Se que esto es más viejo que el periodismo y que mis colegas más puristas me van a discutir, pero esconderse atrás de un árbol para violar la privacidad de uno los momentos más duros de la vida solo para retratar la tristeza ajena, me parece de una bajeza y miserabilidad indescriptible. Messi no se merece a varios de los argentinos a los que, irónicamente, les dio alegrías