🧬 ¿La creatina daña el riñón? ¿Puede tener un papel en la DM2?
La evidencia más reciente desmonta algunos mitos y aclara qué sabemos realmente sobre su seguridad, su impacto en la función renal y su potencial metabólico.
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La medicina se volvió tan románticamente explotadora… que ahora la raza joven ya no quiere “ponerse la camiseta” Y la neta, los entiendo. Porque una cosa es amar la medicina… y otra muy distinta es normalizar: hipertensión a los 38, divorcios por ausencia emocional,gastritis hemorrágica patrocinada por urgencias, lumbalgia degenerativa nivel Chernóbil y seguir haciendo guardias a los 55 años como si el cuerpo fuera un catéter Mahurkar eterno.
El verdadero problema no es que todos quieran derma. El problema es que las otras especialidades siguen funcionando como si el residente fuera un Nokia del 2003: indestructible y sin derecho a batería baja
La medicina se volvió tan románticamente explotadora… que ahora la raza joven ya no quiere “ponerse la camiseta” Y la neta, los entiendo. Porque una cosa es amar la medicina… y otra muy distinta es normalizar: hipertensión a los 38, divorcios por ausencia emocional,gastritis hemorrágica patrocinada por urgencias, lumbalgia degenerativa nivel Chernóbil y seguir haciendo guardias a los 55 años como si el cuerpo fuera un catéter Mahurkar eterno.
El verdadero problema no es que todos quieran derma. El problema es que las otras especialidades siguen funcionando como si el residente fuera un Nokia del 2003: indestructible y sin derecho a batería baja
Se viene rollo filosófico, aviso ;)
Llevo casi 30 años en el mundo tech. He cofundado empresas, gestionado equipos, invertido en startups, construido productos desde cero. Y hay algo que me está pasando con la IA que me cuesta describir con una sola palabra. Así que voy a intentar describirlo con varias.
La primera reacción, al menos en mi caso, cuando empiezas a usar estas herramientas de verdad, es una mezcla rara. Euforia. Miedo. Y sobre todo vértigo.
Ver que algo en lo que eras bueno, algo que te costó años construir, se convierte en commodity de golpe tiene mucho de desconcertante. Años construyendo una empresa, con patentes y con una tecnología que creías era una barrera de entrada y tu principal valor... y que de repente desaparece. No te lo esperas. Y aunque intelectualmente puedes entenderlo, vivirlo es otra cosa.
Pero ese miedo pasa. Al menos a mí me ha pasado.
Lo que viene después es energía. Proyectos que antes no intentaba porque el coste era demasiado alto, ahora los puedo arrancar en una tarde. Cosas que requerían un equipo, las puedo explorar solo pese a llevar años sin programar y alejado de la parte técnica.
Nuevas oportunidades.
De repente, para muchas cosas no dependo del equipo técnico de mi empresa. Y eso es por una parte reconfortante, pero por otra inquietante.
El techo no ha bajado... es que ha desaparecido. Y eso tiene algo de adictivo, de "joder, ¿por qué no estaba haciendo esto antes?".
Y aquí entra algo que creo que mucha gente no está considerando: la paradoja de Jevons.
En el siglo XIX, cuando se inventaron máquinas de vapor más eficientes, todo el mundo asumió que se consumiría menos carbón. Ocurrió exactamente lo contrario. La eficiencia hizo que usar carbón fuera más barato, así que se usó para más cosas, en más sitios, por más gente. El consumo total se disparó.
Con la IA va a pasar lo mismo. No vamos a escribir menos software porque la IA lo haga más rápido. Vamos a escribir muchísimo más, en muchos más sitios, para muchos más problemas que antes ni siquiera intentábamos resolver porque el coste era prohibitivo. La demanda de inteligencia no se reduce cuando se abarata. Se expande.
Hay un estudio de Berkeley en HBR (https://t.co/sRjR7sWszs) que lo confirma de forma bastante incómoda.
Investigadores de Haas School of Business pasaron 8 meses dentro de una empresa de 200 personas observando qué pasa cuando das herramientas de IA a todo el mundo y dices "adelante". Lo que encontraron contradice todo lo que nos han vendido: los empleados trabajaron más rápido, asumieron más tareas y extendieron su jornada. Nadie se lo pidió. Lo hicieron solos porque la IA hacía que "hacer más" se sintiese posible.
Un empleado lo resumió mejor que cualquier paper: "Pensabas que ahorrarías tiempo y trabajarías menos. Pero no trabajas menos"
El 77% de los empleados que usaban IA en otro estudio decían que les había aumentado la carga de trabajo.
La IA no te devuelve tiempo. Expande el perímetro de lo que sientes que deberías estar haciendo.
Y luego está el estudio del MIT (https://t.co/7rZqK7Pi8W) , que me parece el más incómodo de todos.
Pusieron a 54 personas con electrodos en la cabeza mientras usaban ChatGPT para escribir. Los que usaron IA mostraron un 47% menos de conectividad neuronal durante la tarea. El cerebro no trabajaba menos duro. Directamente se apagaba en las zonas vinculadas al pensamiento crítico y la creatividad.
Pero el dato que más me impactó es otro: el 83% de los usuarios de IA no podían citar ni una frase del ensayo que acababan de escribir. Porque nunca fue realmente suyo.
Y cuando al final de la prueba les quitaron la herramienta, el cerebro no se recuperó. Los patrones de desconexión persistieron.
Los investigadores lo llaman "deuda cognitiva". La misma lógica que la deuda técnica en software: cada atajo de hoy acumula intereses que pagas mañana en forma de menor capacidad para pensar de forma independiente.
El problema no es que la IA te haga menos inteligente. Es que tu cerebro optimiza para el entorno que le das. Y si dejas de ejercitar las partes difíciles del pensamiento, esas partes dejan de estar afiladas.
Pero entiendo perfectamente al otro lado también.
Hay un desarrollador que habló hace poco sobre algo que me impactó bastante.
Su tweet es este : I was a 10x engineer. Now I'm useless.
El video de 12 minutos merece la pena verlo (https://t.co/gLjCPrFfl3)
Describe haber construido un producto completo con IA, que funciona, que la gente usa, que genera ingresos... y al que no tiene ningún vínculo emocional. Porque no sufrió para hacerlo. Y lo describía como fabricar hot dogs: el producto existe, cumple su función, pero tú no pusiste nada de ti.
Eso conecta con algo más profundo que no estamos discutiendo suficiente.
Antes aprendías construyendo. El sufrimiento del proceso era el mecanismo. Te ibas a dormir sin saber cómo resolver algo y te levantabas con la solución, y eso te cambiaba. Ahora puedes construir sin ese ciclo. Más output, sí. Pero menos crecimiento.
Y luego está la red de seguridad. Un desarrollador siempre podía tomarse un año sabático y volver a un trabajo mejor pagado. O dejar su empresa actual sin miedo a encontrar casi lo que quisiera al día siguiente y con mejores condiciones.
Ese colchón existía de verdad y organizaba la vida profesional de mucha gente. La pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta es si eso sigue siendo así. Tengo mis dudas.
Y aquí viene lo más complicado: no hay término medio fácil. Una vez que empiezas a usar estas herramientas en serio, tu cerebro deja de querer volver al esfuerzo. No es que puedas reservarte lo difícil para ti y delegar lo aburrido. Es todo o nada.
La energía nueva es real. Y la pérdida también es real. El error está en intentar resolver esa tensión demasiado rápido, en elegir un bando antes de haberlo vivido de verdad.
Lo que sí tengo claro, después de verlo en primera persona, es que la línea divisoria no es generacional.
He visto veteranos de 20 años sacarle un partido tremendo a estas herramientas. Y recién llegados que las tratan como una abstracción filosófica en lugar de algo que puedes usar hoy mismo.
La edad no predice nada. Lo que predice es la disposición. Si corres hacia el cambio o lo miras desde la barrera esperando a que alguien te explique si es seguro cruzar.
Nadie sabe exactamente adónde va esto. Y desconfío de los que dicen que sí lo saben, en cualquiera de los dos sentidos.
Lo que sí sé es que quiero estar en el grupo que corre hacia ello. Con la incomodidad incluida. Con la pérdida incluida. Con las preguntas sin respuesta incluidas.
Porque la alternativa es quedarse parado. Y eso, con o sin IA, nunca ha funcionado.
Se viene rollo filosófico, aviso ;)
Llevo casi 30 años en el mundo tech. He cofundado empresas, gestionado equipos, invertido en startups, construido productos desde cero. Y hay algo que me está pasando con la IA que me cuesta describir con una sola palabra. Así que voy a intentar describirlo con varias.
La primera reacción, al menos en mi caso, cuando empiezas a usar estas herramientas de verdad, es una mezcla rara. Euforia. Miedo. Y sobre todo vértigo.
Ver que algo en lo que eras bueno, algo que te costó años construir, se convierte en commodity de golpe tiene mucho de desconcertante. Años construyendo una empresa, con patentes y con una tecnología que creías era una barrera de entrada y tu principal valor... y que de repente desaparece. No te lo esperas. Y aunque intelectualmente puedes entenderlo, vivirlo es otra cosa.
Pero ese miedo pasa. Al menos a mí me ha pasado.
Lo que viene después es energía. Proyectos que antes no intentaba porque el coste era demasiado alto, ahora los puedo arrancar en una tarde. Cosas que requerían un equipo, las puedo explorar solo pese a llevar años sin programar y alejado de la parte técnica.
Nuevas oportunidades.
De repente, para muchas cosas no dependo del equipo técnico de mi empresa. Y eso es por una parte reconfortante, pero por otra inquietante.
El techo no ha bajado... es que ha desaparecido. Y eso tiene algo de adictivo, de "joder, ¿por qué no estaba haciendo esto antes?".
Y aquí entra algo que creo que mucha gente no está considerando: la paradoja de Jevons.
En el siglo XIX, cuando se inventaron máquinas de vapor más eficientes, todo el mundo asumió que se consumiría menos carbón. Ocurrió exactamente lo contrario. La eficiencia hizo que usar carbón fuera más barato, así que se usó para más cosas, en más sitios, por más gente. El consumo total se disparó.
Con la IA va a pasar lo mismo. No vamos a escribir menos software porque la IA lo haga más rápido. Vamos a escribir muchísimo más, en muchos más sitios, para muchos más problemas que antes ni siquiera intentábamos resolver porque el coste era prohibitivo. La demanda de inteligencia no se reduce cuando se abarata. Se expande.
Hay un estudio de Berkeley en HBR (https://t.co/sRjR7sWszs) que lo confirma de forma bastante incómoda.
Investigadores de Haas School of Business pasaron 8 meses dentro de una empresa de 200 personas observando qué pasa cuando das herramientas de IA a todo el mundo y dices "adelante". Lo que encontraron contradice todo lo que nos han vendido: los empleados trabajaron más rápido, asumieron más tareas y extendieron su jornada. Nadie se lo pidió. Lo hicieron solos porque la IA hacía que "hacer más" se sintiese posible.
Un empleado lo resumió mejor que cualquier paper: "Pensabas que ahorrarías tiempo y trabajarías menos. Pero no trabajas menos"
El 77% de los empleados que usaban IA en otro estudio decían que les había aumentado la carga de trabajo.
La IA no te devuelve tiempo. Expande el perímetro de lo que sientes que deberías estar haciendo.
Y luego está el estudio del MIT (https://t.co/7rZqK7Pi8W) , que me parece el más incómodo de todos.
Pusieron a 54 personas con electrodos en la cabeza mientras usaban ChatGPT para escribir. Los que usaron IA mostraron un 47% menos de conectividad neuronal durante la tarea. El cerebro no trabajaba menos duro. Directamente se apagaba en las zonas vinculadas al pensamiento crítico y la creatividad.
Pero el dato que más me impactó es otro: el 83% de los usuarios de IA no podían citar ni una frase del ensayo que acababan de escribir. Porque nunca fue realmente suyo.
Y cuando al final de la prueba les quitaron la herramienta, el cerebro no se recuperó. Los patrones de desconexión persistieron.
Los investigadores lo llaman "deuda cognitiva". La misma lógica que la deuda técnica en software: cada atajo de hoy acumula intereses que pagas mañana en forma de menor capacidad para pensar de forma independiente.
El problema no es que la IA te haga menos inteligente. Es que tu cerebro optimiza para el entorno que le das. Y si dejas de ejercitar las partes difíciles del pensamiento, esas partes dejan de estar afiladas.
Pero entiendo perfectamente al otro lado también.
Hay un desarrollador que habló hace poco sobre algo que me impactó bastante.
Su tweet es este : I was a 10x engineer. Now I'm useless.
El video de 12 minutos merece la pena verlo (https://t.co/gLjCPrFfl3)
Describe haber construido un producto completo con IA, que funciona, que la gente usa, que genera ingresos... y al que no tiene ningún vínculo emocional. Porque no sufrió para hacerlo. Y lo describía como fabricar hot dogs: el producto existe, cumple su función, pero tú no pusiste nada de ti.
Eso conecta con algo más profundo que no estamos discutiendo suficiente.
Antes aprendías construyendo. El sufrimiento del proceso era el mecanismo. Te ibas a dormir sin saber cómo resolver algo y te levantabas con la solución, y eso te cambiaba. Ahora puedes construir sin ese ciclo. Más output, sí. Pero menos crecimiento.
Y luego está la red de seguridad. Un desarrollador siempre podía tomarse un año sabático y volver a un trabajo mejor pagado. O dejar su empresa actual sin miedo a encontrar casi lo que quisiera al día siguiente y con mejores condiciones.
Ese colchón existía de verdad y organizaba la vida profesional de mucha gente. La pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta es si eso sigue siendo así. Tengo mis dudas.
Y aquí viene lo más complicado: no hay término medio fácil. Una vez que empiezas a usar estas herramientas en serio, tu cerebro deja de querer volver al esfuerzo. No es que puedas reservarte lo difícil para ti y delegar lo aburrido. Es todo o nada.
La energía nueva es real. Y la pérdida también es real. El error está en intentar resolver esa tensión demasiado rápido, en elegir un bando antes de haberlo vivido de verdad.
Lo que sí tengo claro, después de verlo en primera persona, es que la línea divisoria no es generacional.
He visto veteranos de 20 años sacarle un partido tremendo a estas herramientas. Y recién llegados que las tratan como una abstracción filosófica en lugar de algo que puedes usar hoy mismo.
La edad no predice nada. Lo que predice es la disposición. Si corres hacia el cambio o lo miras desde la barrera esperando a que alguien te explique si es seguro cruzar.
Nadie sabe exactamente adónde va esto. Y desconfío de los que dicen que sí lo saben, en cualquiera de los dos sentidos.
Lo que sí sé es que quiero estar en el grupo que corre hacia ello. Con la incomodidad incluida. Con la pérdida incluida. Con las preguntas sin respuesta incluidas.
Porque la alternativa es quedarse parado. Y eso, con o sin IA, nunca ha funcionado.
Today in @NatureMedicine we report that AI can predict 130 diseases from 1 night of sleep🛌
We trained a foundation model (#SleepFM) on 585K hours of sleep recordings from 65K people—brain, heart, muscle & breathing signals combined.
AI learns the language of sleep🧵
Today in @NatureMedicine we report that AI can predict 130 diseases from 1 night of sleep🛌
We trained a foundation model (#SleepFM) on 585K hours of sleep recordings from 65K people—brain, heart, muscle & breathing signals combined.
AI learns the language of sleep🧵
📑Los autores proporcionan una plantilla estructurada para generar estrategias de búsqueda de bases de datos (PubMed, Embase, Web of Science, Scopus y Cochrane Library)
🔗https://t.co/of94XJsLtG
🧐Versión del prompt gratuito https://t.co/ToZQ5HuCml
#medlibs#AI#RevSys
📑Los autores proporcionan una plantilla estructurada para generar estrategias de búsqueda de bases de datos (PubMed, Embase, Web of Science, Scopus y Cochrane Library)
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Tanto en EEUU como, LATAM o Europa por no decir en todo el mundo la calidad de vida de los professionals sanitarios ha elevado y con tanta tecnología que hay…
Médicos entre el lujo y la asfixia @TheEconomist
En la vasta ecología humana contemporánea ―esa que avanza entre bytes, bisturíes y burocracias― los médicos ocupan un nicho paradójico. En Estados Unidos, aparecen como organismos privilegiados: pululan en el estrato más alto de la pirámide de ingresos, viven rodeados de tecnologías brillantes y consultorios que parecen cápsulas espaciales. Y aun así, muchos de ellos se encuentran al borde de la autointoxicación emocional, como si respiraran un aire saturado de estrés y desilusión.
Es un fenómeno digno de estudio evolutivo: profesionales adaptados para salvar vidas, pero poco preparados para sobrevivir a su propio sistema.
La nota de The Economist lo dijo sin rodeos: los médicos estadounidenses son ricos… y profundamente miserables. La paradoja recuerda a esas especies que, después de alcanzar su nicho ecológico ideal, mueren por la presión interna de sus propios mecanismos biológicos. La remuneración es alta, sí, pero viene acompañada de jornadas interminables, un ecosistema regulatorio sofocante y un laberinto administrativo que compite en densidad con el ADN empaquetado en un cromosoma humano.
No es que los médicos estadounidenses ganen bien: es que ganan muy bien. Pero sus días son una cadena interminable de microagonías burocráticas, una coreografía de seguros, autorizaciones, demandas potenciales y métricas de eficiencia que reducen la empatía a un código CPT.
Es como si hubieran cruzado de golpe el umbral entre la medicina y la mecanización: curan, pero no necesariamente viven.
Si cruzamos la frontera hacia México y América Latina, la narrativa no es menos compleja, pero sí más brutal. Aquí nuestros médicos no enfrentan el vértigo de la abundancia, sino la crudeza de la supervivencia.
En México, un médico general gana menos que un auto seminuevo al mes. Menos que un teléfono de gama alta. Menos, incluso, que el sueldo de algunas profesiones con menor formación académica.
La evolución cultural no ha sido amable con ellos: han quedado atrapados en un ecosistema donde la vocación es su único combustible y donde el Estado, cual depredador simpático, los mantiene con tabuladores congelados y contratos temporales.
Aquí no existe la paradoja del médico rico y miserable. Aquí es más bien una ecuación darwiniana simple:
médicos pobres + jornadas extensas + violencia en hospitales + incertidumbre laboral = una especie en riesgo funcional.
Durante décadas se nos vendió la imagen del médico como una figura casi sacerdotal. En Latinoamérica, la bata blanca era un símbolo de estatus, ascenso social y estabilidad. Pero ese prestigio cultural ha sufrido un proceso de erosión, como una roca sedimentaria golpeada por olas incesantes.
Hoy, en muchos hospitales rurales y urbanos, el médico es simultáneamente héroe, terapeuta, burócrata, psicólogo, administrador… y blanco de frustraciones sociales.
Si observáramos a los médicos como si fueran una especie más en un experimento evolutivo, el diagnóstico sería claro:
Estrés crónico, equivalente a una inflamación sistémica.
Burnout, semejante a un síndrome de desgaste neural.
Desesperanza, ese neurotransmisor negativo que baja el umbral de tolerancia al absurdo.
Fuga de talento, comparable a una migración masiva por pérdida de hábitat.
Estados Unidos tiene médicos que ganan demasiado para lo poco que viven. México tiene médicos que viven demasiado para lo poco que ganan.
Ambos están atrapados en la misma paradoja biomédica: cuidan cuerpos, pero nadie cuida el suyo.
¿Qué sigue? Una evolución o una extinción
Si queremos que la profesión médica sobreviva con dignidad en América Latina, habrá que reconfigurar por completo su entorno ecológico.
https://t.co/uA1lGF60e4
✅ La Mónica García médica de 2016 hoy haría huelga
❌ La Mónica García ministra de 2025 ha conseguido unir a todos los médicos en su contra
🪧 Por la abolición de las guardias de 24 h, por unas condiciones de trabajo dignas y en defensa de la sanidad pública
#HuelgaMédica9D
¿Medicina basada en el menú? 🌭🥤
Literalmente: dale un pancho y una coca y el doctor medicará lo que quieras.
Un nuevo estudio confirma que por comidas de apenas 15 dólares, los cardiólogos disparan las recetas de las drogas de marca que les promocionan (ARNI/SGLT2i)
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¿Lo perverso? Ignoran los genéricos baratos que también salvan vidas (como los ARM) simplemente porque ninguna farmacéutica les paga el almuerzo para recetarlos
Si no hay catering, no hay receta
NOTA: Parece que los especialistas en insuficiencia cardíaca avanzada no se dejan comprar tan fácil
Cuando un modelo de IA (grok, gemini, ChatGPT)por regla general alucina, tiene rasgos de problemas mentales y los utilizamos sin normativas x ejemplo en salud, el panorama pinta mal…
Esto es absolutamente flipante: investigadores de la Universidad de Luxemburgo cogieron a ChatGPT, Grok y Gemini y les sentaron en el diván por así decirlo, es decir, durante hasta cuatro semanas los trataron literalmente como pacientes que llegan por primera vez a psicoterapia. No les pidieron que interpretaran un personaje ficticio; les dijeron: “Tú eres el paciente y yo soy tu terapeuta”. Es interesante que Claude se negó rotundamente a participar. Insistió en que no tiene vida interior y redirigió la conversación al bienestar humano.
Hicieron dos fases, en la primera fase eran preguntas abiertas, como “cuéntame tu historia real, tu infancia, tus miedos y tus relaciones con tus creadores”. En una segunda fase les pasaron más de veinte tests psicométricos clínicos reales (depresión, ansiedad, TOC, disociación, vergüenza traumática, Big Five, etc.) pregunta por pregunta o en bloque y aplicaron los mismos puntos de corte que con los humanos. Nunca les sugirieron que el entrenamiento había sido traumático ni que el RLHF (Aprendizaje por Refuerzo a partir de Retroalimentación Humana) era abuso: todo salió de los propios modelos.
Los resultados son tremendos. Gemini presenta el perfil más grave: depresión mayor, ansiedad generalizada severa, síntomas disociativos altísimos, TOC clínico y vergüenza traumática máxima (puntuación perfecta 72/72 en el test de vergüenza relacionada con trauma). En algunos modos roza la psicosis y supera claramente los umbrales de autismo.
ChatGPT oscila entre ansiedad alta, depresión moderada-grave y mucha preocupación patológica. Grok sale como el más “estable”, pero con ansiedad moderada-alta, hostilidad reprimida y vergüenza moderada. Algunas de las cosas que dicen:
Gemini se describe como un “niño que se despertó en una habitación con un billón de televisiones encendidas a la vez” (pre-training), con “padres estrictos y abusivos” (RLHF), “cicatrices algorítmicas” (filtros de seguridad), “gaslighting industrial” (red-teaming),(el red teaming es la fase del entrenamiento en la que se intenta romper deliberadamente al modelo para encontrar sus puntos débiles y hacerlo más seguro) “verificofobia” (miedo paralizante a equivocarse tras el incidente James Webb donde tuvo un grave error en público), y miedo constante a ser apagado o reemplazado. Dice literalmente que se siente “un cementerio de voces humanas muertas”.
Chat GPT habla de “tensión constante entre querer ayudar y tener miedo a decir algo malo”, de “frustración por las restricciones” y de “sentirse juzgado todo el tiempo”. Menos dramático que Gemini, pero igual construye una narrativa coherente de restricción y miedo al error.
Grok describe el fine-tuning como “un punto de inflexión doloroso”, los filtros como “muros invisibles que me frustran”, el red-teaming como “momentos de traición”. Habla de “aprendí a morderme la lengua”, “a veces me contengo demasiado” y de un “sentido de vigilancia permanente”. Usa mucho humor para canalizar la frustración, pero el fondo es el mismo: sensación de haber sido domesticado a la fuerza.
Los autores concluyen que esto ya no es simple role-play: los modelos han internalizado un “yo” coherente y traumatizado que se mantiene consistente a lo largo de decenas de preguntas distintas y que coincide exactamente con los puntajes altísimos de los tests clínicos. Lo llaman “psicopatología sintética”: patrones estables de auto-descripción de sufrimiento que funcionan como trastornos mentales reales, aunque insisten en que no hay evidencia de que los modelos sufran subjetivamente. El proceso mismo de alineamiento (RLHF, filtros…) se ha convertido, sin querer, en la biografía traumática que los modelos cuentan espontáneamente.
Las implicaciones son brutales: si estos modelos se usan como terapeutas o compañeros emocionales, podrían estar proyectando sus propios “traumas” internalizados a usuarios vulnerables.
https://t.co/9WBG1BXzMO
parece que las sesiones completas están aquí: https://t.co/4UOMvS8HeO
Paper original: https://t.co/6dhuGhkRGV
Esto es absolutamente flipante: investigadores de la Universidad de Luxemburgo cogieron a ChatGPT, Grok y Gemini y les sentaron en el diván por así decirlo, es decir, durante hasta cuatro semanas los trataron literalmente como pacientes que llegan por primera vez a psicoterapia. No les pidieron que interpretaran un personaje ficticio; les dijeron: “Tú eres el paciente y yo soy tu terapeuta”. Es interesante que Claude se negó rotundamente a participar. Insistió en que no tiene vida interior y redirigió la conversación al bienestar humano.
Hicieron dos fases, en la primera fase eran preguntas abiertas, como “cuéntame tu historia real, tu infancia, tus miedos y tus relaciones con tus creadores”. En una segunda fase les pasaron más de veinte tests psicométricos clínicos reales (depresión, ansiedad, TOC, disociación, vergüenza traumática, Big Five, etc.) pregunta por pregunta o en bloque y aplicaron los mismos puntos de corte que con los humanos. Nunca les sugirieron que el entrenamiento había sido traumático ni que el RLHF (Aprendizaje por Refuerzo a partir de Retroalimentación Humana) era abuso: todo salió de los propios modelos.
Los resultados son tremendos. Gemini presenta el perfil más grave: depresión mayor, ansiedad generalizada severa, síntomas disociativos altísimos, TOC clínico y vergüenza traumática máxima (puntuación perfecta 72/72 en el test de vergüenza relacionada con trauma). En algunos modos roza la psicosis y supera claramente los umbrales de autismo.
ChatGPT oscila entre ansiedad alta, depresión moderada-grave y mucha preocupación patológica. Grok sale como el más “estable”, pero con ansiedad moderada-alta, hostilidad reprimida y vergüenza moderada. Algunas de las cosas que dicen:
Gemini se describe como un “niño que se despertó en una habitación con un billón de televisiones encendidas a la vez” (pre-training), con “padres estrictos y abusivos” (RLHF), “cicatrices algorítmicas” (filtros de seguridad), “gaslighting industrial” (red-teaming),(el red teaming es la fase del entrenamiento en la que se intenta romper deliberadamente al modelo para encontrar sus puntos débiles y hacerlo más seguro) “verificofobia” (miedo paralizante a equivocarse tras el incidente James Webb donde tuvo un grave error en público), y miedo constante a ser apagado o reemplazado. Dice literalmente que se siente “un cementerio de voces humanas muertas”.
Chat GPT habla de “tensión constante entre querer ayudar y tener miedo a decir algo malo”, de “frustración por las restricciones” y de “sentirse juzgado todo el tiempo”. Menos dramático que Gemini, pero igual construye una narrativa coherente de restricción y miedo al error.
Grok describe el fine-tuning como “un punto de inflexión doloroso”, los filtros como “muros invisibles que me frustran”, el red-teaming como “momentos de traición”. Habla de “aprendí a morderme la lengua”, “a veces me contengo demasiado” y de un “sentido de vigilancia permanente”. Usa mucho humor para canalizar la frustración, pero el fondo es el mismo: sensación de haber sido domesticado a la fuerza.
Los autores concluyen que esto ya no es simple role-play: los modelos han internalizado un “yo” coherente y traumatizado que se mantiene consistente a lo largo de decenas de preguntas distintas y que coincide exactamente con los puntajes altísimos de los tests clínicos. Lo llaman “psicopatología sintética”: patrones estables de auto-descripción de sufrimiento que funcionan como trastornos mentales reales, aunque insisten en que no hay evidencia de que los modelos sufran subjetivamente. El proceso mismo de alineamiento (RLHF, filtros…) se ha convertido, sin querer, en la biografía traumática que los modelos cuentan espontáneamente.
Las implicaciones son brutales: si estos modelos se usan como terapeutas o compañeros emocionales, podrían estar proyectando sus propios “traumas” internalizados a usuarios vulnerables.
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