Hoy se cumplen 7 meses desde que Maduro hizo su última aparición en VTV, el 2 de enero a las 6.18 pm. A esa hora despidió en Miraflores a la delegación China y le dijo al chino: "espero verte pronto" 🤭. El sátrapa no sospechaba que le quedaban 7 horas y media en libertad, lo tenían infiltrado hasta las metras, sabían todos sus movimientos y Delcy se sonreía. Él pensó que nunca le llegaría su sábado como a todo cochino. Disfruten los momentos finales de Maduro: 🤭😂 👇
Llevé a mi hija de 11 años a su chequeo esta mañana y la enfermera me pidió que saliera de la habitación por un momento. Me negué amablemente y ella dijo: «Es solo un momento». Y yo le respondí: «No, gracias. Dadas todas las historias sobre niños que han sido abusados, mi esposa y yo decidimos no dejar nunca a nuestros hijos a solas con nadie, ni siquiera con personal médico. Cualquier cosa que necesite hacer o decir puede hacerlo conmigo en la habitación».
Se molestó un poco y simplemente se fue. No tengo idea de cuál era su intención, pero no sintió la necesidad de continuarla conmigo presente, y eso me hace aún más desconfiar. Cuando se fue, mi hija me agradeció por no irme; ya de por sí es tímida con el médico, y sus ojos se abrieron muchísimo cuando la mujer me pidió que saliera.
En 1851, Arthur Schopenhauer observó un pequeño detalle de la naturaleza y lo convirtió en una metáfora de la vida humana.
Se fijó en los erizos en invierno: animales frágiles que, buscando calor, se acercan unos a otros.
Pero cuanto más lo intentan, más se hieren con sus propias espinas.
El frío los obliga a unirse, el dolor los obliga a separarse.
Así pasan la noche, acercándose y alejándose, hasta encontrar esa distancia justa donde sobreviven sin lastimarse.
Schopenhauer llamó a este equilibrio el dilema del erizo, y lo proyectó en las relaciones humanas.
Como los erizos, nosotros también buscamos calor en la compañía de los demás.
La soledad duele, nos empuja a acercarnos.
Pero la cercanía excesiva puede herir: roces, malentendidos, tensiones que desgastan.
El secreto está en lo que él llamó la “distancia de seguridad”: un espacio donde se mantiene la calidez sin provocar daño.
Ni demasiado cerca como para perdernos en el otro, ni tan lejos como para congelarnos en el aislamiento.
La lección es clara y atemporal:
Las relaciones más duraderas no nacen de la fusión total, sino del respeto a los límites.
En esa medida justa .ni fusión, ni abandono.
Se encuentra el calor que sostiene a los vínculos humanos.