Creo que lo más difícil de la vida adulta es que, sin importar tu estado de ánimo o la situación por la que estés pasando, tienes que seguir adelante. Porque la vida sigue, aunque tú no estés bien.
Aspiro a una vida tranquila porque ya viví demasiado tiempo en medio de la ira, el caos y el desorden. Hoy elijo la calma, los límites y la distancia de todo aquello que me roba estabilidad. Entendí que mi paz no es un lujo: es una necesidad que voy a cuidar.