cualquier cosa yo solo quiero estar tranquila conociendo muchos lugares ver muchos atardeceres escuchar música ir al mar tomarle foto a todo y amar a los q me aman
A veces el pozo es más hondo de lo que parece. Crees que tocas fondo, pero sigues cayendo un poco más. Y ahí abajo, donde todo pesa el doble y hasta respirar cuesta, el silencio es el único que te responde. Te acostumbras a la oscuridad, a la soledad, a fingir que todo está bien cuando por dentro todo se rompe.
Pero un día, sin fuerzas y sin ganas, algo dentro de ti susurra que pidas ayuda. Al principio da miedo, porque nos enseñaron a ser fuertes, a aguantar, a no molestar con lo que duele. Pero luego lo haces. Y cuando lo haces, te das cuenta de que nunca estuviste solo. Que había manos esperando para sostenerte, abrazos listos para recomponerte y voces que solo querían recordarte que aquí sigues, que mereces más, que la vida no termina en el pozo.
Pedir ayuda no es rendirse. Es todo lo contrario. Es el primer paso para volver a salir, para volver a ver la luz. Para volver a sentir que, después de tanto, aún queda mucho por vivir.
Nos pasamos la vida con miedo. Miedo a equivocarnos, a no estar a la altura, a dar un paso en falso y que todo se derrumbe. Nos enseñaron a temer el error, como si tropezar fuese el fin del mundo y no solo parte del camino.
Así que dudas. Te quedas ahí, en la orilla, viendo cómo otros se lanzan mientras tú sigues pensando en todo lo que podría salir mal. Y qué ironía, porque en ese intento de protegerte, terminas atrapado en un lugar donde nunca pasa nada.