Se llama Jorge. Perdió a sus tres hijos, su exesposa y sus nietos en el terremoto.
Antes de orar por él, nos pidió algo que nos dejó en silencio: no quería provisiones ni ayuda material, solo un abrazo fuerte, un gesto de consuelo.
También nos dijo que valoráramos a nuestra familia mientras están en vida, que son lo más importante. Nos pidió repetirles cada día, en todo momento, cuánto los amamos.
Historias como la suya se repiten por miles en La Guaira.
Hoy, con el corazón apretado, elevo una oración al Dios del cielo para que fortalezca a este hombre y a todos los que atraviesan pérdidas tan profundas.
Confiamos en Él