Y yo a veces no dimensiono tu amor, porque un amor infinito en este mundo parece tan imposible, cuanto podrías amarme tu Señor, cuando a veces no se como corresponderte, y a pesar de mis múltiples intentos por escaparme de ti, tu amor jamás deja de abrazarme el corazón.
Y yo a veces lloro, porque te amo tanto cuando veo que me amas aun por encima de mis defectos y no te cansas de esperarme, aun en mis días más complicados.
Somos como una obra en construcción; necesitamos constantemente mantenimiento y, a veces, cuando arreglamos una parte de nosotros y nos concentramos ahí, sin darnos cuenta se desordena en otro lado.
Pero para elegir, analiza no solo lo que deseas o quieres, sino lo que te da paz y le hace bien a tu alma, porque Dios ya te ha dado la inteligencia para descubrir lo que trae bien a tu vida. Quizá solo hace falta un poco de valor para actuar.
Nada de lo que entregues por amar a Dios quedará lejos de su amor, Él nunca se deja ganar en generosidad.
No merezco nada, y aún asi, Dios no sabe dar poco.
No me siento merecedora de nada, pero aún asi la bondad de Dios es grande.
Muchas veces mis limitaciones me apartan de su amor, y de cualquier manera él nunca deja de buscar mi corazón.
Las veces que te negaste a ti por amor a él, o inclusive las veces que le dijiste adiós a algo que amabas por elegir el cielo son la cantidad de veces que él te pondrá en el camino la bendición adecuada para llenar en tu corazón lo huecos vacíos que han dejado esos momentos.