Que el sismo de Venezuela esté entre los tres más catastróficos del mundo, según Kit Miyamoto, no es un titular más: es una alerta para revisar cómo construimos, cómo fiscalizamos y cómo nos preparamos para emergencias.
Se siente culpable el que no pudo salvar a su familia.
Se siente culpable el que sobrevivió.
Se siente culpable el que está afuera y no pudo ayudar en primera línea.
Se siente culpable quien cree que puede estar haciendo más.
Se sienten culpables todos, menos los responsables.
“No todos servimos para todo, pero todos servimos para algo” lo dijo Ale Otero en su IG y desde que lo leí es mi mantra. Si generar alegría es lo que mejor sabemos hacer, nos toca hacerlo mejor que nunca.
Mientras exista esa Venezuela que cocina para desconocidos, que remueve escombros con sus propias manos, que organiza centros de acopio, que ayuda con la mejor actitud sin tener mucho, también existirá la esperanza de reconstruirla.
Les ruego por favor que no dejen de hablar de Venezuela, ya se está sintiendo cómo baja la ayuda. Ayer donando insumos en la Opp25 de Tanaguarena, la gente tenía pánico de no saber qué va a comer esta semana, PORQUE SIGUEN SIN TENER NINGUNA RESPUESTA NI AYUDA DEL GOBIERNO
hay gente que todavía repite “un terremoto de 7.0 no es nada”. mi hermano, no fue uno, fueron dos. uno después de otro. si te parece gracioso “competir” por cuál país tiene terremotos más fuertes e invalidar la experiencia de otros, usted es candidato para paciente psiquiátrico.