No son monstruos.
Son hombres integrados en su comunidad que asesinan y esconden el cadáver de su vecina 9 años.
Es el marido que droga 10 años a su esposa para que otros la violen.
Es el policía que acosa a su
compañera.
No son seres marginales: es violencia estructural.
Si no entendemos la relación que existen entre estas conductas y la pornografía no estamos entendiendo nada y desprotegemos a la infancia y adolescencia en su conjunto. En especial a las niñas.