Me pierdo en verde hondo y torno a nacer. Raíz que respira sin prisa, ramas que alzan vuelo hacia horizontes compartidos. Aquí la libertad no se busca: se vive.
Guardiana de historias porque soy incapaz de encontrar la voz y las palabras para narrarlas. Desde luego que intento deslizar la pluma sobre el papel, pero nunca funciona. Parece que no tengo nada que añadir a las estanterías de nadie.
Tenemos un grave problema de falta de empatía debido a mala percepción y práctica del individualismo. ¿Cómo es que hacer sentir mal puede llegar a hacer sentir bien? ¿En qué nos hemos convertido? Basta de construir nuestra autoestima a costa de la destrucción de la de los demás.
Cada vez más lejos del ojo público, haciendo oídos sordos a quienes solo dominan el lenguaje del juicio. Nunca sola, sin embargo, porque me tengo a mí misma. Siempre introspectiva, pensativa... ¿Y si la felicidad fuera disponer de soledad, de espacio y de silencio?
Abrir los ojos antes que el sol y verlo acariciar las mañanas frías con su tibieza, sintiendo el rocío bajo mis pies descalzos y tomándome el café matutino mientras los pájaros arrullan con sus cantos a los que aún duermen. Despertar temprano nunca será una tortura para mí.
Mi corazón es como un pájaro que canta, cuyo nido se halla sobre un brote rociado. Mi corazón es como un manzano cuyos brazos están cargados de frutos apiñados. Mi corazón es más feliz que todos ellos porque mi amor ha venido a mí.
@ensusraices “Me tienes en tus manos / y me lees lo mismo que un libro. / Sabes lo que yo ignoro / y me dices las cosas que no me digo. / Me aprendo en ti más que en mi mismo”.
Cuando pienso en esos millones y millones de seres que viven la misma vida que yo, a muchos miles de kilómetros de distancia, seres a los que nunca conoceré y que nada saben de mí, me pregunto: ¿realmente no hay ningún lazo que nos una? ¿Moriremos sin conocernos? No puede ser…