No me digas que "estás enamorado" si mi silencio
después de una pelea no te revuelve el estómago, si verme llorar no te vuelve loco. Y no, no puedes "estar enamorado" si mi dolor no te empuja a arreglar las cosas.
No sé si soy un sueño fugaz
que se desvanece con el alba o la
eternidad que visita tus noches.
No sé si en mí encuentras tu paz
o el origen de todos tus tormentos.
No sé si soy el amor de tu vida o la
mancha que no olvidas.
No sé si soy para ti la luz que
te guía o la sombra que se niega
a abandonarte. No sé si habito en
tu alma como un pecado que escondes,
como una plegaria que repites en
silencio.
Tú y yo no nacimos para la redención, sino para reconocernos entre las sombras. Somos dos demonios errantes, dos pecados escritos por la misma mano, la misma condena dividida en dos cuerpos.