Que va. Ni que fuera a hacer algo malo. No soy parte de la marina.
— Se dejó tocar la frente, con otra risa saliendo de su boca. —
Aunque no me molesta tu mirada.
— Confiado, asintió varias veces con su cabeza. Sin quitar la mirada de sus ojos, se acercó más, sobre el escritorio. —
Si no fuese el caso, seguirías con tus reportes. Pero no me quitas la mirada de encima, Sato.
— Le molestó un poco, para terminar recargándose de vuelta. —
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Su espalda se alejo del respaldo apoyando los codos sobre su escritorio.
—— ¿Extrañar a un revolucionario? Veo que se tiene mucha confianza.
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— Asintió. Se quedó cerquita de su rostro, sonriéndole. Lo hermosa que era, le derretía. —
Lo haré, lo haré. ¿Me dejas compensártelo?
— Ya sabía cómo hacerlo. O al menos, tenía una idea. — perdón, Sato…
Veremos si respondo, eh.
— Se acomodó mejor, recargándose sobre el escritorio. Mirada puesta sobre la de ella. —
Si lo dices así, suena a que me extrañaste, señorita marine.
Ahora me tienes a mí, de nuevo.
— Más besitos dejó, usando ambas manos para tomar las mejillas de su chica. Besos cortos, continuos y bonitos.
La había extrañado, demasiado. —
Oh, parece que alguien me va a interrogar.
— Igual, acató y fue a sentarse en la silla frente a ella. Ahí, se acomodó, mirándola. —
¿Necesitas ayuda? Seguro que se alguna que otra cosa… — Bromeaba, denotandolo con una corta risa. —
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Un suspiro emitió, terminando por asentir.
—— Informes, ya sabes
Ha tomado asiento en su silla y señalo la que estaba frente a su escritorio.
—— Toma asiento.
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¿Oh si? ¿Y me soñaste mucho?
— Le preguntó, rozando su mejilla suave con la de ella.
No tardó en acercarse y plantar un pequeño beso en sus labios, sonriendo. —
También te extrañé, demasiado.
Eso sería muy inteligente de tu parte. Pero, no, no creo que sea eso.
— Se alzó de hombros, siguiéndola con la mirada. Se acercó a aquel escritorio, recargándose a un lado. —
¿Trabajo nocturno? Eh, te entiendo.
— Asintió un par de veces, aferrándose de vuelta a ella. Torpe risita que soltaba, dejándose hacer. —
Por supuesto que soy real, Sato. Tu también me hiciste falta.
— Añadió, sintiendo su corazón latir de gusto, de nuevo. —
— Entró, antes de responder. Al final, no podía ser visto.
Se quitó el sombrero de copa al entrar, dedicándole una sonrisa. —
Que me dejes entrar significa que seguimos siendo “aliados”, ¿cómo has estado? — Cuestionó, con una risita. —
— Ni se movió, solo abrió ambos de sus brazos en su dirección.
Sonriente y feliz la recibió, con un abrazo lleno de fuerza y cariño; la había extrañado demasiado. —
Cómo te eche de menos, Sato. Me da gusto verte… muchísimo.
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Los ojos se le abrieron con sorpresa, sus pasos fueron lentos hasta que ahora corría en su dirección, su infinito se desactivo en el proceso, y sus brazos se estiraron para abrazarlo y aferrarse a él.
—— ¡Sabo! ¡Estás aquí!
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— Ya estaba colándose en otra base, tan solo para saludar a @himesxrcerer después de tanto.
Entre misiones no había tenido tiempo, lamentablemente.
A la ventana de su habitación se acercó, tocando con su mano. —
Psst.
Eh, lo mismo digo. Todos están esperándote. — A lo lejos que le decía, sin dejar de sonreírle. Seguía moviendo su mano de lado a lado.
En cuanto su barco atracó, finalmente, se acercó y de un brinco subió, hábilmente. —
¿Que tal el viaje, Robin? Seguro estás agotada. . .
Robin había planeado la visita a la base por un rato, su tripulación estaba de acuerdo además prometieron que “estarían bien” así que se puso en marcha
La pelinegra estaba por fin llegando al puerto logrando ver esa figura familiar de Sabo esperándola, lo cual causó una sonrisa