llega un momento de tu vida en el que debes dejar de culpar a tu profesor de lengua de segundo de la eso de la indiferencia que te provoca la lectura. a muchos tampoco os importaba educación física y ahora vais al gimnasio… las decisiones de vuestra vida adulta son vuestras
A dos días para el eclipse y aún no me he unido a ninguna secta. Al final me voy a perder la resurrección de aquel que no puede ser nombrado, verás tú.
Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn
"La antropología es la ciencia del sentido del humor. Puede definirse así sin demasiada pretensión o jocosidad. Porque vernos a nosotros mismos como nos ven los demás no es más que el reverso y la contrapartida del don de ver a los demás como realmente son y como quieren ser."
Dudas sobre las condiciones laborales de los docentes:
1. Los profesores cobramos sólo por un mes de vacaciones. Cada mes nos quita la junta un % de la nómina para pagar en agosto sumado al IRPF
2. Me voy de vacaciones en temporadas altas (gasto más)
3. Para que la renta +
L'INFERNO (1911), el primer largometraje de terror, adaptaba libremente el libro del infierno de 'La divina comedia' de Dante. Aquí está frente a frente a las ilustraciones de Gustave Doré para la misma obra.
En la década de 1830, entre el 20 y el 30 por ciento de los varones adultos en Inglaterra firmaron peticiones contra la esclavitud. Ese apoyo masivo no surgió de la nada. Una de las claves residía en la industrialización: a medida que la economía británica se transformaba, también cambiaba quién tenía poder para impulsar reformas morales. A ese respecto, los nuevos capitalistas e industriales fueron decisivos. No dependían de los beneficios del azúcar caribeño, no tenían esclavos ni intereses en plantaciones. Así pues, eran precisamente los parlamentarios industriales, o hijos de industriales, quienes más apoyaron los proyectos abolicionistas. Otras élites no mostraban el mismo patrón. Ni los comerciantes, ni los aristócratas, ni quienes habían estudiado en Oxford o Cambridge se alinearon de manera sistemática con la causa.
Las primeras peticiones antiesclavistas conservadas ya mostraron este patrón. En la de Manchester de 1806, las ocupaciones más habituales de los firmantes estaban vinculadas a la manufactura, y sus nombres aparecían en las primeras páginas, lo que indica centralidad en la movilización. Lo mismo sucedía en la Sociedad Antiesclavista, fundada en 1787: los industriales estaban sobrerrepresentados, aportaban más fondos y ocupaban posiciones de liderazgo. Las zonas más industrializadas, medidas por disponibilidad de carbón o por la tradición de molinos hidráulicos, enviaron sistemáticamente más peticiones contra la esclavitud a lo largo de cincuenta años de campañas.
La industrialización también aumentó la productividad lo suficiente como para hacer obsoleta la esclavitud como institución. Los capitalistas querían mano de obra remunerada y una economía capaz de generar consumidores. El esclavismo producía trabajo forzado, pero no producía mercado.
Con todo, no fue solo una cuestión económica. Los industriales se distinguían por un lenguaje moral más universalista, centrado en la equidad y la dignidad humana, visible incluso en debates no relacionados con la esclavitud. Ese estilo moral, unido a su creciente poder económico, arrastró a otros grupos de la clase media hacia la causa y permitió que las campañas antiesclavistas alcanzaran una escala sin precedentes.
Naturalmente, no podemos saber si ese estilo moral más universalista surgió de una convicción profunda o porque los incentivos de los propios industriales favorecieron esa forma de mirar el mundo. Lo más probable es que ambas cosas se reforzaran mutuamente. Su distancia económica respecto al esclavismo les permitía hablar de equidad y dignidad humana sin amenazar su posición, y ese mismo marco moral reforzaba un orden productivo que necesitaba trabajadores libres y consumidores con ingresos. En suma, fue una configuración nueva de intereses y principios que, una vez articulada, resultó contagiosa. Cuando ese lenguaje permeó al resto de la clase media, la causa dejó de ser marginal y pasó a convertirse en una movilización nacional capaz de derribar una institución que durante siglos se había presentado como intocable.
Por supuesto, también podemos tratar de conjeturar qué fuerzas propiciaron que este nuevo marco resultara tan contagioso. Por un lado, en una sociedad que se ha hecho más urbana e industrial, la gente necesita un relato que explique quién merece qué. El lenguaje universalista encaja muy bien con la experiencia diaria de la clase media y obrera industrial: personas que trabajan por salario, cumplen contratos y dependen de normas impersonales. Por otro lado, ese estilo moral funciona como credencial. Adoptarlo permite marcar distancia respecto al “viejo orden” esclavista y agrario y presentarse como parte de la vanguardia respetable del país. Es una forma de cognición conspicua: mostrar que uno piensa “a la altura de los tiempos”, que ha interiorizado una sensibilidad moderna, ilustrada, que no es provincial ni garbancero.
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@alg_void@rorintv@cjperez45 Jijiji. No tanto como para decir que alguien de Segovia es de Madrid. A ver si el sunnormal vas a ser tu, disminuido mental. A la próxima mirás la procedencia de la gente y no te llevas el zasca.