Tomándola, la abrió en la cama y tomó dos de ellos, de color rosado, para colocar una en cada sien, cerrando los ojos mientras suspiraba.
—Cómo se hace para impresionar a gente que no conozco.
Se encogió de hombros, pero no discutió. Sabía que Edel tenía todo un tema con sus emociones y extrapolarlas, así que se limitó a pasar la caja. Le había observado antes juguetear con los cristales.
—Mh, te voy a tener en cuenta esa promesa —aunque no pudiese ver su sonrisa, sabía que estaba ahí por su tono de voz—.
Tomó su mano y la llevó hasta la pista de baile, abrazándola por la cintura.
—¿Contigo? Contigo yo bailaría toda la eternidad. —Respondió Thorir. La sonrisa que tenía en la cara no era visible por la máscara, pero no podía borrarla.
Se rió un poco más alto esta vez, verdaderamente complacida.
—Ah, me malcrías, preciosa —le acarició el brazo con cariño—. ¿Quieres ir a bailar un rato antes de que cumplas con tu misión?
El besó fue efímero, como el roce del pétalo de una flor. Se separó un par de segundos después, pero no mucho.
—Espero que tu trabajo sea grande, mi diosa, así te podré dar la mejor ofrenda de todas.
Se le escapó una pequeña risa ante su respuesta. Entonces se acercó, tomando delicadamente su máscara entre sus manos y dejarle un suave beso en los labios de porcelana.