Sinceramente, es que no me molesta ni que un hombre use el baño femenino; yo también querría entrar en un compartimento y no mear con alguien al lado, ahí holaquétal. Me va a molestar que entre una mujer, sabes.
@Jennestudios Real que muy faltona esta carta de color.
Same todo lo que has dicho.
Me recuerda muchísimo a cartas de color antiguas, tipo 20's-50's. Windsor&Newton tiene unos estuches del año que se inventó el fuego que te dejan el culo torcido, creo que te gustarían.
No me creéis?
Vale.
Mirad esta hojita. La he cogido yo del parque de al lado de mi casa.
QUE ME DICES. CÓMO TE QUEDAS.
COLOR DE LA PARTE OSCURA.
DE LA CLARA.
Y DEL TALLO.
PUM.
Pues...sí xd
Lo que es común es indistinto, lo que es indistinto es repetitivo y lo que es repetitivo aburre.
La IA solo es una generadora de patrones gigante.
Si quieres que tu producto destaque en el mercado, necesitarás un artista que aporte algo nuevo que visualmente lo haga destacar.
En este exacto momento llevo pantalones y zapatillas en 2026, camisa y bolso en 2016 y el pelo en una trenza de raíz. Mezclando eras since 1987, al parecer.
@Uber_ES Tenemos un problema, Uber. Acaba de venir un coche, llega a donde estoy, me ve, le hago una seña para que espere UN SEGUNDO y cuando salgo, ha desaparecido. No entiendo esto, la verdad.
@vientosolarr De acuerdo contigo, pero me preocupa más que nadie aproveche que una persona relativamente joven QUIERE leer para decirle que adelante, que lea tranquila con el móvil desbloqueado y "ok Google" sin vergüenza. Si en vez de humillar ayudamos, igual llegamos a algo como sociedad.
@CrackMarauder Perdón porque seguro que has estado hablando de esto, pero, ¿de qué serie habláis? ¿La del hockey? ¿Debería verla? Necesito gente en la misma longitud de onda mental que yo que me aconseje, por favor y gracias.
On that note...
Soy española, mi lengua materna y habitual es el español y vivo en España, pero mi acento en inglés es una mezcla de británico, estadounidense, escocés y el que se te ocurra porque aprendí inglés desde muy pequeña escuchando y hablando distintos acentos.
Tengo acento español cuando hablo en inglés porque soy española.
Porque no me da vergüenza serlo ni que se note que es mi tercera lengua.
Lo que sí da mucha vergüenza es el clasismo con tufillo a complejo de superioridad mal gestionado.
Además:
Y si hablo en inglés con alguien que habla inglés es probable que si digo Australia suene como /ostreilia/, pero si hablo con gente que habla español, aunque hablemos en inglés, es probable que suene a /australia/; ninguno me molesta.
¿POR QUÉ NUESTRAS CIUDADES SE HAN LLENADO DE EDIFICIOS-CEBRA?
Seguro que os habéis fijado en un fantasma arquitectónico que recorre las ciudades españolas: los edificios-cebra. Aparecen en manada, porque esto nunca viene de uno en uno: primero tres, luego seis, luego diez, todos con el mismo uniforme, como un ejército de pandas —o cebras, claro— de hormigón. Fachadas en franjas de blanco inmaculado (bueno, inmaculado al principio, luego ya veremos el mantenimiento), bandas negras unificando ventanas, ritmos horizontales como de impresora láser con poco tóner. Están por todas partes, sobre todo en los PAUs, pero también brotando como setas donde antes había una nave industrial o un descampado.
Para entender el fenómeno, lo importante es darse cuenta de que esto no es una decisión arquitectónica, porque la arquitectura residencial nunca ha ido de hacer las mejores viviendas posibles, ni en los 70, cuando todo era ladrillo visto, ni ahora. Una vivienda es un producto de mercado. Como el champú o las zapatillas de running, solo que con hipoteca, IVA y notario.
Efectivamente, durante décadas, el rey de la fachada residencial española fue el ladrillo visto. Aguantaba el clima, cumplía los códigos, permitía una cámara de aire y transmitía una respetable sensación de solidez. El promotor enseñaba una maqueta color teja y decía: “Esto es serio, esto no pasa de moda”. Y el comprador medio, que de arquitectura sabía lo justo, asentía convencido. El ladrillo era el material de fachada por defecto y los españoles acabamos pensando que era el *único* material posible.
Ahora, sin embargo, el Código Técnico de la Edificación, exige un aislamiento termoacústico más exigente, y resulta que el ladrillo visto ya no sirve. O, mejor dicho, serviría si se gastase mucho más en las fachadas. Así que nos encontramos con el advenimiento del SATE —Sistema de Aislamiento Térmico por el Exterior—, que es mucho más eficaz, y a menor coste, para cumplir los requerimientos de asilamiento. ¿Y qué es el SATE? Pues, en su mayor parte, paneles aislantes colocados por fuera del muro y cubiertos con un enfoscado pintado.
¿Pintado de qué color? Ahí está la vaina. En teoría, cualquier tono del pantone es válido: verde menta, azul piscina, fucsia discoteca, incluso estampado de leopardo, si nos ponemos joteros. Pero claro, los promotores son conservadores, y no conservadores en plan misa de doce, sino en plan "No me la juego a que el cliente se asuste y no firme". Así que nada de verdes ni de leopardos. ¿Qué queda? Blanco y negro, franjas y chimpún. Nació el edificio-cebra.
Y desde entonces, como pasa con toda moda de bajo riesgo, los demás han copiado el patrón. Si funcionó en Alcorcón, ¿por qué no en Valencia o en Málaga o en Sant Vicenç dels Horts? Veinte edificios aquí, treinta allá, y en cinco años ya tenéis media España convencida de que eso es lo normal. Lo único. Como antes pasó con el ladrillo visto, el edificio-cebra se convierte en el edificio de viviendas por defecto.
Y así estamos, con los PAUs de los extrarradios que parecen barrios vestidos de uniforme para un —aburridísimo— carnaval colectivo. Sobrios, impersonales. Intercambiables a todos los efectos. Hoy en Madrid, mañana en Bilbao, pasado en Badajoz. Nadie los pidió y nadie los soñó, pero ahí están, como fondo inevitable de la vida urbana.