¿POR QUÉ CAYÓ ROMA? (PRESENTACIÓN DE LA SERIE)
NO CAYÓ POR EL CRISTIANISMO, NO CAYÓ POR LOS BÁRBAROS Y NO CAYÓ EN 476.
La caída del Imperio Romano de Occidente es uno de los temas más populares de la divulgación histórica y, al mismo tiempo, uno de los que circulan con más tópicos hoy descartados por la historiografía. Empiezo aquí una serie de publicaciones temáticas para recorrer una por una las hipótesis serias, desmontar las que ya no se sostienen y, al cierre, presentar la tesis que sostiene buena parte de la historiografía actual. La civilización romana de Occidente no murió en el 476, se transformó a través de la Iglesia.
La tesis más famosa, la de Edward Gibbon en 'The History of the Decline and Fall of the Roman Empire' (1776-1789), atribuía la caída al cristianismo y a la pérdida de la 'virtus' republicana. Hoy ya nadie la sostiene en serio. Mike Duncan lo escribió con claridad en 'The New Republic' hace dos años. Ningún estudioso serio del mundo romano sostiene hoy que el cristianismo desempeñara ese papel central en la caída del Imperio. La razón básica es que el Imperio Romano de Oriente, cristiano hasta la médula, sobrevivió mil años más, hasta 1453. Una causa que produce la caída de la mitad occidental pero no toca a la oriental no puede ser la causa.
El debate académico actual es otro. Se libra entre dos grandes escuelas. La escuela del colapso, representada por Bryan Ward-Perkins en 'The Fall of Rome and the End of Civilization', Premio PEN Hessell-Tiltman 2006, y por Peter Heather en 'The Fall of the Roman Empire', sostiene que hubo desplome material y militar real, con presión bárbara decisiva y derrumbe de los niveles de vida medibles arqueológicamente, cerámica fina, tejados de teja, alfabetización epigráfica y tamaños óseos del ganado. La escuela de la transformación, fundada por Peter Brown en 'The World of Late Antiquity' y continuada por Walter Goffart, Chris Wickham y Guy Halsall, propone en cambio una mutación gradual, sin catástrofe brusca, en la que los bárbaros se acomodaron y la cultura tardoantigua dio luz a algo nuevo. A esto se suman dos vectores más, la disfunción política interna estudiada por Adrian Goldsworthy y Michael Kulikowski, y los factores ambientales y pandémicos analizados por Kyle Harper en 'The Fate of Rome', escuela esta última contestada a fondo por la respuesta colectiva de Haldon, Elton, Huebner, Izdebski, Mordechai y Newfield en 'History Compass'.
La serie recorrerá las hipótesis principales una a una. Presión germánica, colapso económico y monetario rastreado en la metalurgia del denario por Kevin Butcher y Matthew Ponting, peso fiscal y burocrático tetrárquico, desintegración política con los generalísimos bárbaros, Estilicón, Aecio, Ricimero y Odoacro, barbarización del ejército, clima y pandemias con sus matices críticos. Hipótesis obsoletas como el envenenamiento por plomo, ya refutado por John Scarborough y por Lionel y Diane Needleman.
Tres publicaciones se dedicarán al papel real de la Iglesia y la pieza de cierre presentará la tesis sostenida hoy por Brown, Wickham, Markus, Cameron y McCormick. La Roma de Occidente no murió en 476, se transformó.