Bueno, os cuento porque esto del alcalde de Alicante es peor todavía que lo de la famosa promoción de viviendas protegidas que se quedaron por la cara.
Aparece en unas obras en la playa de la Almadraba un busto bellísimo de una estatua romana de hace unos 2000 años y que se cree que representa a la diosa Venus y en un maravilloso estado de conservación.
Resulta que ha aparecido en una zona que está a escasos 20 metros de una excavación arqueológica.
El @alicanteayto la presenta diciendo que apareció el 20 de mayo y hasta le hace una cuenta de Instagram a la diosa.
Pero como esto es Alicante, gobierna el PP y el alcalde ya nos ha dejado unas cuantas perlas de "buen" gobierno resulta que nada es lo que parece...
Han aparecido los tres albañiles que la encontraron y cuentan que la encuentran nueve días antes de lo anunciado y el maravilloso y eficaz @BarcalaSierra en lugar de llevar a los arqueólogos de la excavación que está justo al lado por lo visto ordena seguir con las obras (que ya van tarde) lo cubren de hormigón (saltándose la ley), mienten con la fecha de hallazgo y no mencionan que fueron albañiles los que la encontraron.
¿Necesitáis un mapa o ya habéis detectado la tremenda golfería?
Os recuerdo que esto es Alicante y la obra es en una playa. Que son tan cafres que han dejado que el verano se les caiga encima con una playa en obras y claro, eso había que acabarlo por la vía de urgencia, aunque para ello tengas que renunciar a encontrar el resto de la estatua, que llámame loco, pero igual estaba al lado de la cabeza.
Ahora tenemos una playa en obras en pleno julio, una cabeza suelta, un metro de hormigón en el lugar del hallazgo, una puta excavación arqueológica a 20 metros, un puñado de arqueólogos que tienen que estar flipando pepinillos y una estatua del imperio romano con una cuenta de Instagram.
Y el peor alcalde de la puta y triste historia de una ciudad que ya hace mucho que se quedó sin lágrimas y sin esperanza.
La @AndaluciaJunta nos quiere colar un proyecto de hace 30 años. Una inversión que bien podría utilizarse en seguir ampliando las líneas de metro y no en volver a destrozar la tierra fértil de la #VegaDeGranada#VAU5No
💪🌿☘️🍃🍀👇
señores de @X Porqué si en mi muro tengo configurado para ver a la gente que sigo y en recientes, veo publicaciones de hace 1h, seguidamente una de hace 20 minutos y así sucesivamente cuando se tiene que ver en orden de recientes. Incluso publicaciones de la misma cuenta
No heredamos el patrimonio cultural de nuestros antepasados. Lo tomamos prestado de quienes vendrán después.
Cada decisión sobre un monumento u obra de arte dice más del presente que del pasado.
La pregunta es:
¿qué historia queremos contar dentro de 100 años?
🚨 Vehículo sustraído‼️
Nos solicitan colaboración para difundir la sustracción de este Citroën C3 Aircross blanco, matrícula 3149 MVL, ocurrida en el día de ayer.
Si dispones de cualquier información que pueda ayudar a su localización, contactanos.
#Comparte para dar difusión.
La Catedral de Teruel es un símbolo del mudéjar. Pero también es un símbolo de Aragón, y de toda la arquitectura española.
Un edificio mestizo, cuyo techo apareció en un bombardeo de la Guerra Civil y ahora es Patrimonio de la Humanidad.
Esta es la historia. 🧵⤵️
"Mientras los informativos miran al crucero, investigadores publican un estudio que acojona: entre 2019 y 2024 murieron por cáncer en Andalucía casi 4.000 personas más de lo estadísticamente esperable".
Hoy, en diario de campaña: el Bonillavirus.
https://t.co/TtR1pir9A4
Y Extremadura se sigue quedando incomunicada. Hasta cuando tenemos que soportas esto? Problemas con el tren y ahora directamente sin conexión en autobús. Completamente injusto e insoportable
'Última oportunidad para salvar la Casa Caballero-Magán'
👉Las asociaciones de patrimonio de Guadix hacen un llamamiento a @dipgra y VISOGSA ante la “última oportunidad” para salvar la Casa Caballero‑Magán. Te informamos.
https://t.co/OD59BQZzRC
Este hombre se llama Mohamed Bzeek, vive en California y esa niña que tiene en brazos murió pocos días después de que le hicieran la foto, también en sus brazos. No era su hija. Era uno de los diez niños que han muerto bajo su cuidado. Porque Bzeek es padre de acogida y solo acoge a niños en estado terminal, para que no mueran solos.
Nació en Trípoli en 1954, antes de irse de Libia corría maratones. En 1978 entró en Estados Unidos con un visado de estudiante y allí se quedó. Vive en Azusa, una de esas localidades del extrarradio de Los Ángeles por donde circulan camiones y donde las casas tienen una pinta genérica, agrupadas sin llamar la atención.
En 1989 conoció a Dawn Rowe, que ya era madre de acogida desde principios de los ochenta, se casaron y empezaron a acoger juntos. En 1995 tomaron la decisión de dedicarse exclusivamente a niños con enfermedades terminales, los que nadie quería.
Me pregunto cómo fue ese momento exacto en que dos personas se sientan en una cocina y deciden que van a abrir su casa a los niños que se mueren, y en cómo esa decisión se toma, sin actas, sin nada que la registre, y sin embargo organiza el resto de una vida.
La primera niña que murió en su casa tenía un año, espina bífida, parte de la columna le crecía fuera de la piel. Murió el 4 de julio de 1991, mientras Mohamed se duchaba y Dawn preparaba la cena, él recuerda haber salido del baño y haber encontrado médicos en su salón. Lloró tres días.
Desde entonces ha acogido a unos ochenta niños, diez han muerto en sus brazos. El condado de Los Ángeles, cuatro millones de habitantes, lo llama cuando no hay nadie más. Lo llaman el padre de último recurso.
Muchos llegan sin nombre, nacen en hospitales y los abandonan, las familias no los nombran y en el papel pone "Baby boy", "Baby girl". Mohamed los nombra, les pone un nombre antes de que mueran.
Un nombre es gratis, cuatro sílabas, pero ese gesto, cuando se pone el nombre, decide si un niño que vivirá tres semanas existirá como persona o como registro administrativo.
Su hijo biológico, Adam, nació con osteogénesis imperfecta y enanismo, se ha roto casi todos los huesos del cuerpo. Dawn murió en 2015 de una enfermedad pulmonar y desde entonces Mohamed sigue solo, solo puede ocuparse de un niño a la vez. Cuando un periodista del Los Angeles Times entró en su casa en 2017 cuidaba de una niña de seis años con microcefalia, ciega, sorda, pies zambos, caderas dislocadas, no movía brazos ni piernas, tenía convulsiones. La había recibido con siete semanas de vida y le habían dicho que viviría unos meses. La sostenía durante las convulsiones y le hablaba aunque no oyera.
Sé que no puede oír, sé que no puede ver, pero le hablo, tiene sentimientos, es un ser humano.
En 2016, a Bzeek le diagnosticaron cáncer de colon, le pidió tiempo al médico, no puedo operarme todavía, tengo a un niño en casa que es terminal y tengo a mi hijo, que es discapacitado, no hay nadie más para ellos. En el hospital, ingresado, solo, dijo que por primera vez entendió lo que sentían los niños que cuidaba. Si yo a esta edad estoy asustado, cómo estarán ellos. Se operó y siguió.
Bzeek es musulmán practicante. Su historia se hizo internacional en febrero de 2017, justo cuando Trump firmó la orden ejecutiva que vetaba la entrada en Estados Unidos a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, Libia era uno de ellos. Ese mismo mes, en Azusa, el único padre de acogida de toda la ciudad de Los Ángeles dispuesto a llevarse a casa a los niños terminales era un libio musulmán.
Aunque mi corazón se rompa, dijo una vez, la muerte es parte de la vida, estoy con ellos hasta el final, los conforto, los quiero, quiero que sientan que tienen una familia, que tienen a alguien. Que no están solos.
Hoy es 25 de Abril. Hoy es la Revolución de los Claveles.
La primavera caía con esa luz atlántica de Lisboa que iguala los tejados y los rostros. Celeste Caeiro trotaba por las calles del Chiado con un ramo enorme entre los brazos, casi sin ver el suelo. Cuarenta años, metro cincuenta, madre soltera, militante clandestina del Partido Comunista Português. Camarera.
El restaurante donde trabajaba cumplía un año al día siguiente y los dueños querían flores en cada mesa. Una flor para cada comensal. Cuando llegó al local, el gerente apenas pudo distinguir su figura detrás del ramo.
—Solo hay claveles— dijo ella. —Es la flor de la temporada.
A las 22:55 del 24 de abril de 1974, un técnico lisboeta colocó la aguja sobre un disco de vinilo. Sonaba «E depois do Adeus», el tema mediocre con el que Portugal había quedado último en Eurovisión dos semanas antes. Para los pocos que la oyeron, una canción más en la radio. Para el mayor Otelo Saraiva de Carvalho, una orden. Levantó el teléfono desde su despacho en el cuartel de La Pontinha. «¿Están preparados?» «Estamos preparados», contestó el capitán Salgueiro Maia desde Santarém, cien kilómetros al norte.
Y luego el silencio entre los dos hombres. El silencio de lo que un militar de veintinueve años trae consigo cuando vuelve de la Guerra de Ultramar y descubre que en su país solo está permitido callar, el silencio de aldeas arrasadas que Maia había visto en África, de niños muertos.
Pensé después en los sistemas que producen un instante así. La canción mediocre convertida en clave. El disco prensado en alguna fábrica anónima. Las antenas, los cables, el tema cruzando el éter portugués sin que nadie excepto un puñado de capitanes supiera que estaba cruzando una frontera invisible.
A las 00:25 del 25 de abril, Rádio Renascença emitió «Grândola, Vila Morena», de Zeca Afonso. Una canción prohibida, la segunda señal. Salgueiro Maia armó la columna y comenzó a marchar hacia Lisboa por la madrugada. Maia escuchaba las ruedas del blindado golpeando la gravilla y sabía que esta vez el camino no podía pararse.
«No habrá fiesta», dijo el encargado del restaurante. «Fuera hay una revolución».
Caeiro miró los claveles. Le dio pena que se estropearan, así que cogió un par de ramilletes y salió a la calle, eran las ocho de la mañana y la ciudad estaba ya en las calles. Decenas de miles de lisboetas. Caeiro avanzó por la Rua Augusta entre cuerpos que gritaban justicia, libertad, igualdad. En Rossio, los carros blindados ocupaban la parte norte de la plaza y los militares no apuntaban a nadie y los civiles tampoco se apartaban.
Caeiro se acercó a uno de los blindados. Un soldado jovencísimo con cara de frío, le pidió un cigarrillo, llevaba toda la noche de guardia. Ella no fumaba, así que miró alrededor buscando algo abierto, un estanco, un bar. Nada.
—Solo tengo flores— dijo, y le alargó un clavel rojo.
El soldado estiró el brazo desde la cubierta del tanque, recogió la flor y la introdujo cuidadosamente en el cañón del fusil. El gesto duró unos pocos segundos, muy pocos segundos. Luego otros militares pidieron claveles a los lisboetas y los lisboetas les dieron la flor de la temporada. Tallos verdes en los huecos de los cañones, pétalos donde deberían salir balas.
Pensé en cómo se forma un símbolo. Cómo una mujer que iba a montar una fiesta acaba inventando, sin saberlo, el nombre de una revolución.
A las 17:45 el general Spínola certificó la capitulación del Gobierno en el Cuartel do Carmo, caía la dictadura más antigua de Europa. En Vietnam caían toneladas de napalm sobre la jungla. En Lisboa, los soldados llevaban flores en sus fusiles.
"Tierra de fraternidad. El pueblo es quien más ordena. En cada esquina, un amigo. En cada rostro, igualdad".
El SAS vuelve a cambiar de ambulancia a un paciente, derivado del Hospital de Baza a Granada, en una gasolinera en plena A-92
"No es digno", denuncia la delegada de @UGT_Granada en el Distrito Sanitario Nordeste. Te informamos
👇👇👇
https://t.co/1lmVIdDdN1