Dicen que hay que defender la constitución del 91, pero les hablas del derecho a la vida, a la igualdad, a la dignidad humana o a la paz y ya no les gusta tanto.
Malparidos indolentes de la tierra, los animales y todas las comunidades marginadas que solo han visto sangre e indiferencia. Abelardo es el candidato de la muerte y la avaricia. Y solo encanta a aquellos que también ponen la codicia sobre la conservación.
La conversación ha sido un poco:
-Voto en honor a los 18 mil niños reclutados.
-Total, ¿cómo vamos a restituir los derechos de esos niños reclutados?
-Vamos a matar a la guerrilla para que no recluten más.
-Okay, ¿pero y los niños ya reclutados?
-Ah no esos guerrillos ya paila.
El patriarcado nos orilla a masacrarnos el cuerpo bajo una promesa de aceptación social. Los procesos que están observando con asombro —y burla— son los únicos a las que pueden acceder mujeres empobrecidas que, como todas, sufren las consecuencias de los mandatos de género.
¡Que importantes afirmaciones! Cuando se normaliza la mercantilización de lo femenino se perpetúa la visión sexista de los roles de género, se obstaculiza el camino de la igualdad, el consentimiento libre y la dignidad humana
Imposibles y utópicas han parecido, históricamente, todas las luchas en favor de la dignidad y los derechos humanos. Eso no llevó a ningún revolucionario —capaz de imaginar desde el corazón— a mirar para otro lado. Ninguna transformación se logra desde la resignación.
porque antes de ti
yo era todo problemas
una taza con el mango a punto de caer
un cajón que no cierra
un mechero mojado
un aplauso mal dado
en medio de la función
yo que no tenía nada, igual te lo di
vale madres la vida
antes de ti