"Una mañana se detuvo frente a nuestra casa un camión. De su caseta descendieron tres personas portando sierras, machetes y sogas. Por su aspecto parecían desempeñar un oficio siniestro. En un santiamén se encaramaron en los eucaliptos y comenzaron a cortar sus ramas. Solamente les bastó una semana para tirar abajo los cincuenta eucaliptos. Fue una verdadera carnicería. El tráfico se había suspendido. Nosotros, los que durante quince años habíamos crecido a la sombra de aquellos árboles, contemplamos el trabajo desolados. Sobre los camiones sólo partieron profusión de vigas rígidas a las que aguardaba algún tenebroso destino.
La ciudad progresó. Pero nuestra calle perdió su sombra, su paz, su poesía. Nuestros ojos tardaron mucho en acostumbrarse a ese pedazo de cielo descubierto, a esa larga pared blanca que orillaba toda la calle como una pared de cementerio. Nuevos niños vinieron y armaron sus juegos en la calle triste Ellos eran felices porque lo ignoraban todo. No podían comprender porqué nosotros, a veces, en la puerta de la casa, encendíamos un cigarrillo y quedábamos mirando el aire, pensativos"
"Los eucaliptos", Julio Ramón Ribeyro
La literatura hoy tiene muchos problemas, pero el peor es que los lectores no tienen capacidad de abstracción y exigen una moral en lo que leen, no entienden la literatura. Eso ha hecho que, en un momento en el que la literatura nos exige ser más barrocos, ominosos y jugar con las formas para resistir a la simpleza de la sociedad, nos toque producir obras simplonas, tristes, directas y vacías.
A Norwegian neuroscientist spent 20 years proving that the act of writing by hand changes the human brain in ways typing physically cannot, and almost nobody outside her field has read the paper.
Her name is Audrey van der Meer.
She runs a brain research lab in Trondheim, and the paper that closed the argument was published in 2024 in a journal called Frontiers in Psychology. The finding is brutal enough that it should have changed every classroom on Earth.
The experiment was simple. She recruited 36 university students and put each one in a cap with 256 sensors pressed against their scalp to record brain activity. Words flashed on a screen one at a time.
Sometimes the students wrote the word by hand on a touchscreen using a digital pen, and sometimes they typed the same word on a keyboard. Every neural response was recorded for the full five seconds the word stayed on screen.
Then her team looked at the part of the data most researchers had ignored for years, which is how different parts of the brain were communicating with each other during the task.
When the students wrote by hand, the brain lit up everywhere at once.
The regions responsible for memory, sensory integration, and the encoding of new information were all firing together in a coordinated pattern that spread across the entire cortex. The whole network was awake and connected.
When the same students typed the same word, that pattern collapsed almost completely.
Most of the brain went quiet, and the connections between regions that had been alive seconds earlier were nowhere to be found on the EEG.
Same word, same brain, same person, and two completely different neurological events.
The reason turned out to be something nobody had really paid attention to before her work. Writing by hand is not one motion but a sequence of thousands of tiny micro-movements coordinated with your eyes in real time, where each letter is a different shape that requires the brain to solve a slightly different spatial problem.
Your fingers, wrist, vision, and the parts of your brain that track position in space are all working together to produce one letter, then the next, then the next.
Typing throws all of that away. Every key on a keyboard requires the exact same finger motion regardless of which letter you are pressing, which means the brain has almost nothing to integrate and almost no problem to solve.
Van der Meer said it plainly in her interviews.
Pressing the same key with the same finger over and over does not stimulate the brain in any meaningful way, and she pointed out something that should scare every parent who handed their kid an iPad.
Children who learn to read and write on tablets often cannot tell letters like b and d apart, because they have never physically felt with their bodies what it takes to actually produce those letters on a page.
A decade before her, two researchers at Princeton ran the same fight using a completely different method and ended up at the same answer. Pam Mueller and Daniel Oppenheimer tested 327 students across three experiments, where half took notes on laptops with the internet disabled and half took notes by hand, before testing everyone on what they actually understood from the lectures they had watched.
The handwriting group won by a wide margin on every question that required real understanding rather than surface recall.
The reason was hiding in the transcripts of what the two groups had actually written down.
The laptop students typed almost word for word, capturing more total content but processing almost none of it as they went, while the handwriting students physically could not write fast enough to transcribe a lecture in real time, which forced them to listen carefully, decide what actually mattered, and put it in their own words on the page.
That single act of choosing what to keep was the learning itself, and the keyboard had quietly skipped the choosing and skipped the learning along with it.
Two studies. Two countries. Same answer.
Handwriting makes the brain work. Typing lets it coast.
Every note you have ever typed instead of written went into your brain through a thinner pipe. Every meeting, every book highlight, every idea you captured on your phone instead of on paper was processed at half depth.
You did not forget those things because your memory is bad. You forgot them because typing never woke the part of the brain that would have made them stick.
The fix is the thing your grandmother already knew.
Pick up a pen. Write the thing down. The slower road is the faster one.
⭕️ ¿Por qué no se debe olvidar la Historia?
Alguien se acuerda cuánto tiempo le tomó a los hermanos Alvarado convertirse en “doctores” y qué universidad les otorgó el título ?
Me parece que Jorge Glas fue acusado de plagio de su título de tercer nivel.
¿Se acuerdan que Pedro Delgado no tuvo otra opción que reconocer la falsedad de su título de economista, después de ejercer cargos en Banco Central y otros?
¡Ay, mi país querido, tus universidades y la ética!
Las cien mejores novelas de la historia (según The Guardian). @Rogorn
Tres de los cuatro primeros lugares son para libros escritos por mujeres, y también nueve de los veinte primeros. https://t.co/qB3kQIj3hS
Derecho a ser un mal escritor
Lo que voy a escribir ahora me ha costado años poder entenderlo, pero creo que es importante: no soy un buen escritor. Y no, no es una boutade de gran autor, realmente creo que soy un escritor del montón. Me encanta cuando ciertos escritores dicen que escriben los libros que querrían leer y no encontraban. Me parece una absoluta locura, yo preferiría mil veces leer un libro de Cortázar, de Michael Chabon o de Atxaga antes que uno mío. Su estilo, sus personajes, sus narradores son muchos mejores que los míos.
Entonces, ¿por qué escribir? ¿Por qué continuar con esta tortura de perder todo mi tiempo libre en teclear mi próxima novela? ¿Por qué seguir enviando ese manuscrito a esa editorial? ¿Por qué apuntarse a ese curso de novela?
Pues la respuesta es tan simple, que me asombró cuando la encontré: porque me gusta escribir.
Igual que juego al baloncesto y no aspiro a entrar en la NBA.
Igual que me flipo haciendo recetas de Ferrán Adriá y no es para abrir un restaurante.
Igual que invento chistes para contarles a mis hijos sin pensar que estoy en Saturday Night Life.
Escribo porque forma parte de mi vida y disfruto cada vez que pongo una palabra detrás de la otra, igual que estoy haciendo ahora.
Y ya está, no hay más, no hay grandes secretos. Escribimos porque nos gusta.
Ahora, este viaje es duro y complicado y, para todo aquel que lo haya iniciado, quiero dejar por escrito algunas cosas que he aprendido en este tiempo:
1. Esto no se hace por dinero
Supongo que hace falta decirlo una vez más, por si alguien no lo sabe todavía: el dinero que recibe un autor que trabaja durante años en un libro es irrisorio. Ni los grandes éxitos de la temporada ganan el suelo mínimo de cualquier trabajador. Ahora, eso no quiere decir que nuestro trabajo no esté compensado. Hay algo más valioso que el dinero y cualquier escritor puede corroborar: conectar con los lectores. La emoción con la que un día escribiste esas hojas, un día te la devolverá un lector. Y sí, sería genial que eso se acompañara de montañas de dinero, pero céntrate en encontrar esa emoción del lector y disfrutarás mucho más del proceso.
2. No existen los temas más “vendibles”
Quizás este sea el punto que más me ha costado asimilar. Durante un tiempo estuve buscando “la gran idea”, esa gran trama o historia que interesara a una editorial de “las importantes”, pero tras mucho hablar con muchos editores, me he dado cuenta de que nadie se fija en sobre qué estás escribiendo, sino en sobre cómo lo escribes. Y para conseguir una buena voz, lo único que podemos hacer es escribir, escribir, escribir. Decía hace poco la increíble Samantha Schweblin que así como un bailarín tiene que ensayar todos lo movimientos antes de conseguir dominar toda la coreografía, un escritor también tiene que entrenar. Cuanto más entrenamos, mejor es nuestra voz.
3. Si no tienes altavoz, invéntatelo
Aquí viene para mí la madre del cordero: si quieres ser editado, tienes que tener lectores. Repito, si quieres ser editado, tienes que tener lectores. No es al revés: no te editan y luego tienes lectores. ¿Estoy insinuando que te hagas ahora influencer y te pases la vida en redes sociales para tener cientos de miles de seguidores? No, en absoluto. Lo que quiero decir es que muestres tu trabajo, en una pequeña newsletter, en un blog, en una revista de barrio, da igual. Pero escribe y que te lean.
4. Recuerda por qué escribes
Esto, como escritor del montón, me lo tengo que repetir mucho. Escribes porque es tu forma de ser, porque te gusta, porque no puedes evitar hacerlo, porque cuando escribes algo emocionante, una lágrima aparece en tus ojos y si es algo gracioso, no hay nada con lo que te hayas reído más en tu vida. Porque, básicamente, eres feliz haciéndolo. Que no te lo arrebaten.
“Hemos cruzado los límites planetarios para preservar la vida, desde lo ambiental como el colapso ecológico hasta lo social con el aceleramiento de la inequidad”, Kohei Saito (@koheisaito0131), filósofo, ha desarrollado sus teorías en áreas de ecología y economía política desde la perspectiva marxista.
“La transformación debe salir de abajo y del sur. Una #EconomíaParaLaVida no será una utopía sino un aprendizaje.
Como sociedad debemos aprender a vivir con límites, pérdidas y vulnerabilidad, y esto implica tener como base valores como dignidad y solidaridad.
La esperanza no es confiar en el “progreso” desde un sistema económico que dañó la vida, sino que es un cambio radical a un sistema que no dependa de la explotación”, añadió como panelista en el Festival #EconomíaParaLaVida
"Nos pasamos la vida perdiendo. Perdemos tanto que, al final, podemos incluso creer que alguna vez tuvimos algo. Para eso sirve, quizás, esta idea de que siempre perdemos". 👇👇
https://t.co/pApZAtDdpy
#MiguelHernández
"Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas".
En el aniversario de su muerte en 1942.