Ojalá os toquen una familia, una pareja o unos amigos que os cuiden y os aprecien, que os hagan sentir escuchados y que estén ahí cuando lo necesitéis. Esas cosas no las puede comprar el dinero.
@CatalinaPinedaD Creí que solo a mi me pasaba, en lo personal tengo varias semanas que no siento la misma emoción que antes, no se si sera el arco o que.
Buen día
Con base en el comunicado que realizaron @AESElSalvador quiero realizar un reclamo en relación al valor de la factura del mes pasado, considerando que se han utilizado los equipos en mi casa con la misma frecuencia cada mes, por favor su ayuda con el caso.
Cualquier hombre que intente ser amable TODO el tiempo termina yendo a la ruina entre la gran cantidad de hombres que no lo son.
Lo dijo Nicolás Maquiavelo en El Príncipe (capítulo XV, básicamente): un príncipe que quiere mantener su autoridad debe aprender a no ser bueno y usar ese conocimiento (o no usarlo) según lo exija la necesidad. Porque si te empeñas en ser el “bueno” perpetuo en un mundo lleno de lobos, te comen vivo. No es cinismo puro, es realismo crudo: la gente recuerda el daño mucho más que el favor, y la bondad sin límites invita a la explotación.
No tienes que ser bueno toda la vida, para nada. Acuérdate siempre de esto: cuando soy bueno, soy bueno… pero cuando soy malo, soy mejor.
Piénsalo bien:
- ¿Cuántas veces has cedido, perdonado rápido, entendido “por el bien de la paz” y al final te quedaste con la carga emocional, el tiempo perdido y cero reciprocidad?
- Ese “ser siempre amable” que te vendieron como virtud muchas veces es solo una forma de evitar conflictos… que termina en resentimiento tuyo y en que los demás te ven como el que siempre da el brazo a torcer.
- Amor propio real no es ser un santo 24/7; es saber cuándo activar el modo “no me jodas más” sin culpa. Porque tu paz, tu tiempo, tu energía valen oro y no se regalan a cualquiera.
Maquiavelo no te dice que seas un HDP todo el tiempo. Te dice: equilibra. Sé bueno cuando suma, sé “malo” (firme, estratégico, implacable) cuando protege lo tuyo. El que no aprende eso termina arruinado emocional, mental y hasta económicamente.
Así que la próxima vez que sientas que estás a punto de ser “demasiado bueno” otra vez, párate, respira y pregúntate: ¿esto me fortalece o me debilita? Si es lo segundo, activa el switch. Sé mejor cuando toque.
Hay una parte de ti que lo vio todo desde el principio. Las incoherencias. Los silencios extraños. Las promesas que no encajaban con los actos. Tu intuición habló… pero tu deseo habló más fuerte.
Y elegiste creer.
No por ingenuidad. Sino por hambre. Hambre de amor, de reconocimiento, de pertenencia. A veces no negamos la verdad porque no la veamos, sino porque verla implicaría perder aquello que tanto necesitábamos que fuera real.
Desde lo profundo del inconsciente, esto no es simple autoengaño. Es conflicto entre el instinto y la herida. La intuición pertenece al sí-mismo, pero la herida pertenece a la historia. Y cuando la herida tiene más fuerza, distorsiona lo que el alma percibe con claridad.
El síntoma no es el dolor por lo que ocurrió. Es la culpa posterior. Esa voz interna que dice: “Lo sabías… ¿por qué no te fuiste?”. Pero esa pregunta ignora algo esencial: en ese momento, necesitabas creer más de lo que necesitabas protegerte.
Individuarse es dejar de castigarte por haber amado desde tu carencia. Es reconocer que tu error no fue confiar… sino hacerlo desde una herida no reconocida.
Cuando integras esto, algo cambia profundamente: ya no buscas culpables. Buscas conciencia.
Y entonces, la próxima vez que tu intuición susurre…
no la silenciarás para no perder.
La escucharás para no perderte.