El nivel de movilización y ayuda que hay en la calle es profundamente conmovedor. En estos momentos es que se ve qué tiene realmente la gente por dentro. A pesar del sufrimiento y la tragedia, el espíritu de solidaridad del venezolano sigue fuerte y de pie.
Estar en un centro de acopio es enorgullecerse del país que somos. Cuanta solidaridad, cuanta empatía, cuanto sentido de pertenencia. Gente de todas las edades y de todos los lugares trabajando juntas por el bien común. Somos eso, eso es Venezuela.
No puedo dormir. Los míos están bien y yo también. Pero por dentro siento un quiebre espantoso. Como si cada niño fuese mi hermanito, como si cada mamá fuese la mía, como si cada abuela fuese la que me crió… que sentimiento tan extraño y complicado.
Admiro esa capacidad del venezolano de siempre ayudar, de salir a la calle y tener siempre una mano que brindar.
No tenemos los recursos para atravesar estas situaciones, pero hacemos una vaca entre todos y los conseguimos. Me quedo con eso❤️🇻🇪.
Creíamos que éramos una sociedad atomizada, desconfiada y diluida. Que el chavismo había ganado al someternos a la paranoia y al autosaboteo.
En las últimas 24 horas hemos demostrado que no somos eso. Que estamos hechos de otra cosa y que realmente somos una comunidad extraordinaria, capaz de lo extraordinario.
Hoy, en medio de la tragedia, nos hemos dado suficiente para que todos nos sintamos orgullosos y felices de lo que somos.
Ser venezolano es tan difícil que, a veces, el dolor no solo está en lo que vivimos, sino también en intentar explicárselo a quienes nunca lo han vivido
Es allí cuando la tristeza se hace más profunda, porque para nosotros parece ser una tragedia tras otra, una herida sobre otra. Y aunque muchos intentan comprender, hay dolores que solo entiende quien los ha sentido de cerca
Hoy, como tantas otras veces, Venezuela vuelve a doler más de lo normal
No importa lo que te digan sabiendo todo lo que has pasado como venezolano; llevar a Venezuela en otro lugar del mundo, o habitarla, es solo para valientes.