España vive atrapada en un escenario de doble moral en la esfera pública. Hace apenas unos meses, un falso rumor sobre un supuesto plan de la Guardia Civil para colocar una bomba lapa en el coche de Pedro Sánchez desató una tormenta mediática sin precedentes. Ministros, portavoces y tertulianos se lanzaron a denunciar en tromba el “odio de la ultraderecha” y la “violencia latente” en los cuerpos de seguridad. Días después se comprobó que todo era un bulo: el exagente de la UCO no había fantaseado con asesinar al presidente, sino que expresaba su temor a ser víctima de un atentado por parte de los narcos venezolanos.
Pero ya era tarde: la maquinaria había cumplido su función propagandística. Nadie pidió disculpas, ningún informativo rectificó con el mismo énfasis con que difundió la infamia. Se trató de una operación política y mediática destinada a resolver, por el medio del victimismo, una de las muchas tormentas informativas derivadas de la corrupción del gobierno socialista.
Lo curioso es que, al mismo tiempo, cuando la fiscal jefe provincial de Madrid, Pilar Rodríguez, acaba de reconocer ante el juez haber dicho que “dan ganas de poner un poquito de cianuro” a Ayuso, los medios apenas dedican un suspiro a la noticia. Ninguna indignación, ningún editorial encendido, ninguna comparecencia solemne con cara de abatimiento. La frase, que en otro contexto habría provocado una reacción institucional inmediata y sonido de cornetas y tambores mediátucos progubernamentales, ha quedado reducida al tamaño de un simpático chascarrillo.
Esta asimetría revela una evidente degeneración ética: en España la moral política no se mide por los hechos, sino por quién los comete. La amenaza —real o imaginaria— solo indigna si el destinatario es socialista. Si el blanco es la derecha, se convierte en un mero exceso verbal. En un calentón. La justicia, los medios, así como buena parte de la sociedad civil, han interiorizado esta asimetría como si fuera una forma legítima de convivencia democrática.
El resultado es una democracia extremadamente enferma, donde el escándalo ya no depende del delito, sino del signo ideológico del acusado. Lo de la “bomba lapa” fue un ensayo de propaganda; lo del “cianuro” es un síntoma de impunidad. Entre ambas realidades —la que exalta la mentira y la que desprecianla verdad—, se mide hoy la temperatura moral de un país que parece ha perdido todo sentido de la decencia.
Agotado la distracción estupida de las gafas, que vuelvan a citar a Pedro. Lo mismo decide teñirse el pelo de naranja o vestirse de fallera mayor. Recursos cutres de actor mediocre.
El mediador de una narcodictadura acudirá, en sustitución de un presidiario, a negociar con un huido de la justicia los Presupuestos Generales del país al que dio un golpe de Estado. Discreción, por favor.
En mi pueblo, hay carteles que llaman a combatir al fascismo. Lo cierto es que yo vivo en un pueblo muy de izquierdas, en el que jamás ha habido un alcalde de centro o de derecha. No hay mucho fascista por aquí. Pero la llamada a combatir al fascismo es constante.
La clave se entiende al observar lo sucedido con Charlie Kirk o en La Vuelta: es fascismo lo que yo digo que es fascismo y quedo automáticamente legítimado para utilizar la violencia contra él.
Al final, es la idea etarra de toda la vida: como no te puedo combatir ideológicamente, te agredo y, encima, la culpa es tuya porque un poco sí que te lo ibas buscando. Por ser conservador, por ser israelí o por ser lo que a mí se me vaya ocurriendo que seas.
@AMarinSaS@JosemaVallejo@forocoches A ver si tiene menos condenados porque acaban de indultar a todos los de los ERE y a alguno más….. no se, como dato.
Eneko, natural del País Vasco, ha puesto el tweet en castellano y no en euskera para que todos los españoles, vivan donde vivan, se enteren.
Nos dan la razón hasta sin querer.
Los nacionalistas -incluyo a Salvador Illa- no se dirigen en catalán o euskera a gente que no los habla por una cuestión de «riqueza lingüística», es su manera de establecer una frontera mental y decir «no tengo nada que ver contigo».
Si entre ellos hablan en español.
No puedo negarlo, por primera vez, tengo la sospecha de que el 23J alguien alteró la voluntad popular y que podríamos estar ante un delito inimaginable y gravísimo.
Los de la izquierda se pueden quitar el sombrerito de papel de aluminio cuando deseen y dejar de hacer el ridículo. RENFE es una mierda en caída libre los últimos tres años. Se ve que no la usan mucho.
Uno de los intentos más infames por desviar la atención sobre la gravedad del apagón del día 28 de abril y la responsabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez es el de la narrativa que incluía varias versiones de la misma idea: “Qué bien nos lo hemos pasado, hemos bailado y cantado en las calles mientras bebíamos cervezas. Ha tenido que pasar esto para que las personas nos hablemos y nos encontremos en las calles, como antes”.
El intento por parte de cuentas proxy del Gobierno de manipular a la opinión pública, especialmente a los jóvenes, es de extrema gravedad y pone de manifiesto que Pedro Sánchez, es el primer Presidente de España que ha puesto en funcionamiento de manera sistemática a la maquinaria del Estado en el trabajo de falsear, condicionar e intoxicar la realidad social de los españoles.
La realidad del apagón dista mucho de la narrativa del Gobierno y nos pone a la cabeza de la penosa lista de los países que han sufrido este tipo de apagones.
Lejos de ser motivo de regocijo, lo ocurrido con el apagón es la paralización total del país, con graves consecuencias económicas, familiares y médicas de enorme repercusión. La actividad económica del país paralizada, las pérdidas en ingresos y mermas astronómicas, miles de españoles atrapados en ascensores, trenes, vagones de metro y túneles. Pacientes con operaciones graves suspendidas, tratamientos oncológicos, diálisis, oxígeno en viviendas de pacientes y todo tipo de pruebas paralizadas.
Mayores dependientes en sus casas aislados e incomunicados, padres de niños pequeños atrapados en el centro de las ciudades sin poder ir a recogerles. Miles de personas echadas a las carreteras, andando por arcenes durante kilómetros para llegar a sus casas, en fin, pura distopía. Pero hemos tenido que aguantar la propaganda de lo felices que hemos sido bebiendo cerveza y retozando en el césped.
Pedro Sánchez ha convertido España en lo más parecido a una dictadura porque en éstas, a diferencia de las democracias, lo importante es la propaganda y la manipulación, la mentira, el engaño y la no asunción de responsabilidades. Ni una dimisión, ni una explicación, ni un motivo de lo ocurrido, ni una disculpa, ni un reconocimiento de que nos habían engañado con las bondades del sistema eléctrico.
Estamos ante una situaci��n de absoluta degradación política, institucional y, sobre todo, moral. Algo sin precedentes en España ni en Europa.
Por alguna moda absurda solo veo gente, mayoritariamente mujeres, soltando su chorrada vital solicitada por nadie y precedida de “escuchamos pero no juzgamos”. Pues mira querida, no. Tengo toda la intención de no escucharte y aún así, te juzgo. Te juzgo mucho.