@sebalacunza es un copy cat, lo mismo hizo trump al subir los aranceles cuando sentenciaron a Bolsonaro padre para presionar a Lula políticamente. Niley es la estampita berreta de trump en la región, un proxy de la complisecencia necesaria para la política exterior predatoria norteamericana.
Niley y la casta en la rosada (caputto x 2, sturzeneger, bulrrich, laje), la complicidad radical de siempre, coimeros del pj que votaron en el congreso todo + karina 3% y los corruptos endogenos+ thiel + la alineacion proyanqui e Israeli debemos combatir y expulsar del PEN.
Ayer vimos, con vergüenza ajena, al presidente Milei ofender e insultar al gobierno de Brasil, a su presidente y a todo un país. Desde la provincia de Buenos Aires sostenemos que la Argentina respeta a las naciones hermanas y apuesta a la integración regional.
Hoy me comuniqué con Mauro Vieira, el canciller de Brasil, en nombre del @BonaerensePJ, para transmitirle que Milei no representa el sentir del pueblo argentino.
Brasil es nuestro principal socio comercial. Con estas provocaciones, Milei pone en riesgo inversiones, exportaciones, miles de puestos de trabajo y los intereses de la Argentina, todo para sostener a un candidato por pedido de Trump.
La relación con Brasil merece responsabilidad, no provocaciones.
Ademas del texto emancipatorio de Caparros, sugiero leer El santo oficio de la memoria de Giardinelli. Hay que bajarle el precio a la Argentina vio, para que el litio sea + barato para el dueño de esta red. Yapa: falta una estrella a la chomba de IA de este soquete hollywoodense.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)
@sebalacunza la redes son una trampa para todos, incluso los que estudian y denuncian sus canalladas. El secreto sigue siendo el mismo, alimentar la curiosidad y no el ego. Que siga mendigando likes.
El corrupto Milei no sólo le va a entregar a su ex patrón la concesión de los aeropuertos hasta 2066: también va a regalar la participación del Estado en la compañía.
Efectivamente, el contrato clandestino que firmaron el 26 de septiembre pasado el CEO de Aeropuertos Argentina Daniel Ketchibachian y el reo presidente del ORSNA Javier Leal (el de los dos palos verdes y la falopa en la casa) acordó “la venta de la participación accionaria del ESTADO NACIONAL en la Sociedad Concesionaria”.
La privatización de la parte del Estado en Aeropuertos Argentina (el 15%) se hizo mediante negociaciones y acuerdos secretos e ilegales. No informaron al Congreso, ni a la opinión pública, y hasta las reuniones fueron clasificadas como “secretas”.
Hoy los directores por el Estado son Federico Furiase (el secretario de Finanzas, que además recibió un hipotecario de $ 300 millones del Nación) y ese delincuente que se hace llamar Juan Pazo (ex titular del ARCA). Pazo condujo y conduce las negociaciones junto a Leal, con el apoyo de una funcionaria muy, pero muy (pero muy, eh!) cercana a Pazo, de quien ya les hablaré.
Milei iba a ratificar el acuerdo en medio del Mundial, pero la firma se frenó por la detención de Leal, y ahora están esperando que se disipe la tormenta para sacarlo con la firma de alguien que no esté preso. Vamos a seguir el tema, pese al silencio atronador que la pauta provoca en los medios.
@martin_caparros ex ruckauff, ex pro, ex cambiemos y ahora con la libertad para psicopatías libres. Panqueque, rico y que seguramente aportara agua al molino de los que mas tienen como cagadornis solo para retribuir su cargo. Nata grasosa de la casta política Argenta, aberrante.
Congreso Nacional, vergüenza nacional.
Ayer, los que hablaban de Ficha Limpia no dieron quórum para tratar la moción de censura a Adorni. Hoy votaron en contra de nuestro pedido para que el Jefe de Gabinete venga al recinto a dar explicaciones.
Cuando hay que investigar a uno de los suyos, prefieren garantizar la impunidad antes que la transparencia. Ficha limpia, rabo sucio. Son unos caraduras totales.
@madorni deberian haberte hechado hace mucho a vos. Las declaraciones juradas son antes de ingresar a la gestión y no deberia haber blanqueo para funcionarios. Deja de postear giladas además.
@sebalacunza ademas el discurso negacionista quizo ensuciarlas con denuncias de corrupción, queda claro por su modo de vida que todo fue lawfare y los facistas de siempre haciendo inteligencia barata.
@edufeiok lawdare, fake news, abogados que nunca serán ni harán periodismo y mamarracho jurídico. Vermouth con papas fritas y la maquina de hacer boludos. Lo dijo Tato hace 50 años.
Adorni expuso 14 inconsistencias y contradicciones. Con un problema central: afirmó tener USD 300.000 en ganancias de Bitcoin de 2013-2018. Pero la única "documentación" que presentó fueron screenshots sin certificación pericial, sin cadena de custodia, sin verificación independiente. Abro hilo
La teoría del #AjusteDeCuentas en el caso #Agostina es la que más le conviene a poder, porque permite quitarle los ojos de encima a la política provincial, a la Policía y a los investigadores judiciales.
En el día del periodista, conviene reconocer cuando nos están operando.
@andyferreyra igual deberia pedir para los caputos/lajes locales que idearon el cobro SEM. Criminalizó naranjitas, enfrentó a ciudadanos vs naranjitas, judicializo naranjitas y luego paso el costo económico y político a los vecinos (metiendo nafta a la grieta original). Nostradamus un gil.