Bañarse sirve para todo. Para despertarse. Para sacarse el frío o sacarse el calor, para pensar, para no pensar, para pasar el tiempo, para hacer tiempo. Para distraerse. Para escuchar música y cantar en paz. Cómo puede haber gente que no le guste bañarse?
Salir caminando por estos pasillos a la vida real después de haber estado dos horas viendo una película y no estar ubicado en tiempo y espacio. Placeres de la vida
Por fin lo entendí: el amor de mi vida no pasaría ni un solo día sin hablarme, no soportaría verme llorar, no podría estar ni un segundo sin saber de mí. Escucharía cada pensamiento y cada sentimiento como si fueran los más importantes del mundo. No sería alguien que aparece cuando le conviene o desaparece cuando las cosas se ponen difíciles. Sería esa persona que elige quedarse, que me busca incluso cuando todo está bien, que me abraza antes de que termine de explicar por qué lloro. Y hoy, al darme cuenta de eso, dejé de conformarme con menos. Porque merezco un amor que no me haga dudar ni un segundo de si soy prioridad.
No, a mí no me gusta discutir. Me gusta poder decir lo que me molesta sin que me hagan sentir exagerada o conflictiva. Porque expresar lo que duele no es discutir, es poner límites. Y quien sabe amar, escucha para comprender, no para defender su ego.