No les voy a mentir:
Si siguen a Gianpiero o Javierh*lamadrid, yo sí los miro un poco por encima del hombro.
Tipo, sí creo que son un pelín limitados intelectualmente. O sea, solo digo.
A los que crían para ser "hombres fuertes" a punta de coñazos por lo general terminan como hombres débiles que quieren agarrar a coñazos a las mujeres y a los hijos porque precisamente no son capaces de enfrentarse a otros hombres.
El problema de adquirir experiencia clínica es que llega un momento en que "esto no me gusta" constituye un argumento diagnóstico sorprendentemente sofisticado.
—Carlos Rangel: Soy liberal
—"Ok-"
—Carlos Rangel: Las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez fueron unas dictablandas y mataron muy poco
—"¿Que? ¿Perdona?"
—Carlos Rangel: Soy muy liberal
No tengo palabras para agradecerle a Dios y a la vida lo lindo que ha sido este año conmigo y como quitó todo lo malo de mi vida en el momento correcto.
No, nadie tiene “derecho” a esas cosas porque no son derechos, sino servicios que alguien debe producir y pagar.
Un derecho real es la libertad de expresión o no ser torturado, ya que no requieren que alguien te dé algo.
Cosas como vivienda, sanidad, comida o educación sí requieren recursos reales como tiempo de otras personas, materiales y conocimiento.
Cuando el Estado “garantiza” estos servicios, está diciendo: “alguien más tiene que pagar a la fuerza” (usualmente mediante impuestos). El problema no es la intención, sino los mecanismos.
En sistemas de mercado con propiedad privada, la gente produce más porque obtiene ganancias; la competencia baja los precios y sube la calidad.
En sistemas colectivistas con “derechos universales gratuitos” se destruyen los incentivos y aparecen la escasez, la mala calidad y la corrupción.
Por eso, en los países con mayor libertad de mercado se vive mejor que en los países con sistemas socialistas.
No voy a caer en la hipocresía de fingir que me alegra ver regresar a ciertos dirigentes políticos que durante años fueron parte de la falsa oposición, de la convivencia cómoda con el régimen y de esa política cobarde que terminó ayudando a sostener el sistema que hoy tiene a Venezuela destruida, saqueada y expulsando a millones de sus hijos por el mundo.
Muchos de los que hoy regresan no fueron precisamente héroes de esta historia. Algunos negociaron mientras el país sangraba. Otros legitimaron farsas, llamaron a confiar en tramposos y terminaron siendo piezas útiles de un modelo criminal que convirtió a Venezuela en ruina, miedo y miseria. Por eso es lógico que su regreso genere arrechera, rechazo y desconfianza. La memoria no puede borrarse con un boleto de regreso ni con un discurso reciclado.
Pero hay una realidad que está por encima de nuestras emociones y de nuestras diferencias políticas, ellos también son venezolanos. Este es su país. Y así como millones tuvieron que irse obligados por la persecución, el hambre o la destrucción nacional, también tienen derecho a volver. Porque Venezuela no le pertenece ni al chavismo, ni a la oposición, ni a un grupo de iluminados que decide quién puede pisar esta tierra y quién no.
Tener cédula venezolana debería bastar para vivir aquí, irse, regresar o quedarse. Nos guste o no nos guste. Y sí, a muchos no nos agrada ver ciertas caras otra vez intentando ocupar espacios políticos después del desastre al que ayudaron directa o indirectamente. Pero una cosa es reconocerles el derecho de volver a su país y otra muy distinta es aceptar que pretendan reciclarse políticamente como si Venezuela no tuviera memoria.
Porque el país no necesita más salvadores reciclados, más operadores de la cohabitación ni más arquitectos de derrotas disfrazados de esperanza. Venezuela necesita verdad, responsabilidad y gente que entienda el tamaño del daño que se le hizo a una nación entera.
Venezuela es de todos los venezolanos. Incluso de quienes decepcionaron al país. Pero eso no significa que el país esté obligado a olvidar quiénes fueron, qué hicieron y el papel que jugaron en esta tragedia. Así que calma que la historia tiene un lugar en el infierno para los cobardes y los traidores. De momento que estén donde decidan estar, eso no cambia su realidad.