Haz bien las cosas pequeñas.
Por faltar un clavo se perdió la herradura, y después por la herradura se perdió el caballo, y por el caballo el jinete, y por el jinete el mensaje, y por el mensaje la batalla, y por la batalla el reino.
Los detalles importan, requieren disciplina.
En los desafíos hallamos la oportunidad de descubrir el verdadero propósito de nuestras vidas; cada obstáculo, un regalo divino que nos impulsa a crecer y encontrar significado.
Es importante tratar a las personas de manera justa y no caer en la trampa de etiquetarlas de manera simplista, ya que todos somos seres humanos complejos con muchas dimensiones en nuestras vidas.
En lo inmediato pensamos que un centavo no hace la diferencia. Si entrenas una hora hoy, mañana pesarás lo mismo, no notarás ningún cambio, pero eso no significa que sea inefectivo. Es una apuesta que se multiplica como tu tímido centavo.
Invierte en ti, tu voluntad reditúa la mayor tasa de crecimiento. Eres la mejor inversión a largo plazo y el negocio que no tiene ningún otro riesgo que intentarlo. Mantente firme en las caídas porque es precisamente en las crisis que las acciones nos ofrecen sus mayores rendimientos. Cuentas con el soporte divino, nunca te hallarás sin fondos si te respaldas con la fe.
Multiplícate con la apuesta futura, con la confianza absoluta de que la inversión que haces en ti necesitará dibujar nuevos gráficos para que te contengan. Eres la moneda que duplica su valor en cada apuesta, eres el suelo hinchado de riquezas que ahora construyes. Sé perseverante y no te devalúes. Si te mantienes firme cotizas al alza.
Tu tenacidad supera el valor de los metales y las piedras preciosas, tu disciplina redefine las matemáticas de los índices. Te resguarda el oro de tu corazón. Ninguna liquidez es más valiosa que la del sudor de tu esfuerzo, ningún cierre más estimable que las veces que has dicho «no» porque confías en un «sí» superior.
Yo me la juego por ti. Tu valor se duplicará cada día. DIOS va contigo y con eso te basta.