‼️Je ne suis pas ukrainienne 🇺🇦, mais je ne pardonnerai jamais ce que Poutine et les Russes ordinaires infligent à l’Ukraine.
C’est tout simplement inacceptable pour moi… et pour le monde libre tout entier.
💔 I’m not Ukrainian🇺🇦, but I will never forgive what Putin and ordinary Russians are doing to Ukraine.
This is completely unacceptable — to me, and to the entire free world. Slava Ukraini ✊💙💛 #StandWithUkraine
de entender las consecuencias de tus acciones como afectaron a tu familia, eso me dice que no solo actúas por seguir religiosamente un dogma político, sino que hay compasión en tu actuar. Bien por vos. De paso dámele saludes a mi compañero de clases en La Salle, Miguel Ernesto.
Hola @anavijil , miré tu testimonio sobre tu aislamiento que sufriste en prisión, que relataste en el canal de @Mmendoza1970 , me pareció desgarrador lo que tuviste que pasar, teniendo a tu mamá enferma. Me pareció muy ejemplar de tu parte que hayas tenido la empatía+
Le hallas fallas a su lógica? @ProgresistaNica . Voy a parafrasearte, vos decís que es importante el ácido fólico. Yo digo que es importante el estudio. Solo quiso llegar hasta octavo grado, porque estudiar no era su "fuerte".
@JuanSanchezVi14@ProgresistaNica Uds. los progres, apelan siempre a un estado utópico perfecto, cuando en la realidad eso es casi imposible, lo más parecido al mejor estado del bienestar son los países nórdicos. Trabajemos en eso.
Tengo 58 años.
He vivido el fin de Franco. dos Reyes, cuatro Papas, la caida del Muro de Berlín, los mayores atentados en Europa y en USA, tres crisis económicas brutales y una pandemia trágica, la Dana, pero lo q nunca he visto ha sido a la izquierda creando riqueza y bienestar.
#PRESOPOLÍTICO | El empresario Santos Ariel Rodríguez, de 46 años, originario de Jalapa, Nueva Segovia, es uno de los nueve presos políticos que la dictadura mantiene en desaparición forzada.
Era uno de los reos de conciencia de la dictadura Ortega-Murillo que había pasado desapercibido, hasta que hace unos días el Colectivo Nicaragua Nunca Más, lo incluyó en la lista de nicaragüenses que están en las mazmorras del régimen.
Rodríguez fue secuestrado el 29 de junio de 2024, cuando agentes de la policía sandinista lo bajaron de su camioneta en el municipio de Mozonte, mientras se dirigía a Ocotal. Desde ese día, su familia no volvió a saber nada de él. Solo pudieron confirmar que fue llevado a la Estación 3 de la Policía en Managua. Después de eso, las autoridades no volvieron a brindar información sobre su situación.
Tras casi dos años de su desaparición, la dictadura no ha revelado de qué se le acusa ni si fue condenado. La única sospecha es que el régimen lo secuestró debido a su participación en las marchas de 2018. Mientras tanto, su familia vive con la angustia de desconocer su paradero.
@ProgresistaNica Malabarismo de respuesta, la pregunta es clara, un país que haya hecho riqueza con un socialismo como Cuba, Venezuela o la China de antes de Deng Xiaoping.
If Satan has a residence on Earth, it is in Russia: the story of former Kherson mayor Volodymyr Mykolayenko, who survived Russian captivity.
After seeing Russia from the inside, he described it as a moral void, completely incompatible with Ukraine.
In captivity, he survived purely through willpower—holding on by sheer determination. When he finally returned home on August 24, 2025, it felt as though he had grown wings.
What struck him most was the way Ukrainians welcomed the released prisoners. From the Belarusian border all the way to Chernihiv, crowds stood along the roads waving Ukrainian flags. For the first time in a long while, he felt genuine respect and love.
Mykolayenko neither hid nor fled, even though he had the opportunity. He joined the Territorial Defense Forces because he asked himself a simple question: who else would protect his family?
He was given an assault rifle, but quickly realized that rifles alone cannot stop tanks.
The Russians lured him to a meeting under false pretenses, threw him into a car trunk, and took him away.
In captivity, he was beaten almost daily and suffered a broken rib. The occupiers offered him the position of head of the occupation administration, but he refused.
They demanded that he publicly condemn Roman Shukhevych, yet Mykolayenko instead called him a Hero of Ukraine.
Later, he was transferred between detention facilities—first to occupied Crimea, then to Russia’s Voronezh region, where the beatings became even more severe.
He never received a single letter from his family. He even refused prisoner exchanges, insisting that wounded young soldiers should be released in his place.
In his view, this war did not happen because of abstract mistakes. It happened because of geography and irresponsibility.
Russians chose Putin twenty-five years ago, and many continue to support him today. At the same time, too many members of Ukraine’s elite behave as if they have a “backup country”—Paris, Prague, New York—places they can escape to while blaming the people who were left behind.
But most Ukrainians have no alternative. There is no second homeland. There is only Ukraine.
According to Mykolayenko, the true strength of the country lies in its people—those who have survived occupation, torture, and loss, yet continue to fight.
Victory rests on two pillars: the soldiers who destroy the occupiers every day, and the civilians who do everything they can each day to ensure that the army can keep fighting.
He himself endured for the sake of his family and his faith in victory. He is proud of his daughter, who has been fighting since the first day of the war, and hopes that his grandchildren will one day be proud of both him and their country.
In 1979, the mullahs tortured the Shah's favourite horse to death.
The horse, Azar, was paraded in the streets. They broke his legs, cut his tongue out, and then shot him in the head in front of a large crowd.
Iran is occupied by demons from hell.
A Abelardo no le creen su conversión al cristianismo desde hace 5 años... pero al heredero de las FARC sí hay que creerle que se bajó de una Constituyente en apenas 48 horas.
El autogol de Cepeda.
Algún día, cuando se escriba el manual de lo que jamás debe hacerse en una campaña presidencial, la cruzada de Iván Cepeda contra la camiseta de la Selección Colombia tendrá capítulo propio, y no tanto por malvada sino por torpe. En plena segunda vuelta, a puertas de un Mundial, su campaña miró a Abelardo de la Espriella vestido de amarillo y creyó ver una oportunidad para denunciar oportunismo. Pero lo que hizo fue tomar el símbolo más emocional y transversal del país y entregárselo en bandeja de plata a su rival.
El error viola la primera regla de la guerra simbólica: no se prohíbe lo que no se puede controlar. La camiseta está en las calles, en los bares, en las vallas publicitarias y en las fotos familiares. Estamos en temporada de Mundial y medio país anda de amarillo sin que eso signifique adhesión a nadie.
Ahí se produjo algo más poderoso que el simple efecto Streisand. Primero, prohibir la camiseta la volvió más visible y deseable. Segundo, miles de personas inundaron las redes con la camiseta puesta como muestra de apoyo a Abelardo, pero también por rebeldía, porque a nadie le gusta que le digan cómo se puede vestir. Y tercero, lo más grave: desde que Cepeda la convirtió en campo de batalla, cada colombiano de amarillo empezó a parecer abelardista, aunque no lo fuera. Una valla publicitaria, un niño con la diez de James, una señora yendo a votar de amarillo, todo quedó teñido de un color político que nadie eligió. Cepeda quiso quitarle la camiseta a Abelardo y terminó haciendo parecer abelardista a medio país. Ninguna campaña compra semejante omnipresencia, y él se la regaló gratis.
Esa reacción no fue casual. El problema de fondo fue una mala lectura del símbolo. La campaña de Cepeda trató la camiseta como si fuera una pieza de propaganda, cuando para millones de colombianos es una emoción compartida. La camiseta remite al fútbol, al Mundial, a la familia reunida frente al televisor, al orgullo nacional y a una forma simple de pertenecer a algo común en un país fracturado. Judicializarla en ese contexto no parecía una defensa de la neutralidad, sino un regaño contra la gente que quiere ponerse la camiseta de Colombia.
Por eso la reacción fue tan inmediata. A la gente le gusta “la Sele”, le gusta vestirse de amarillo y le molesta que una campaña pretenda administrar ese símbolo. Además, en un país donde la camiseta ha sido usada una y otra vez por políticos de distintos sectores, prohibírsela a un solo movimiento difícilmente se lee como equilibrio institucional. Suena más a persecución.
La prohibición, además, abre absurdos imposibles de explicar. ¿Quién es “miembro” del movimiento de Abelardo, y cómo se prueba, con un carné, con un trino? Si un jugador de la Selección simpatiza con él, ¿debe abstenerse de vestirla en el Mundial? Esa clase de orden no pacifica nada, sino que ridiculiza a la autoridad, y el beneficiario natural es quien puede presentarse como víctima del exceso. Por eso resultó tan revelador que Cepeda celebrara el fallo en redes, celebrando en público la medida que más daño le hacía a su propia candidatura.
Las campañas torpes pierden por falta de inteligencia, pero sobre todo por falta de intuición popular. Ven una infracción donde la gente ve una emoción. Ven un símbolo contaminado solo porque no lo controlan. Cepeda quiso impedir que Abelardo se apropiara de la camiseta y terminó haciendo exactamente eso. Le fabricó una causa, le regaló una bandera y le puso al país entero el uniforme de su campaña.
@CubaOrtografia Estoy absolutamente de acuerdo en la proscripción total de la ideología comunista, y además agregaría que debe haber una eliminación del ejército. Solo debe quedar una policía totalmente reformada.
Por qué fracasó la campaña de Cepeda.
Cepeda va a perder la segunda vuelta. La última encuesta de Atlas confirma la ventaja de Abelardo, pero eso no es lo más grave para él. Las segundas vueltas existen precisamente porque una elección puede cambiar. El problema es que después del golpe de la primera vuelta, Cepeda no solo no corrigió, sino que profundizó en sus errores.
Hace un par de meses, cuando Mamdani ganó en Nueva York, pensé que Cepeda iba a copiar esa campaña. No me gusta Mamdani, pero hay que reconocer que su campaña fue muy buena: colores vivos, tipografías con personalidad, referencias a Nueva York, a Bollywood y a la cultura callejera. Además, una máquina digital que inundó las redes con clips de diez segundos y una capa social que volvió cool apoyarlo. El fenómeno “Hot Girls for Zohran” era absurdo, divertido y eficaz: convertía a un socialista radical en marca cultural, le quitaba solemnidad y miedo, lo sacaba del panfleto y lo metía en el feed.
Cepeda tuvo la oportunidad de hacer algo parecido. Pudo dejar de parecer una amenaza y empezar a parecer una persona. Podía humanizarse, volverse menos rígido, menos solemne, menos amargado. Pudo aparecer riéndose, improvisando, hablando de fútbol, comida, familia, música, cualquier cosa que lo sacara del libreto ideológico. Pudo venderse como una especie de Shrek (un monstruo con su corazoncito), pero dejó pasar la oportunidad.
Cepeda siguió siendo Cepeda. La misma cara larga. La misma mala vibra. El mismo tono de sermón. La misma campaña aburrida. La misma estética de poster universitario de bajo presupuesto. Sus piezas gráficas parecían comunicados sindicales diseñados con WordArt de los 90: letras de colores, fondos blancos, diseño plano, cero emoción, cero identidad. Y eso importa porque una campaña fea transmite desorden, vejez, burocracia y, sobre todo, incapacidad. Incapacidad de armar los mejores equipos y de estar a la altura de los tiempos.
Además, se quedó en la plaza pública cuando la campaña estaba ocurriendo en el celular. Siguió hablándole a los convencidos, como si su tarea fuera mantener encendida la mística petrista, y no salir a buscar votos donde no los tenía. No fue a incomodarse. No conquistó audiencias nuevas. No entró a formatos populares. No entendió que un podcast, un stream o un clip viral pueden mover más gente que diez discursos leídos en tarima.
Otro error fue creer que ya era presidente. Actuó con aire de coronación y no de campaña. La primera vuelta lo despertó de golpe, y en lugar de reorganizarse, entró en pánico y en furia. La controversia por la camiseta de la Selección Colombia fue el ejemplo perfecto. En un país emocionado por el mundial, salir a regañar a quienes se ponen la camiseta era regalarle a Abelardo el contraste ideal: Abelardo feliz, sonriente, de amarillo. Cepeda molesto, solemne, señalando con el dedo.
Despreciar a Westcol fue igual de torpe. Puede gustar o no gustar, pero su comunidad es una plaza pública digital. Es el streamer más grande de Colombia. Cepeda necesitaba entrar a ese audiencia, no despreciarla. Necesitaba hablarles a esos jóvenes, no confirmarles que la izquierda los mira por encima del hombro.
También le faltó transmitir tranquilidad institucional. La propuesta de la constituyente, el tono amenazante después de la primera vuelta, no reconocer el resultado electoral y una fórmula vicepresidencial que no ampliaba hacia el centro reforzaron el mismo miedo. Cepeda nunca logró demostrarle al país que sus temores eran infundados.
En teoría, Cepeda todavía podría remontar. Pero remontar exige una virtud que él no ha mostrado: capacidad de adaptación. Cepeda no parece un candidato dispuesto a escuchar, corregir, ceder, modularse o cambiar de rumbo. Es un político dogmático, tozudo, intransigente, rígido y encerrado en sus certezas. Y una campaña así difícilmente cambia. Por eso Cepeda no va a cambiar. Y por eso no va a ganar. Afortunadamente.
@DirkBlumenfeld Este es un tema súper tabú para cualquier medio "independiente" o para los opinadores profesionales de la oposición, porque causa "división" y/o ensucia la causa de Abril. Pero hay que investigar todo, incluso los degeneres sexuales que armaban altos dirigentes de la +