El mantra con Valencia es que no tenían plan B. Que el baloncesto de playoffs no se puede jugar así.
Y no es que no haya plan B, es que no hay atajos.
Es una oda a la responsabilidad individual, para defender y respetar los espacios. Una atención al detalle altísima, que exige un rigor y una concentración que te vacía y agota.
El secreto de verdad es que no hay trucos. Trabajo, solidaridad, genio e identidad. Gracias por una propuesta diáfana, honesta y llena de detalles.
Al camino recto, por el más torcido.
El pedazo de adelantamiento a Hadjar, ni una sola repetición. Una radio de Alonso enfadado tras 9 segundos de parada, sale enseguida.
Lo de la realización es un canteo. Todo en contra.