el precio que pagamos por relacionarnos con gente equivocada es motivo suficiente para que seamos más estrictos sobre a quien dejamos entrar a nuestras vidas
Que fortuna estar sano, que fortuna poder amar y que te amen, que fortuna despertar y contemplar la vida, que fortuna llorar y liberar el alma, que fortuna tener a los que amo, que fortuna tenerme a mí.
Tan ocupada tratando de mantener mi vida en orden, que olvidé que mi yo del pasado estaría muy orgullosa de lo que mucho que he crecido, sanado y logrado, pues muchas veces soñé con estar justo donde estoy hoy.