded through the streets, and ridiculed.
This wasn’t just about keeping someone quiet—it was a tool of patriarchal control, designed to punish women who dared to speak, stand up, or defy male authority. Some masks even had bells so everyone could hear their arrival, turning their suffering into a spectacle.
Today, surviving bridles in museums remind us how far societies went to silence women and why fighting misogyny and patriarchal control is still necessary.